Lamu (II)

14 ENE 2019

Lamu

Best tamarind and ginger juice ever! Efectivamente, una delicia el jugo de tamarindo y jengibre, con ese picor característico. Parece que tiene muchas propiedades medicinales, así que nos lo tomamos todo. Y un bol completo de banana y mango, ¡ay, qué rico! Descartamos los huevos, nos quedamos con las tostadas y todo listo para disfrutar nuestro día de playa.

La mayoría de los turistas para en Shela y viene a Lamu Town de visita; nosotros haríamos al revés.

Antes de tomar el bote a Shela, pasamos por un banco a cambiar dólares a chelines kenianos (kenian shillings o, más comúnmente, KES). Lo mejor es sacar plata en cajeros automáticos o cambiar en bancos; nos dieron 99.8KES por cada dólar, así que estuvo muy bien. El dinero local se va bastante rápido en propinas, agua, transporte (taxi, bote, etc.). La cena de anoche la tuvimos que pagar en efectivo; la de esta noche (en el restaurante más lindo del pueblo) con tarjeta, sin problemas.

También pasamos antes por la oficina de fly540.com, la empresa aérea con la que volaremos mañana a Malindi, tanto como para chequear que estuviera todo OK con el ticket que compré por internet. Impresionante la cantidad de empresas low cost que conectan el país.

No hizo falta buscar el bote demasiado: cara blanca = turista = boat to Shela?

Así que allá fuimos con el que nos cayó inmediatamente bien. Nos llevaba solos (en principio) por 500KES (el viaje compartido es 100KES por persona, 1 dólar). Ahí venía nuestro transporte:

y la verdad es que disfrutamos ese suave paseo por el Índico

Nuestros compañeros de viaje nos dijeron que ese edificio enorme era un hospital, bancado por Arabia Saudita, según bien me recuerda Mario

y que esa otra casa, inmensa, era de los dueños del hotel Lamu House (sí, el mismo en el que finalmente no paramos).

Las dhows, embarcaciones características con una vela triangular y ahora también con motor, son preciosas y le dan ese marco especial al lugar

Ya llegando a Shela se divisaba el pueblito, con lindas construcciones

pero lo primero era ir hacia la playa, para darnos el tan deseado chapuzón… el día estaba increíble, el sol picaba bastante, así que nos refrescamos lindo

Son 12km de playa de arena blanca y virgen;

nadie nos supo decir qué estaban haciendo en ese “fuerte” ¿recuperado? ¿construido? Tampoco que hubiera tanta gente… solo una pareja de (presumiblemente) italianos y luego dos hombres mayores dándose un baño de mar y caminando.

[Más tarde repasaría la Lonely Planet para enterarme que The Fort es un hotel en el medio de la nada, en el que hay solo ciertas horas del día con electricidad, cuesta u$s 215 la noche… ¡con paseos nocturnos con linternas!]

Ni sombrillas, ni poltronas, ni carpas, ni sillas; antes bien, más pastores con su ganado o con los burros

Aparentemente, hay sombrillas y poltronas en la playa de enfrente, Diamond, donde incluso hay resorts internacionales para alojarse.

En Shela la arquitectura es más cuidada (para nuestro sentido estético, claramente) y lucen muy lindos los muros de piedra y coral

Volvimos al pueblo de Shela en busca de agua y de algo para picar; dimos con un bar con mucho encanto, aunque con una moza desangelada. Nos sirvió con poca gana el agua, un jugo de lima, chapati (un tipo de roti o pan indio) y unas papas fritas originales (eran como unos pedazos de papas aplastadas y blanditas por dentro, fritas como torrejas… Marito va incorporando de a poco 😉 )

Nos volvimos a la zona de la playa. Por la dirección del sol ahora teníamos sombra contra unas palmeras, así que allí nos ubicamos para nuestra lectura (Mario le encaró al Nobel egipcio Naguib Mahfuz, Palacio del Deseo… enganchadísimo; yo, atrapada por el magnético relato de Patria, de Fernando Aramburu) y para unas incursiones intermitentes al mar.

Eran más de las 4pm cuando decidimos volver a pie (son apenas 3km de costa), entre otros caminantes, mujeres con sus bui buis (apenas si se les ven los ojos tras esos trajes negros, debajo de los cuales —además— tienen unos coloridos vestidos largos hasta el piso… ¡con este calor!), niños saliendo de la escuela, jóvenes… y desafiantes motocicletas taxis (conductores enojados porque decidimos caminar, nos tiraban la moto encima), bosta de burros y vistas hermosas del mar.

Llegamos a Jamala con ese cansancio agradable: caminata, arena y sal en el cuerpo, pelos asquerosos, ¡pero recargados de energía!

Luego de una buena ducha me puse con el diario. Las 7.40pm era buena hora para ir por nuestro restaurante 5*: Moonrise. No defraudó. Ambiente muuuuuuy occidental, comida cuidada (nos avisaron amablemente que no tenían crab ese día, pero que había King prawns). Mario comió un tuna steak con puré, ¡delicia!; yo unos seafood spaghetti, ídem. Acompañamos con vino blanco sudafricano, más que decente. Qué ricoooooooooooo y que lugar tan placentero.

Cuando volvimos a Jamala, la habitación de al lado (que hasta el día anterior estaba ocupada por una pareja de rusos) tenía nuevos pasajeros. Era temprano y nuestra habitación estaba calurosa todavía, así que nos acomodamos en nuestro sofá de la galería a subir fotos, publicar la entrada del blog, leer… Segundo hermoso día en Lamu.

4 comentarios sobre “Lamu (II)”

    1. ¡Gracias Cristi! Todo muy lindo, un poco desasosegados con esto del ataque en Nairobi… pero cualquier cosa puede pasar en este mundo, en cualquier lado. Beso enorme para Ustedes dos también! Nosotros

  1. querida Andru y MARIO
    Que maravilla de viaje, con lugares tan opuestos e interesantes.
    Pero lo mejor es la sonrisa de felicidad que los acompaña .
    Sigan disfrutando!!! Un abrazo.

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