Por fin… Bangkok

9FEB2016

Sí…  por fin. Esta vez se nos hizo largo largo… Conjeturas: tres horas de demora de salida del vuelo (con la tormenta del aterrizaje el domingo a la tardecita, un rayo dio en el avión, así que hubo que mandarlo a hangar para revisión), los múltiples factores de estrés previo a la partida (que nos hizo dudar de la propia realización del viaje) y, claro, ¡la edad! No hay duda que se empieza a sentir.

En total, fueron casi 24 horas de vuelo efectivo, más las demoras, la escala en Río de Janeiro, la conexión a las corridas en Dubai (¡llegamos!)… De hecho, salimos el domingo 7 a la 1.30pm de Rosario y aterrizamos en Bangkok el martes 9, a las 12.45pm local (10 horas «para adelante» aquí).

Es gracioso que varios pasajeros del vuelo coincidiéramos en que habíamos «quemado» a Emirates… «Tanta buena fama que le hacía…» «Tanto ponderar la compañía…». Ya aterrizando en destino, uno de los «azafatos» nos dijo que en todo su tiempo trabajando era la primera vez que le ocurría algo así (tuvo que esperar por la demora para sumarse en Río). Más allá de eso, los vuelos estuvieron fantásticos, disfrutamos de nuestra fila de emergencia en el tramo más largo, nos volvimos a maravillar del Airbus 380 (su tamaño, sus comodidades…) y comimos más que decentemente. Para no hablar de la cantidad de películas que vimos… Todo lo cual no fue obstáculo para que estudiara un poco y planeara los primeros días 😉

 

El aeropuerto internacional de Bangkok es inmenso y muy moderno. Caminamos un trecho hasta el área de controles. Antes de Migraciones, los argentinos debemos pasar por «Health Control», no solo para llenar un formulario relacionado sino para hacer sellar otro formulario (que ya nos habían dado en el avión), contra la exhibición del certificado de vacuna de fiebre amarilla. Nosotros no sabíamos esto último,  hicimos la cola de Migraciones y nos mandaron de vuelta. Por suerte, no tuvimos que volver a hacer toda la cola.

Más allá de eso, el trámite es sencillo y relativamente breve. Encontramos nuestras valijas rápido y salimos.

Lo primero, sacar dinero de cajero automático (el cambio nos pareció un poco malo, pero el de las casas de cambio es peor; cobran una suma fija por el servicio, con lo que hay que sacar «bastante»). Lo segundo, buscar el Airport Rail Link Express Line que, lamentablemente, estaba fuera de servicio. No obstante, nos manejamos perfectamente con el tren City Line, que hace el mismo recorrido y cuesta más barato (no llegaba a un u$s 1).

En la estación Phaya Thai (la última), hicimos conexión con el BTS Skytrain, un sistema de vías elevadas que, cual autopistas para trenes, se cruzan a unos cuantos metros de altura. La vista es magnífica y el servicio muy bueno y accesible para nosotros (THB 36 por ticket, u$s 1).

En este sistema tuvimos que hacer conexión entre dos líneas: íbamos al barrio de Silom, sobre el río Chao Phraya, que serpentea la ciudad de norte a sur. El barrio es predominantemente corporativo, con buenos hoteles, excelente acceso al Skytrain y a los servicios de transporte fluvial (ferries, barcazas, botes típicos). Estamos parando en el Novotel Fénix Silom, muy bien ubicados, habitación fantástica, gran desayuno.

Ya al instalarnos en la habitación notamos un cambio a viajes de otros años… Nos quedamos dos horas ordenando y recostados antes de salir. Como les deíamos antes, nos sentíamos agotados, sin fuerzas… Mis tobillos habían desaparecido… fantaseaba con mis piernas llenas de várices, ¡pesadísimas! Éramos un solo lamento.

Para las 5pm estábamos en la calle. Decidimos que arrancaríamos «liviano», con un breve recorrido por el río hasta Chinatown, para visitar ese paseo obligado, «entrar en clima», comer algo y, ¡a la cama!

