Amboseli, un anticipo

10 ENE 2019

Lake Nakuru – Amboseli National Park

[Escribo esto el sábado 12 de enero, en el tren que nos lleva de Emali a Mombasa; tenemos cuatro horas de viaje, muy confortable. El plan es ponerme al día con la crónica cotidiana y dejar algunos datos y comentarios de Kenia para los días relajados de la playa]

La rutina de salir a las 7am se mantenía. Dejábamos la polvorienta Nakuru pero antes, sí, cómo no, más animales de salida del parque. Ahí estaba el rinoceronte negro (no obstante que luzca blanco)

y no podía faltar la despedida de las hermosas cebras

o el testimonio de una gran comilona

No sabemos cómo ni cuándo ni dónde, pero nuestro guía y conductor lavaba la camioneta todos los días. Es difícil dar cuenta de todos los detalles en los que estaba, siempre atento a nuestras necesidades, buscando la foto, respetando nuestros tiempos… una maravilla.

Ni qué hablar de la prudencia para conducir, en un país bastante anárquico. Precisamente el camino de Nakuru a Amboseli implicaba pasar por Nairobi. En la parte del Rift Valley en que teníamos el paredón de la cadena montañosa (ahora a la izquierda), Gerard nos salvó de dos situaciones horribles con enormes camiones de frente, intentando pasar a otros… por suerte siempre hubo un hueco en el que hábil y raudamente meterse. Uffffffffff.

En las afueras de Nairobi se sumaría James. Nos había dicho que intentaría acompañarnos en Amboseli y, por suerte, pudo hacerlo. Él aportaba más comentarios y datos interesantes a nuestro recorrido, además de que resultaría un gran fotógrafo para una parte de nuestro itinerario.

Ya con él en la camioneta circunvalamos Nairobi y nos marcó Kibera, la villa más grande de la capital, con más de 200.000 personas viviendo allí y algunos proyectos de urbanización.

Con una ruta densamente transitada, dejamos atrás los rascacielos;

esa densidad de tránsito demanda 8 horas para hacer los 450km que separan a Nairobi de Mombasa, algo que el nuevo tren chino, en su versión “express” (sin paradas), hace en 4 horas.

Pasamos por el lugar del emplazamiento de otra metrópolis, entre ambas ciudades importantes, una especie de Silicon Valley keniano, muy incipiente todavía, Konza Techno City.

Cuando el itinerario ya desvía para Amboseli el tráfico casi desaparece y, en su lugar, se divisan nuestras ya viejas compañías… como las jirafas

o las omnipresentes escuelas

A las 2.25pm un cartel anunciaba un nuevo desvío, ya directamente al Amboseli National Park, todavía a unos cuantos kilómetros…

Llegamos al Kibo Amboseli Safari Camp, ¡supuestamente al pie del tan esperado Kilimanjaro (5895m), invisible tras las nubes! El campamento es una opción razonable para alojarse con buenas comodidades y un buen restaurante, a apenas 2km de la entrada del parque. Alojarse adentro del parque en Amboseli empieza con u$s 500 la noche (pensión completa) y trepa mucho más en lodges alucinantes…

Al igual que en los anteriores puntos, el safari está organizado para llegar al almuerzo (¡esta vez a apenas 5’ de las 3pm!) y salir casi de inmediato al game view.

El viaje había sido cansador pero, una vez más, muy instructivo.

Amboseli es “el paraíso de los elefantes”. Se cuentan de a miles y tendríamos la ocasión de verlos en infinidad de formas, distancias y situaciones.

No obstante, apenas entramos al parque en este safari vespertino, lo primero fue una gran concentración de voyeurs… ¡tras un par de chitas! Figuritas difíciles…

Inútil intentar una foto. Estaban lejos y camufladas entre los yuyos (más altos en Amboseli que en Masai Mara), pero pudimos observarlas claramente con nuestros binoculares.

