Mombasa, otro viaje, otro país

12 ENE 2019

Amboseli National Park – Mombasa

Sábado intenso de emociones y percepciones… de repente, nos sentiríamos en otro país y en medio de otro viaje, totalmente distintos.

Pero vamos por parte… ¡finalmente apareció el Kilimanjaro! Primero, apenas saliendo de nuestra carpa en el Kibo Camp

y después, en varias “estaciones” del camino que nos conduciría a tomar el tren a Mombasa, nuestro próximo destino

Despedida en la intersección de rutas, dejando definitivamente atrás el Amboseli… ¡Bello!

Pero aun ya en una ruta de más entidad, ¡las jirafas se negaban a abandonarnos! El lugar tiene estas cosas, no deja de impactar todo el tiempo

A eso de las 9.10am llegamos a Emali, la estación de tren ultramoderna construida (al igual que el ferrocarril) por los chinos. El contraste entre el pueblo

y la estación era para una película

La despedida fue muy dura con ambos, pero particularmente con Gerard, con quien habíamos compartido una semana completa, de sábado a sábado. ¡Nos encariñamos muchísimo con este keniano alegre, padre de tres hijos, divertido en su economía de expresiones, enamorado de su país y de sus bellezas! Saudade…

Luego de pasar por varios controles de seguridad y de abrir dos veces la valija (todavía tenemos un vino español sellado, comprado en el free shop, esperando a que Mario recupere las ganas de tomarlo), llegamos con lo justo al andén:

Una vez más, el personal a cargo era numerosísimo, señal de bajos salarios: seguridad y orden, tanto en andenes como en trenes, azafatas, vendedoras de vituallas, personal de limpieza, un ejército de empleados.

El tren es maravilloso. Va a un promedio de 104km/h, por un camino muy bello de montañas, valles, el famoso parque nacional Tsavo (este y oeste, dividido por la ruta y la traza del ferrocarril mismas)… Vimos elefantes, búfalos, jirafas, cebras, gacelas…

El tren era otro espectáculo en sí mismo, lleno de niños traviesos pero no tremendos 😉

Aproveché el recorrido para escribir los diarios pendientes y los niñitos curioseaban y amenazaban con tocarme teclas de la computadora… por suerte les gustó más el monito de mi cartera 😉

Llegamos a Mombasa, la ciudad portuaria tan importante y segunda de Kenia de la que tanto hablamos. No más bajar del tren metí la pata con Uber… pedí un auto para llevarnos al hotel y resultó que James había llamado a su chofer de taxi de confianza en esta ciudad que apareció con un cartel. Lo confundí con el de Uber… y todo después fue un malentendido de terror… las maldiciones del otro chofer, mi inexperiencia con el sistema (no terminaba de cancelar el viaje)… me sentí miserable y supongo que me van a calificar horrible 🙁 … Ya fue. Nada más podía hacer.

Más allá del malentendido, estuvo bueno tener a este James (se llamaba igual; tel. 0711719939, su “empresa” unipersonal se llama Demange).

No más bajar del tren, la sensación fue la de estar en otro país, a punto de comenzar otro viaje. Para empezar, 34°C, calor agobiante y viento caliente. Pero lo más importante para esa sensación sería la mayoritaria presencia musulmana y de la cultura omaní (lo que entre nosotros llamaríamos “árabe”)… mujeres tapadas, hombres con sus gorros y sandalias, conmovedores llamados a la oración… Y una ciudad pintada toda de blanco y azul, ¡por ley! ¡para que luzca “limpia”!

El tráfico era caótico, entre otras cosas, por la desproporcionada presencia de tuk tuks y su deriva enloquecida. La ciudad era decididamente fea, más allá del interés que genera por el cruce cultural: suajilis y otros “locales”, portugueses, omaníes, ingleses… y la impresionante influencia de India y del hinduismo. ¡Dios, qué mezcla!

El hotel no estaba bien ubicado… esta vez me falló el instinto con la calificación de la ubicación y terminamos lejos de aquello a lo que un viajero viene: el casco antiguo, alguna concentración de rastros culturales u otra atracción. El look árabe del alojamiento tampoco ayudaba… En fin, estábamos “de paso”, solo haciendo noche para seguir al día siguiente a nuestro verdadero destino, Lamu, así que tampoco a tomárselo tan en drama.

