Phuket

14FEB2016

[Escribo esto casi en el paraíso… Phi Phi, pero la introducción ha sido repensada varias veces… Cuando llegamos ayer lunes 15 al mediodía aquí, las chicas nos estaban buscando…  Nos dio mala espina y, efectivamente, los malos presagios se confirmaron: murió el tío de Mario, Titi, hacía ya varios días. Las emociones, la generosidad del primo Claudio y el cuidado de las Chancles Chaumet, nos lo guardamos todo para nuestra intimidad. Estamos bien y el tío querido, después de tanto tanto sufrimiento, seguramente en paz]

 

Empecemos por el final: qué feo Phuket, particularmente lo que podría llamarse el downtown, la zona del puerto, de pocas plazas, los edificios públicos y los bancos. O sea, no las «playas» de Phuket, para lo cual volveremos en unos días.

¿Y entonces por qué el centro de Phuket? Para combinar cómodamente el traslado a Ko Phi Phi, la isla paradisíaca de la región, mundialmente conocida por haber sido la locación de la película «La playa», con Leonardo Di Caprio. A poco que uno advierte la poca frecuencia de los traslados a la isla y los avatares que siempre pueden tener los vuelos, advierte que es una locura «jugarse» a un arribo al aeropuerto de Phuket y conexión inmediata por ferry a  Phi Phi.

El vuelo Chiang Mai-Phuket fue muy tranquilo y duró unas dos horas. Ya en Phuket nos subimos a un «Airport Bus» (una combi) que va al centro de Phuket por una suma fija (THB 100). Tuvimos un rato de espera arriba de la combi hasta que partió y un muchacho colombiano jamás imaginó que hablábamos español… Garrón escucharle por teléfono todas sus aventuras sexuales con unas «viejecitas» y no parar de escucharle el «marica», «marica», «marica», «marica»… al amigo, del mismo modo que un joven argentino repetiría todo el tiempo «bol…». Cuando cayó en la cuenta, terminó pidiéndome disculpas color bordó :0)

El hotel –Royal Phuket City– era realmente malo, MUY venido abajo, pero sospechamos que en la zona han de ser todos iguales…

Nuestra principal preocupación era cómo llegar a Phi Phi (mejor: al hotel en Phi Phi) al día siguiente. Era para lo único que estábamos allí ese día. Llamamos por teléfono al Zeavola Resort y las opciones eran un speed boat carísimo del propio hotel o el «public ferry». El personal del Zeavola nos instruyó sobre la compañía que nos dejaría mejor (el hotel está en una zona alejada de la isla, no accesible a pie desde la playa más concurrida, puesto que en realidad son dos islas separadas por un estrecho istmo y nosotros vamos a la más retirada), la «Adamanan Wavemaster» (capítulo aparte merecería la conversación telefónica thai-english…).

Buscamos la compañía en internet, constatamos que era una opción mucho más conveniente (aun viajando en «primera clase» y ahorrando con el round trip), copiamos la dirección en un papel y preguntamos en la recepción cómo llegar. Eran alrededor de las 3pm, creo, y la caminata bajo el sol se sentía… ¡Qué cambio de temperatura con el norte y aun con Bangkok!

Luego de un par de vueltas y de preguntas complicadas, desolados por la constatación de que era ¡domingo!, ya pensando que tendríamos que ir al puerto o intentar una reserva por internet, finalmente llegamos… ¡No era tan lejos! Estaba abierto y todo era «favorable»: el servicio incluía el transfer desde el hotel en el que parábamos y hasta el hotel al que íbamos; la vuelta también incluía el traslado al nuevo hotel de Patong (una playa de Phuket) donde nos alojaremos a la vuelta. Sensacional, todo resuelto.

El calor era agobiante y, en Phuket, poco para hacer. Caminamos en dirección a un centro comercial en busca de aire acondicionado. Nos tomamos un licuado de mango y un té verde con limón helado (ambos, deliciosos), recorrimos un poco y compramos unas masitas para los mates en la playa… También repuse castañas de cajú y mango disecado, una delicia 😉

De vuelta en el hotel, me senté a escribir y a eso de las 7.30pm pasadas partimos por la calle del hotel en busca de un restaurante recomendado por la LP y que nunca encontramos. Sin embargo, la salida nos mejoró sensiblemente el humor (en el hotel no funcionaba nada: nos habían tenido que cambiar de habitación por un charco inmenso de agua del acondicionador de aire, la conexión de internet era flojísima y la caja de seguridad sin batería…). Decía que nos cambió el humor porque finalmente encontramos los vestigios de arquitectura chino-portuguesa que presagiaba LP -si no, miren esto-

la calle se transformaba en peatonal y era el típico domingo a la tardecita/noche de un barrio chino: los faroles, las comidas callejeras, los bailes, el karaoke, multitudes de gente pasándola bien… Excelente ambiente popular.

Terminamos cenando en un bar en el que abundaban los televisores con el partido del Arsenal y Leicester… Locales y turistas fanatizados por igual, disfrutando de ricas comidas y tomando algo.

Buen final del día…

 

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