Las manadas de elefantes no se hicieron esperar. Todas las noches inician su camino hacia las villas cercanas, en busca de pastos diferentes.

Un bello comienzo para Amboseli, con fotos del atardecer

De vuelta en el campamento constatamos lo que temíamos, la conexión de internet era pobrísima a casi nula cuando los cientos de pasajeros lo intentábamos —¡todos juntos en la recepción o en el bar!, no hay wifi en las habitaciones—.

Así que… a disfrutar de una cerveza (solita… Mario sigue cuidándose), a cenar y a descansar después de tan larga jornada.

En las carpas/habitaciones hay velas y fósforos y linternas. Teóricamente cortan la luz cuando todos se van a dormir y hasta las 5am, pero hasta donde nuestras visitas nocturnas al baño nos mostraron, eso no ocurrió 😉

Lake Nakuru

9 ENE 2019

Masai Mara – Lake Nakuru

Recién hace una semana que estamos viajando… salimos el miércoles 2 de enero por la tardecita… ¡Nos parece que llevamos varias! La intensidad de estas experiencias no tiene parangón.

Último game drive en Masai Mara antes de partir hacia el Lake Nakuru National Park, en el Rift Valley… 7am otra vez.

[Escribo esto el 10 de enero, en la camioneta mientras vamos ya hacia nuestro último destino del safari, Amboseli National Park, con muuuuuuuucho tiempo por delante]

La despedida nos confirmó que Masai Mara no defrauda: está considerado el mejor parque de África y, aunque no conocemos otros, lo que vimos bien abona ese título.

Era hora de revisar qué había quedado del festín de los leones… y allí estaban, los dos machos todavía relamiéndose en el banquete

y las leonas durmiendo la resaca…

… más hienas, elefantes, jirafas, impalas y cientos —literal— de búfalos despidiéndonos

¡Para el recuerdo eterno!

Comenzamos la larga ruta del día…

unas seis horas que, no obstante, iban a ser muy instructivas de varios aspectos de Kenia y de su gente.

La primera parte hasta Narok (la ciudad pequeña pero un poco más importante, cerca de Masai Mara) fue desandar el camino ya recorrido desde Nairobi. Ahí desviamos hacia el oeste y el paisaje cambió radicalmente. Atravesaríamos la zona más rica de Kenia, donde se concentra la fundamental actividad agrícola

Papas, zanahorias, tomates, repollos…

Y también maíz secándose al sol

Ya se veía más densidad de camiones pero también de población y mucha concentración de actividad a lo largo de la ruta

con los infaltables negocios con telefonía celular y bidones de agua

Otra constante del camino fueron las escuelas, muchas de ellas separadas boys & girls, con los niñitos uniformados

El trayecto se hizo duro porque más allá de algunos tramos pavimentados, hubo una buena porción de caminos de tierra y de zona de obras. Fuera de las grandes ciudades, la conexión en Kenia es complicada y pareciera que están en vías de mejorarla… ¡vinimos a controlar las obras!

Nakuru es la cuarta ciudad de Kenia en población (más de 300.000 habitantes) y, en palabras de Gerard, “cosmopolita”. La guía Lonely Planet dice que, efectivamente, es una ciudad que tiene mucho de los encantos y ventajas de Nairobi, sin sus problemas. Claro… ningún turista casi para aquí, todos van directamente al Lake Nakuru National Park, donde hay lodges y camps para varios bolsillos.

Nosotros paramos en el Sarova Lionhill Lodge que, como aclara la LP, tiene habitaciones deslucidas pero una locación y un restaurante excelentes.

Almorzamos muy liviano de inmediato y en menos de una hora estábamos haciendo el safari vespertino.

Lake Nakuru viene muy devaluado… al igual que otros lagos de la región, sufrió una seria inundación en el 2014 que le quitó buena parte de su superficie, desdibujó totalmente la costa y lo privó de su atractivo más distintivo: los cientos de miles de flamingos rosados que alfombraban sus bordes. A contar de esto, apenas si se lo incluye en los “paquetes” de safaris para una escapada de un día (tal nuestro caso).

