ESTOCOLMO I

4/5/6JUL2016

Uy… escribo esto dos días después de nuestra partida inicial de Rosario a Fisherton, el 4 de julio a las 14.15. El vuelo São Paulo-Paris (Latam) fue fantástico… puntual, cómodo, buenas películas (vi la desopilante y genial «Ave César», de los Coen; intenté empezar Juventud, del mismo director italiano de «La gran belleza», pero me venció el sueño… quedará para la vuelta); un poco de turbulencias al comienzo, pero todo muy bien.

El problema fue al llegar a Paris… prendí el celular y tenía una llamada perdida, que claramente identifiqué con el sistema de alarmas de Arroyo… Habiendo hoy tantas lindas cosas para contar, no voy a perder el tiempo hablando de angustias y miedos ya disipados. Gracias a las Chancles en Rosario, a Esteban (un promisorio colaborador en Arroyo) y al whatsapp, y no obstante Elsa (ay… Elsa), lo pudimos solucionar. Antes de tomar el vuelo de dos horas de la línea SAS, Paris-Estocolmo, ya se había resuelto. Afortunadamente, un problema de corte de luz y nada más.

El avión aterrizó a las 9.35pm en Estocolmo… todavía era de día (el sol se pone un rato después; hasta cerca de medianoche hay luz). El paisaje desde el avión era el de miles y miles de islas e islotes, algunos apenas piedras, de un verde muy intenso por la vegetación. Un mar azul profundo y muy tranquilo… voilà el Báltico.

La primera impresión del idioma… incomprensible. Algunas palabras son parecidas al inglés y/o al alemán. Nada más. El resto, a hablar y leer inglés.

El aeropuerto Arlanda es enorme, moderno y… ¡vacío! Casi no había aviones en las muchas mangas ni gente en su interior… nos resultó rarísimo.

Salimos rápida y sencillamente, sin ningún tipo de control. «Después se quejan de los terroristas», fue nuestro nada simpático comentario. Con total facilidad pudimos comprar los tickets del «Arlanda Express», el tren rápido (marca 200km/h en su trayecto más veloz) que conecta el aeropuerto con la ciudad (SEK 300, precio por dos tickets, unos u$s 35, wi-fi gratis incluido 😉

[1u$s = 8.47 SEK, la corona sueca]

En 20′ estábamos en la Estación Central de Estocolmo. De allí, caminando unas pocas cuadras al hotel (Queen’s Hotel3* discreto, inmejorable ubicación… a dos cuadras de la plaza principal Sergels Torg, del barrio Norrmalm (al norte), a tiro de todo aquello para ver. Todavía quedaba algo de luz, los negocios de la calle peatonal sobre la cual está el hotel (Drottninggatan) todos cerrados. Eran casi las 11pm y solo quedaban unos pocos bares tipo pub abiertos, algún que otro restaurante y los clásicos de comida rápida, McDonald’s o Subway. Ingresamos al hotel sin problema, dejamos nuestras cosas y corrimos famélicos a buscar algo abierto. Terminamos en el pub de enfrente del hotel, tentados por una comida típica sueca que no pudo ser («kitchen’s just closed») y contentándonos con unas hamburguesas caseras que sí podían salir… La verdad es que, con lo mucho que desprecio las hamburguesas en general, estaban muy buenas (o teníamos verdaderamente hambre…). Nadie va a querer saber los precios… todo es MUY caro… La cerveza no baja de u$s 8 / u$s 11; los platos de u$s 18 / u$s 25, mínimo… así que u$s 50 para arriba se hace enseguida.

Algo que también nos llamó la atención es que nos habíamos sentado inicialmente en la vereda (en realidad, la parte peatonal de la calle), pero tanto a nosotros como a los que estaban sentados ya de antes nos hicieron entrar a las 11.30pm… «No alcohol outside…» después de esa hora. Parece que el problema del alcoholismo es endémico y de larga data. No lo venden en supermercados (salvo cerveza de hasta 3º) y sí en lugares especiales regenteados por el Estado. Hasta hubo un movimiento político «antialcoholismo».

Después de todo el estrés del viaje y las horas de diferencia estábamos realmente agotados, pero era bastante más de la 1am cuando pudimos dormir.

Miércoles 6 de julio, arriba a las 7.20 con gran dificultad… Ya era de día desde las 3.45am… algo que advertí gracias a mi pertinaz… bueno, ya-se-sabe-qué.

El desayuno del hotel es muy bueno, salvo porque no hay casi fruta y la verdad es que se extraña…

A eso de las 9am ya estábamos caminando hacia la plaza principal. Destino: el «Visitor’s Center», para averiguar por tarjetas de turismo y ver bien qué nos convenía hacer en los tres días completos que estaremos en Estocolmo. Martti, el sueco que nos atendió, fue por demás de gentil, un encanto. La Stockholm Card ya no existe más desde hace un par de años, así que lo más conveniente en nuestro caso era sacar un pase libre para todo tipo de transporte (excluyendo aeropuerto) por 72 horas. Nos sugirió un par de recorridos y allí empezamos.