El río tiene, como en todos los casos y salvo pestilentes excepciones, su gran encanto. Y si no…, veamos:

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Bajamos en el Pier 5, «Ratchawong», que todo el mundillo vinculado al turismo identifica como «Chinatown». Empezamos a caminar siguiendo el «circuito a pie» sugerido por nuestra gran amiga, la guía Lonely Planet (LP, de ahora en más). Se trataba de una caminata relativamente breve (1.5km), para distraerse con baratijas y embriagarse de color rojo y dorado.

Nos impresionaron el tamaño  y la vitalidad del barrio, la decoración (luego caeríamos en la cuenta de que estamos en las celebraciones del Año Nuevo Chino, con las típicas naranjas, los faroles y, por supuesto, la música y la alegría) y la arquitectura (bien venida abajo, pero no por ello menos apreciable en su estilo) de viejos edificios.

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Como en todas partes del mundo, el barrio chino es caótico, sucio y un tanto nauseabundo pero… evidentemente algún atractivo tiene. Son el «tour» obligado de toda ciudad que lo tenga.  Y desde ya, uno termina comiendo aquí; en nuestro caso, en los recomendados puestos de pescadores de la calle  Phadungdao, de entre los que teníamos el dato de «Lek & Rut»… ¡Lo que hicimos para encontrarlo! Como suele ocurrir, estaba bajo nuestras narices, y con la ayuda de mi nueva app «Here Maps» (se pueden ver sin conexión, descargando el país que uno va a visitar antes), parecía que jugábamos a la mancha. Bueno, comimos rico, aunque vamos por más y mejor 😉

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Con los restos de entusiasmo, caminamos por entre los festejantes del nuevo año…

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Para terminar con una experiencia verdaderamente «religiosa», que no vivíamos desde India…

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… El vértigo de la velocidad arriba de los tuk-tuk, esas motitos con carrito montado para taxi, para el infarto. Gran precio: THB 100, desde el barrio chino a Silom; el primero nos había pedido 250 y bajó a solo 150, ¡a regatear!

Y MIS VIÑETAS…

  • Lo primero: que me siento terriblemente extraña escribiendo (¿rectius: editando?) en un blog… Exactamente eso es lo que siento, que «edito», que estoy más pendiente del relato cronológico y de la inserción de fotos que de la «sustancia». ¡Bienvenida a la posmodernidad! (Y ya veré qué hago con esto que me pasa);
  • Lo segundo: muy pendiente, muy en deuda toda la parte de la historia de este pueblo… Los datos de LP son bastante telegráficos y en passant, con ausencia de análisis y de razones. Nos queda que han sido un pueblo (el único de la región) libre de colonialismo, y no tenemos clara idea de por qué; que han tenido una veintena de golpes de estado en el s. XX, y no tenemos clara idea de por qué; que cada tanto tienen brotes terroristas, y creemos tener alguna idea de por qué;
  • Hay mucha, mucha religiosidad, predominantemente budismo, pero también islamismo e hinduismo;
  • Hay una monarquía constitucional, con fuerte presencia del poder militar, asociado con una antigua alianza con los EE.UU. por la lucha anticomunista en la región. De hecho, fueron la «base» mililtar yanqui más importante en la guerra de Vietnam;
  • Para los curiosos: THB, la moneda local (Thailand Baht), tiene esta relación: 1 u$s = 3.67 THB. En general, todo nos resulta muy accesible. Al menos por ahora, ¡aquí no se sufre!
  • Lo último y más importante: mi papá está mucho mejor, le dieron el alta… Emocionado retorno 🙂

0 comentarios sobre “Por fin… Bangkok”

  1. Recien ahora tengo tiempo de empezar a leerte tranqui…siempre un placer….Gabi ya esta en viaje…todavia de aca para alla sin llegar a ningun lado…llega el domingo

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