Así las cosas, las expectativas eran bien bajas… pero una vez más, y a pesar del cansancio del largo viaje, nos enganchamos animadamente con el lugar.

Primero, porque por fin teníamos la chance de ver buena cantidad de cebras y a escasa distancia

¡Son caballos pintados! ¡Increíbles! El paisaje se tornaba verdaderamente bucólico con el lago, el sol y las cebras…

Segundo, porque por primera vez nos dejaron bajar de la camioneta, cerca del lago, ¡de los —según ellos— pocos flamencos que quedan y de los búfalos y cebras!

Eso sí, con los guardaparques armados al lado y en grupo

Flamencos y pelícanos… solo que no pude tener buenas fotos de ellos, muy lindos…

Hermoso todo… la fauna se completó con la jirafa Rothschild (en peligro de extinción, la misma que habíamos visto en el Giraffe Center de Nairobi)

los temibles monos baboons (acostumbrados a meterse en las camionetas a revolver bolsos y carteras en busca de comida)

y una hiena descansando en el camino

enojada porque la corrimos

Volvimos 7pm, terminé de cargar las fotos del diario de ayer muy trabajosamente y nos fuimos a disfrutar de una rica cena (¡al menos para mí!). Nos tomamos unos tés de hierbas con vistas al lago y alrededor de un fuego que mantienen para hacerlo más placentero… muy agradable.

La playa será un buen momento para escribir sobre las vivencias y los datos recolectados sobre Kenia y su gente. Por ahora, voy tratando de mantener el ritmo 😉

Por cierto, otro memorable día de safari.

Casi en estado de naturaleza…

8 ENE 2019

Masai Mara

Empecemos con una foto, de una buena vez… ¡sí, hicimos el balloon safari!

Arriba a las 4am, un té bebido en el lounge del hotel y a la Land Cruiser de la Hot Air Safaris… El vuelo en globo ya nos había fas-ci-na-do en Capadocia y no íbamos a perdérnoslo aquí….

El trayecto de casi 50’ hasta el lugar de reunión con otras camionetas fue en sí mismo increíble. Noche cerrada, los faros iluminaban todo tipo de “alimentos” de las grandes bestias y a algunas de ellas mismas… vimos muchas (una vez más, muchas) hienas sobre el camino. No dábamos crédito.

Estuvimos estacionados solos en medio de la nada un buen rato, hasta que aparecieron otros candidatos al globo y el piloto mismo.

El paisaje, el mismo del embeleso…

Luego de una breve explicación, Casey (estadounidense) nos dio una serie de instrucciones vinculadas con que éramos solo 12 (y no 16 como admite el canasto) y con que soplaba una brisa considerable… así que arrancaríamos con el canasto acostado y nosotros mismos acostados (como sentados, si el canasto hubiera estado parado… bueno, estoy haciendo un lío, pero cuando relea esto me acordaré). También se ocupó de “bajarle el precio” al vuelo… no siempre se ven animales, no los tenemos atados esperándonos, a veces el viento no quiere que vayamos para el lado donde vemos a los animales, etcétera, etcétera.

¡Listos!

Casey tenía una GoPro adelante,

que permitió algunos de los lindos recuerdos que nos llevamos. Las vistas de la sabana eran soberbias

había solo otras dos compañías haciendo el vuelo hoy

y vimos el amanecer un tanto nublado… pero bello al fin (¡y amanece que no es poco 😉 !)

El momento más alto fue el de las manadas (sí, en plural…) de elefantes…

nos acercamos muchísimo…

Tampoco podían faltar nuestras compañeras jirafas

Y unas vistas lindísimas del Skinny River (así le llaman coloquialmente)

con algunas imágenes que nos recordaron a nuestro querido Ricardito… ¡estanques naturales!