El día era soñado… más de 20ºC y sol pleno… una maravilla. Esto y el contraste con lo que puede llegar a ser el propio verano (lluvioso, ventoso, fresco) y ni qué hablar de la realidad de los inviernos, explican infinidad de cosas… Los suecos viven al sol: bares, plazas, parques, remedos de playas sobre piedras, lo que sea… las mujeres se visten con musculosas y vestidos sin hombros como si estuvieran en La Habana… dan risa… encima con esas pieles níveas…

Aprovechando precisamente el hermoso día empezamos el recorrido por un must-see, más allá de cuánto verdaderamente valga la pena: el parque al aire libre Skansen, al que llegamos con el tranvía 7 que tomamos ahí no más, a la vuelta del centro de visitas.

Le llaman el «primer museo al aire libre del mundo», ubicado en una de las 14 islas que conforman Estocolmo, un verdadero jardín (Djurgården). El parque está dividido en áreas que reproducen lugares y épocas de Suecia en clave costumbrista o naturista: ciudades, pueblos, granjas, vida salvaje en las montañas heladas, asentamientos de «pueblos originarios» -los sami-, y así seguiríamos, con sus características: una casa típica en el siglo tal, una escuela en el siglo cual, una iglesia, una ferretería, el encuadernador de libros, el herrero, el panadero, los renos, los alces, las focas, y, como es de imaginar, una larguísimo etcétera. El atractivo es especial en días como el de hoy y, sobre todo, para niños… felices con tanta cosa distinta:

¡Y que no se nos pierdan los niños!

Siempre es un buen lugar para jugar a la señorita maestra…

Salimos apenas pasado el mediodía y nuestra próxima estación fue el Vasa Museet, famoso por albergar el barco de guerra que se hundió, apenas 20′ luego de zarpar, en agosto de 1628. Fue rescatado del fondo del mar 333 años después y el 98% de la exhibición/reconstrucción es de partes originarias… El naufragio fue una pesadilla para Gustavo Adolfo II, el rey sueco que se disponía a dominar el Báltico, entonces contra Polonia. El peso de dos cubiertas repletas de cañones, el peso de la madera de roble y la estrechez del diseño lo hundieron a pique a escasas millas del Palacio Real, apenas había zarpado.

Se trata del museo más popular de Escandinavia y está excelentemente dispuesto, con películas sobre el rescate, tours en varios idiomas (¡justo coincidimos con uno que empezaba en español, con una sueca que al decir «yegamos» dio acabada cuenta de dónde había aprendido el idioma… muy gracioso!), exposiciones multimedia, varios niveles desde donde apreciar el barco…  Mejor que hablen las fotos:

Cuando salimos del museo el día seguía magnífico. Nos tomamos un ferry (todo está incluido en la tarjeta de transporte SL que compramos por 72 horas) hasta Slussen, en la isla/zona más antigua, la de la fundación de Estocolmo allá por el s. XIII: Gamla Stan. Se trata de un centro urbano medieval espectacularmente bien conservado, con calles empedradas, en algún caso angostísimas (¡apenas 90cm!)

y con mucho ambiente turístico. Recorrimos lentamente esos paseos peatonales, con rincones increíbles como estos:

Frente al Palacio Real -que visitaremos mañana jueves- Mario encontró a la verdadera Reina Kristina (¡con K!), una de las monarcas más veneradas de la época de gloria sueca:

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y también paramos en esta hermosa plaza a comer un tentempié (una delicia de hojaldre y pasas de uva) y, de paso, sacarnos una foto frente a la Academia Sueca, la responsable de la entrega de los Premios Nobel:

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[Como se puede apreciar, nuestro uniforme turista está impecable, sigue repitiendo destinos 😉 ]

Cruzamos caminando el puente que separa Gamla Stan de Södermalm (el barrio del sur),

antiguamente obrero y ahora reciclado para la bohemia y el diseño, especialmente SoFo, es decir, al sur de la calle Folkungagatan…

Allí (SoFo) y entonces (6.30pm), destrozados y con horario totalmente europeo, luego de entrar en varios negocios de diseño a-lu-ci-nan-tes y pro-hi-bi-ti-vos, paramos a cenar. Recomendación total de la biblia Lonely Planet: Pelikan (tal el nombre del restaurante) y a comer arenque (una entrada abundante de arenque preparado en distintas formas, con queso y papa… AÑOS de no comer arenque… creo que la última vez fue en 1986, en la casa de la madre judía de mi novio de entonces ¡¡¡!!!)  y el plato más tradicional de Suecia: albóndigas de carne con salsa tipo gravy y puré de papas… muy sustancioso para dos sacrificados turistas:

Delicia. La cerveza es ca-rí-si-ma, como dijimos, pero in-cre-í-ble… no puede ser tan rica, tan distinta.

Previo probar el subte, nuevo recorrido por el barrio antiguo y vuelta a casa caminando…

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Felices, por fin.

0 comentarios sobre “ESTOCOLMO I”

    1. Gracias Rox! Ma-ra-vi-llo-so destino… Muy lindo… Tendrá sus defectos y problemas, seguramente, pero qué parecido a lo que uno querría en tantos aspectos! Besossssssss, otro de Mario, que estés muy bien

  1. Que hermoso !!!!!!!!No les dije que es El mejor viaje vivido en esa calle vieja compre. Tu traje Amarillo. El oculists dijo que puedo hacer me UNOs lentes amplificadors en eso estoy!veremos .DISFRUTEN!!!!!

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