Chiang Mai (i)

11FEB2016

Qué día raro… en realidad, tan raro como suele ser un día «en tránsito», con vuelo incluido.

Anoche Mario tuvo la buena idea de preguntar en el hotel cuánto costaba un taxi hasta el aeropuerto y, en verdad, era nada comparado con la tranquilidad de llegar a horario, sin sobresaltos y sin los esfuerzos propios de cargar valijas con tres cambios de tren (THB 500 el viaje).

Volábamos por una low cost de Thai, Smile Thai, que no obstante nos dio agua mineral, una especie de sándwich y opción de jugos, gaseosas o café. Increíble.

En una hora estábamos en Chiang Mai, la segunda ciudad del país, en el norte, en la zona de frontera con Birmania. El aeropuerto era pequeño, buscamos nuestras valijas y nos encontramos con un taxi por precio fijo (THB 200), que se contrata en el aeropuerto y se paga al taxista. Gran sistema.

Ya cuando le entregaron el papel con el nombre del hotel a la chofer del taxi, me pareció verle la cara de no tener la menor idea… Por nuestra parte, el dato era que íbamos a un «hotel boutique», 13 habitaciones, ¡pet friendly!, bien ubicado para los recorridos por el casco antiguo de la ciudad. No era raro que la mujer no lo conociera.  Encima, era muy obvio que su inglés era limitadísimo… Rogando que, al menos, conociera el alfabeto occidental y cristiano, le extendí el voucher… ¡Me marcó un número con el dedo y me preguntó si era el teléfono! Ante mi «yes», se puso a marcar con el celular; quien la atendió en el hotel le dio las instrucciones y llegamos perfecto. Cómo cambiaron la vida esos aparatitos…

Efectivamente, el hotel es «boutique» (Ketama Stylish Hotel) y apenas llegamos constatamos la tolerancia con el reino animal: en el lobby había un corralito con dos perros, muy tranquilos entre almohadones y juguetes :0)

[Recién llegados no me animé a sacar la cámara… no pasa de mañana]

La arquitectura es bien «thai», con abundancia de madera teca y, por supuesto, detalles y materiales modernos:

Es verdaderamente muy bonito y confortable y, en efecto, bien ubicado.

Nos acomodamos un poco y al rato salimos hacia el centro histórico. Ya en el aeropuerto habíamos estado discutiendo las alternativas de visitas y actividades de estas tres noches en Chiang Mai. Mañana vamos a conversar un rato con la persona que nos recibió en el hotel (¡habla muy bien inglés! ¡le entendemos!) porque seguimos con dudas acerca de ir o no ir a Chiang Rai (para ver el sitio del «Triángulo de Oro», triple frontera entre Birmania/Myanmar, Laos y Tailandia, vieja ruta del opio y de la seda, además de un templo un tanto bizarro) o, en cambio, hacer unas excursiones por la montaña aquí en Chiang Mai. Veremos.

Por lo pronto, lo de hoy era puro «reconocimiento» y caminata libre. Cruzamos el río y, entonces mismo, empecé a sentir una pesadez terrible en las piernas y cansancio. Me comí una buena porción de mango callejero pero no hubo caso… cada vez me costaba más caminar. Como nos suele ocurrir, sin perjuicio de eso habíamos caminado bastante más de una hora. Se nos ocurrió que podíamos estrenar «masaje» (sí, los famosos masajes tailandeses) en un promocionado e insólito lugar: una cárcel de mujeres, en beneficio de ellas para cuando salgan de prisión. La meneada resocialización del reo, ¿no?

En verdad estaba muy ponderado; distintas guías y blogs lo recomendaban. Llegamos a las 5pm y el lugar cerraba… ¡a las 4.30pm! Maldición. Allí mismo nos recomendaron otro lugar a unos 80m, «de la misma clientela», a cargo de «ex presidiarias»… (¡la resocialización!, ¿no?) ¡Maravilloso! Llegamos y, zas, recién había turno para las 7.20pm. Indudablemente, no era nuestro día y esta gente tiene excelente fama y clientela.

Lo cierto es que seguimos recorriendo ad libitum la ciudad y me animó un templo precioso con el que nos topamos, muy bien conservado y con turistas «divertidos». Aunque sabíamos que al día siguiente haríamos nuestro «circuito guiado por LP», igual nos enganchamos con las fotos:

Continuábamos la caminata y nos llamó la atención el colorido de la decoración de un restaurante, muy cargado de rojo y -no obstante- armonioso, impactante. La cantidad de flores, especialmente de orquídeas, era increíble. Tomamos nota de la cantidad de gente que esperaba para tener una mesa.

Recorrimos la galería y Mario vio un lugar de masajes, muy bien puesto y a un precio muy conveniente (THB 180 la hora de masaje «thai», corporal, contra los THB 200 de las chicas de la prisión y los THB 260 -como barato- de Bangkok). Allá fuimos. Nos hicieron cambiar el pantalón por uno de esos «pijameros» y, obviamente, descalzamos. En un lugar abierto, con «vista a todo el público» de la galería central, colchonetas para el masaje thai y sillones para el masaje de pies. Lo que hacen esas mujeres es maravilloso… de haber tenido un mínimo de falta de pudor habría gritado del dolor… Las contracturas que tengo (Mario declaró lo mismo) son increíbles… El dolor en las pantorrilas, hombros y cuello, directamente indescriptible. Respiraba hondo y contaba en tiempos las inhalaciones y exhalaciones, como en yoga, para no gritar. Ahora que pienso es como que la propia masajista hace su clase de yoga alrededor del cuerpo de uno y el masaje lo es con todo su cuerpo no obstante que toque solo con las manos o los codos. La fuerza y el peso que ponen en esas manos es contundente… ¡y son tan pequeñitas, en general! De no creer. Lo bien que nos hizo… Odiosísimas comparaciones con nuestros masajistas, en general. ¡Esta gente sí que encuentra todos los músculos!

Repetiremos 😉

Salimos de ahí, obviamente una hora más tarde, y se nos ocurrió que lo mejor era seguir la ley de la demanda: nos anotamos para cenar en el restaurante «Hot Chilli» de calle Ratchadamnoen y Phra Pokklao. Cenamos delicioso, con sabores exóticos y atrapantes: mariscos, pollo, castañas de cajú, pescados… leche de coco, lemon grass, jenjible y el picante no faltan ni fallan… Una fiesta:

Desde ahí partimos para el Bazar Nocturno, camino al hotel. Nos perdimos bastante en este mundo de baratijas, falsificaciones y ruido. El ambiente era festivo, con un sector de comederos bien puestos y espectáculos en vivo.

Terminamos consiguiendo el encargo del chico que nos está ayudando en Arroyo (¡el gran Esteban!): un short de Muay Thai o «boxeo tailandés», suerte de arte marcial en clave de casi «vale todo».

Caminamos hasta el hotel y… se supo: el equivocado es Mario. El hotel está a escasos metros de la calle paralela al río; sobre ella, sector de restós y bares, «sobre el río, y marcha… mucha marcha… Su cansancio pudo más, pero el «tachín tachín» lo persigue… Hasta en la lejana y pequeña Chiang Mai.

 

 

0 comentarios sobre “Chiang Mai (i)”

  1. Queridos:
    Muchas gracias. El templo era muy bonito. Mi mejor saludo. Miguel Angel
    Enviado desde mi BlackBerry® de Claro Argentina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.