Fin de fiesta y ¡tierra! Un aterrizaje in-cre-í-ble… ni un rebote… nada.

Luego, el consabido brindis, desayuno y entrega de certificado:

¡Ups! Alguien me estaba esperando 😉

Decididamente felices con la experiencia… bien vale la pena, algo muy distinto…

La vuelta con nuestro conductor fue un capítulo aparte… para empezar, nos encontramos con una de las manadas de elefantes, cerca, muy cerca

Pero lo verdaderamente impresionante de esa mañana sería el encuentro con un león y varias leonas… ¡ahí no más!

¿Qué puedo escribir? Aquí sí vale más una imagen…

De vuelta en el campamento a eso de las 10.30am, me puse a escribir en el balcón de la habitación. Mario se durmió leyendo, ya no se sentía bien otra vez… algo afiebrado, inapetente, un tanto preocupado.

Usé el horario del almuerzo para irme al lounge a subir las fotos del blog y publicar la entrada de ayer.

Habíamos quedado con Gerard en que nos pasaba a buscar a las 4pm para otro game drive. Mario insistía en que quería ir y en que el paracetamol le había hecho bien.

¡Menos mal! Lo que habríamos de vivir no tenía ni el menor resquicio en nuestra fantasía. De repente, la vista de un león

e ipso pucho, bajo la atenta mirada del Rey, la terrorífica imagen de dos leonas carroñando un hipopótamo…

Lo demás… el video… las fotos…

Extasiados, anonadados, maravillados y nauseados (el olor era intenso; las leonas no habían matado al hippo, con lo que podía tener algún tiempo muerto)… todo mezclado… creo que estuvimos una hora allí… imposible alejarse. Dos leones machos y cuatro hembras… un espectáculo.

Y cuando pensábamos que lo habíamos visto todo, ¡otra vez nuestros amados elefantes!

Mandela, un conservacionista con el que compartimos el vuelo en globo, nos contó que se ha constatado que los elefantes hacen duelo por sus muertos (they mourn their dead…). Gerard nos contó que ellos pay respect de cinco minutos de silencio y quietos ante los huesos de su especie… ¡Son tan inteligentes y tan bellos!

Nos despedimos comme il faut… saludando al sol…

PS// Mario está mejor. Esa noche misma se comunicó con mi hermana y, en función de los síntomas, desecharon empezar con antibióticos. Dieta + paracetamol, cumplidos hasta ahora a rajatabla. ¡Va bien!

Para nuestros muchos amigos sibaritas y paladares negros, ¡esta vez vamos mal con las fotos y las descripciones gastronómicas! Hay mucho picante, me animé a un dahl indio, con algo de aprensión pero resultó tolerable y sabroso. Contra todos mis pronósticos (y siendo que no me entusiasman demasiado los dulces, encontré un pie de manzanas y pasas con crumble delicioso y un pudding de blueberries, ídem 😉

Ahora sí… Masai Mara

7 ENE 2019

Masai Mara

¡Empezó la gran aventura! Safari significa “viaje” en suajili, un viaje especial a las maravillosas reservas de vida salvaje de África… Hasta ese lugar que todos destacan, hasta el Masai Mara, teníamos cerca de seis horas de trayecto en la Land Cruiser, algo de lo que muchos viajeros se quejan pero que resulta inevitable (bueno, al menos en los precios que habíamos decidido pagar).

Dejamos atrás el circuito comercial y financiero en el que nos alojamos en Nairobi —con centros comerciales y altas torres espejadas de oficinas, las mismas que podríamos encontrar en cualquier ciudad capital— y lentamente los barrios comenzaron a verse cada vez más pobres, precarios y aun marginales… nada que, por lo demás y muy tristemente, nos sea ajeno o desconocido.