Eran apenas las 3pm y poco… ¿qué haríamos encerrados o saliendo a una zona totalmente anodina? Tomamos rápidamente la decisión de llamar de nuevo a James; que nos dejara en el casco antiguo y luego lo llamaríamos para traernos devuelta al hotel.

Así hicimos. Lo primero, dar cuenta de haber estado en Mombasa, pasando bajo el símbolo de la ciudad: unos tusks gigantes que enmarcan la avenida Moi

James nos dejó en el Mercado de Especias…

un tanto sórdido para sábado a la tarde. Ni qué decir que éramos los únicos “rubios” (juro que aplica al negro de Mario) en varios cientos de metros a la redonda. Una vez más nos invadió la aprensión. Estábamos súper contenidos (que si sacábamos la cámara, el celular o ambos; que la Lonely Planet y el itinerario del casco histórico está en el celu, y si me lo arrebatan y si… ¡ay, los miedos! Pocas fotos robadas al entorno

Llegamos hasta el Fort Jesus, quizá el lugar de visita más importante y obligado para los aspectos históricos de la ciudad. Desde allí las vistas del Índico son preciosas, de la misma costa y de enfrente, donde parece haber una arquitectura más moderna…

Construido por los portugueses sobre fines del s. XVII, éstos casi no “disfrutaron” de Fort Jesus, pues la colonia les fue arrebatada por un sultán de Omán durante el siglo siguiente. Los rastros de omaníes están en todo el fuerte, pero sobre todo en sus puertas, bellas…

De hecho, el sultanato actual de Omán está fondeando la reconstrucción y puesta en valor del fuerte, con amplio despliegue publicitario

La época de esplendor de Mombasa (y de sufrimiento de su “pueblo originario”) correspondería a estas etapas, donde brilló el comercio de esclavos y el del marfil. Luego, sobrevendría el Protectorado Británico y el declive con la paulatina eliminación del tráfico.

La zona tenía clima de “sábado a la tarde”

y ya parecía un poco más amable con el extranjero. Una zona pintoresca recorría la costa hasta el puerto viejo y ya inutilizado,

con un club social (antes exclusivo para blancos) y viejas casonas con puertas

y balcones de ensueño

Tomamos más testimonios de la vida relajada de Mombasa… los hombres tomando el té con leche dulcísimo

niños y no tan niños aliviando el calor en una zona fétida del puerto

partido de fútbol frente al fuerte

y chicas recatadas pero, en algún caso, desesperada por tener una foto con una buena cámara… How comes you’re not going to send it to me? Don’t you have a cell phone??? (eso haré, en un rato, a Lunnie)

La despedida fotográfica fue con una puerta soberbia, de una casona restaurada

A partir de ahí (y ya de las 6.15pm aprox) todo fue cada vez más sórdido… la mugre de las calles, la ajenidad de las miradas, la oscuridad de la noche que se avecinaba… ¡No encontrábamos un lugar “cristiano” para sentarnos a comer! Habíamos pasado los “colmillos” de la avenida Moi y, de repente, en una calle lateral, un lugar lleno de lucecitas llamado Bella Vista… ¡allá fuimos!

Un espanto la música ensordecedora y las pantallas de fútbol con la Premier League, pero no teníamos demasiadas opciones.

Por suerte la comida estuvo bien, sobre todo para Mario que sigue con el pollo grillado con puré y agua mineral 🙁

A eso de las 8pm llamamos a James y de vuelta al hotel, menos mal que con buena conexión a internet 😉 .

6 comentarios sobre “Mombasa, otro viaje, otro país”

  1. Vivido relato!!! Y fotos q nos permiten ver Mombasa
    Espero sigan bien
    .
    Aquí fuerte tormenta y lluvia !!!! Verano locooooo
    Besitosss❤️❤️❤️

  2. Hola!!!!
    Qué viaje maravilloso!!!!!
    Ahora acá ya no llueve, sol que raja la tierra!!!
    Beso enorme para los dos.
    Y espero que en el próximo relato ya Mario haya podido dejar por completo el pollo grillado con puré y el agua mineral

  3. Vengo con delete pero sigo virtualmente su hermoso viaje. Bellas esas puertas cuánto arte incrustado en ellas!!! Ojalá se recupere pronto Marito así puede seguirte en el circuito gastronómico.
    Besos x 2

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.