Lamu (I)

13 ENE 2019

Mombasa – Lamu

Luego de un desayuno bien frugal, James nos pasó a buscar para llevarnos al Moi International Airport. Allí tomaríamos el vuelo de Mombasa a Lamu, en la costa norte de Kenia.

Siguiendo las advertencias de James (de Alliance Destinations)—ratificado por la Lonely Planet— no era nada aconsejable llegar a Lamu por tierra. Así fue que saqué pasajes por internet en Skyward Express Ltd. (u$s 59 cada uno). No hacía falta confirmación del vuelo, no había web check-in… ¿estaría el avión?

¡Por suerte, todo en orden! Allá fuimos,

tampoco se trataba de un avión tan pequeño

Las imágenes desde el vuelo presagiaban las bellas costas del Índico

Aterrizamos en el aeropuerto de la isla de Manda, una de las siete integrantes del archipiélago de Lamu.

La zona es una de las más exóticas de toda la costa keniana, mezcla de influencias culturales de los varios pueblos que se tentaron con su belleza: los suajilis (mayoría local aquí), los portugueses, los omaníes, los británicos, los indios, los italianos… gran diversidad y, a diferencia de Mombasa, gran resultado de la amalgama.

La Lonely Planet no se equivoca cuando afirma que “el archipiélago de Lamu atrae con sus laberínticas aldeas suajilis, un ambiente bohemio de artistas y yoguis y la promesa de aventuras acuáticas mientras se navega entre las islas en un dhow tradicional”.

Dentro del archipiélago, el destino más popular entre los turistas es la playa de Shela, en la isla de Lamu, con alojamiento, restaurantes y negocios más al estilo internacional, y después viene Lamu Town, el propio pueblo de Lamu, en la misma isla, más pintoresco y con más vivencia local. De más está aclarar que elegimos Lamu Town; queríamos que este lugar funcionara como eslabón intermedio hacia el próximo, que será de puro descanso y playa, en un lindo hotel sobre la playa. Lola y los Dall’Aglio nos entusiasmaron vivamente con el pueblito, así que allí pararíamos.

Con Lamu y las reservas de hotel me pasó algo gracioso (o que varios de quienes me conocen dirían que me pinta de cuerpo entero… ¡ay!). Estaba a punto de contratar un departamento en la Lamu House, muy recomendado y con altas calificaciones en todas partes, cuando encontré un alojamiento con 9.8 promedio, 9.9 ubicación, comentarios del estilo “best tamarind and ginger juice ever!” y no sé cuántas cosas más… las tres noches que planeábamos quedarnos al precio de una noche del otro departamento… ¡me saltó la piamontesa inmediatamente!, así que aquí estamos, en Jamala Guest House, atendidos por el solícito Badgi, quien nos mandó a alguien a buscar al aeropuerto

para cruzarnos a Lamu. Lindas vistas de este pueblito medieval a medida que nos acercábamos a su costa, con antiguas casonas que empiezan a restaurarse, protegidas por la Unesco.

Llegamos 🙂

Nuestro alojamiento no nos defraudó… era más lindo que en las fotos, una vieja casona restaurada con elegancia minimalista. Cero lujos, parecía que estábamos en una película…

Conversamos algo con Badgi, quien tiene un barco y se ofreció a hacernos algunas excursiones, pero advirtiéndonos y supeditándolas en cuanto al tiempo. Era un día muy ventoso y el recorrido podía ser una tortura que ninguno disfrutara. Quedamos en que veríamos día a día y decidiríamos.

Efectivamente había mucho viento, ¡y caliente!, pero el pueblito era una tentación, así que nos acomodamos un poco y salimos a hacer el recorrido a pie sugerido por la guía.

Para empezar, habría que decir que en la isla no hay autos (o solo dos, el del gobernador y una ambulancia, sólo Dios sabe por dónde circulan…). Las calles son, en rigor, callejuelas, pasadizos

por donde solo pasan los burros, ¡cargadísimos o a punto de ser cargados!

y los sapiens… ahora también en las indeseables motos. Hay que andar con mucho cuidado, tanto por no pisar bosta de burro como de no ser arrastrado o asediado por un motociclista/taxista.

Pasamos por la plaza más grande del pueblo, donde hay un viejo fuerte en el que funciona una biblioteca

y conecta luego con el malecón

y bordeamos el puerto al que habíamos llegado

A cada rato sorprende alguna puerta suajili u omaní

Sacamos una foto especialmente pensada para Lola 😉

Y chequeamos la ubicación de los lugares recomendados por la guía para ir a cenar… uno de ellos, en el Lamu House en el que desistí de alojarnos 😉

Lo último que hubiéramos esperado encontrar, apareció… ¡un cine!

Y más detalles e imágenes atractivas: artesanías,

arquitectura

el mercado

Volvimos al hotel y me dispuse a trabajar en mi escritorio, muy cool

A eso de las 7pm nos fuimos a cenar a un restaurante más tranquilo, recomendado por Badgi, a la espera de que Mario esté bien recuperado y que pueda disfrutar de las delicias prometidas en Moonrise…

Dormir aquí fue una experiencia aparte… el llamado islámico a la oración es con unos altoparlantes de estadio de fútbol. A las 9pm fue el último y… ¡a las 5am el primero! Lejos de molestarnos, nos encanta, es parte de la experiencia tan distinta que vinimos a buscar.

A cada rato nos congratulábamos por haber elegido este lugar, lo pasamos realmente muy bien ¡y todavía nos faltaba la playa! Al fin…

12 comentarios sobre “Lamu (I)”

  1. Qué hermoso todo Andrea una experiencia totalmente diferente, muy musulmán todo en este pueblo cuanta mezcla
    Sigan disfrutando y dale el vino español a Mario que es antibiótico
    Besos Monica

    1. Vamos a ver qué podemos decir al final del camino… seguimos observando y leyendo. Cuán arbitraria habrá sido la Carta de Berlín para el caso de Kenia? Aunque mucha de su diversidad venía de antes, nos parece que tienen una historia común con Tanzania y otros vecinos. Es cierto que hay una superposición de influencias no integrada. Aquí predomina claramente lo musulmán. Besos!

  2. Hola amigos queridos!!! Hoy voy a transcribir lo que me dicta Ricardito:
    “ Como siempre impecable la toma del director de fotografía, preparando la portada para el premio Pulitzer.”
    Como siempre muy bueno lo tuyo Andre !!!!
    Beso enorme Ricardo y Cristina

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