Por afuera de la carretera de salida de Nairobi, las calles son de tierra colorada, de esa que lo tiñe todo. Abundan la chapa y los toldos, la mugre y el hacinamiento, las pequeñas despensas y los locales de venta de telefonía celular… Cada tanto hay un mercado y largas colas para tomar los matatus, transporte público ineficiente si los hay… minicombis de apenas cuatro filas por tres asientos, atestadas y fumigantes, pero seguramente una imprescindible fuente de trabajo.

La ruta también es protagonista de grandes obras: la carretera se expande en carriles, avanza en viejos caminos de tierra y, más adelante, la increíble traza del ferrocarril que unirá Ruanda, Uganda y Kenia… toda inversión china. Los carteles de la China Wu Yi cada tanto nos desean feliz viaje y nos piden que circulemos con cuidado y sin correr.

De repente, la ciudad parece esfumarse y la tierra colorada se hace linda con eucaliptus y otros árboles muy verdes y muy altos. La ruta también se hizo de carril simple, con tráfico de locos y gran cantidad de camiones que llevan o traen al puerto de Mombasa.

También de repente, apareció la cadena montañosa del este de Kenia a nuestra derecha y, a la izquierda, el inconmensurable despliegue del Rift Valley, una formación geológica que se inicia en Israel y atraviesa toda África… una verdadera belleza visual que el poco angular de mi cámara no pudo captar.

Todavía no estábamos ni en mitad del recorrido y lo que siguió fue duro: caminos de mejorado o ripio, caminos de tierra, entrecortado por breves tramos pavimentados del avance chino, sobre todo luego de pasar la pequeña ciudad de Narok.

Entre tanto, pueblitos pobres con masais coloridos

con sus palos, la shuka (tela o frazada que cuelgan de diversa manera y por múltiples propósitos de abrigo, sombra, contra el polvo), pastoreando todo tipo de ganado

el ubicuo camión cisterna, vital…

impresionante cantidad de escuelas, academias, ¡y universidades inverosímiles!

Me emocionan los uniformes escolares… que en medio de taaaaaanta pobreza y tanta mugre, haya niños idéntica e impecablemente vestidos me emociona…

Es lunes y hay mercado

y, más allá, mujeres lavando en un riacho

Luego de poco más de cinco horas llegamos a la entrada del parque. Un cartel de bienvenida ¡chino! no podía desentonar más…

y, en un abrir y cerrar de ojos, rodeados de mujeres y hombres masai dispuestos a vendernos todo… ¡y a los que ya no pude sacar fotos, obvio!

Entonces no lo supimos, pero todavía teníamos una hora de recorrida por el propio parque hasta llegar a nuestro campamento y, de entrada, ahí no más, una manada de elefantes…

un grupo soñado de ¡chitas!

más avestruces…

… y búfalos, gacelas, impalas, ¿tobbies?, y aves… miríadas de aves… tienen alrededor de 400 especies, solo superados por Costa Rica (ahí mismo donde ahora están Flor y Sebita).

Llegamos al Ashnil Camp… paradisíaco, y eso que no es de los más lujosos… muy en armonía con el entorno, ¡para quedarse a vivir!

Estos lugares están regenteados muy a la occidental, con mucho confort y cuidado. Aparentemente pagan fuertes cánones y se obligan a obras que, teóricamente, vuelven a las tribus locales. Hay serias dudas acerca de cuánto de esto es efectivamente así y cuánto queda en meandros gubernamentales o, directamente, en corrupción.

Como ya eran más de las 2.30pm, nos asignaron “una de las mejores carpas” (sobre el río) pero pasamos directamente a almorzar, porque tenemos pensión completa aquí.

[¡Cuán grave estará Mario que apenas si tomó una crema de vegetales, dos bocados de fillet de merluza y un té verde! Sigue revuelto del estómago, un poco nauseado… ya pasará, por suerte yo mantengo el apetito 😉 ]

La “mejor carpa” era la más lejana, pero bien valió la caminata…

Apenas si tuvimos tiempo en acomodarnos. A las 4pm nos volvía a buscar Gerard para nuestro safari vespertino…

Las sorpresas por la variedad de animales que estamos viendo no se hacían esperar… Arrancamos con ¡hienas! (fuertes y “maratonistas”, pueden correr largamente)

… así como con los testimonios de su paso…

un harén de impalas (un solo macho puede llegar a tener una centena de hembras… los otros machos “solteros” se entrenan en grupos para disputar esas hembras, el dominante de ellos entra en lucha con el macho del harén… y mientras tanto, sus compañeros disfrutan de la única oportunidad que tendrán de aparearse…). Increíblemente, asistimos por largos minutos a una de estas “disputas”. Con los binoculares pudimos apreciar perfectamente el juego del desafiante acercándose… chumbándose, idas y vueltas hasta trenzarse con sus cuernos y terminar con el harén partido en dos. ¡Cómo corrían y celaban a sus grupos de hembras! ¡No podíamos creer haber tenido la chance de asistir a semejante rito! Lástima no tener un objetivo adecuado… quedará en la memoria 😉

Seguimos con hipopótamos (que viven en el agua y salen a comer pastos… ¡y hacen el mismo ruido que escuchamos en la carpa al lado del río!)

sinfín de especies de pájaros, algunos migrantes europeos

manadas de búfalos

y un par de cebras

Más allá de la cantidad y variedad de animales que pudimos disfrutar, lo otro tanto o más maravilloso es el paisaje… esa sabana africana con distintos tonos de verde y algunos ocres, con las características acacias recortadas en el horizonte, con un toque de cielo amenazante y lluvia pasajera… estar en medio de esa inmensidad, sin demasiado turista… ¡un privilegio!

… ¡y qué decir de estas jirafas recortadas…!

¡Qué comienzo de safari! Fue un primer día inolvidable. Gerard nos devolvió al campamento poco después de las 7pm. Nos dimos una reparadora ducha de agua caliente, intenté vanamente escribir algo y a las 8.30pm nos fuimos a cenar. ¡Esta vez fue crema de hinojo para Mario! (a todo esto, delicia… ya está apuntada para la Thermomix 😉 ).

El fresco de la carpa es más que soportable… (además de que te preparan la cama con una bolsa de agua caliente enfundada en animal print!,el buen edredón hizo el resto).

En las carpas no hay internet, así que mis últimas fuerzas fueron para terminar Homo Deus… inquietante.

Caímos redondos hasta las 4am, hora en que sonó el despertador para… [continuará]

Un aperitivo salvaje

6 ENE 2019

Nairobi

Anoche la pasamos mal… no había manera de racionalizar lo que sentíamos… de nuevo los miedos, la vulnerabilidad de lo profundamente extranjero, no es fácil describirlo bien. Para empezar, nos enganchamos con la posibilidad de que la valija llegara a la 1am, y no llegó. Para entonces, ya estaba desvelada, terminando de escribir y subir fotos, mientras que Mario daba vueltas sin poder tampoco conciliar el sueño. Creo que no pegué un ojo… en mis fantasías un poco más llegué a estar adentro de la cabeza del león… ¡Ay!, la cabeza de homo sapiens

[En los ratos libres estoy ya terminando Homo Deus, de Harari… quizá eso también le añada angustia a estos días… Además, venir justo al lugar donde empezó todo… 70.000 años atrás… no estoy loca, creo que es sólo un poco de angustia existencial compatible con avanzada edad 🙁 ]

A las 5.15am sonó el despertador. No teníamos desodorante, ni muda de ropa (salvo una interior de emergencia que siempre llevamos), ni peine, ni cremas, ni dentífrico decente… Al menos nos habíamos duchado. Apenas preparé un té porque no nos pasaba bocado de lo que nos habían preparado para el desayuno.

Boicoteando otra de las pesadillas, Gerard estuvo 5.45am, con puntualidad británica. Todavía era noche cerrada y estaba algo fresco. La camioneta estaba bien provista de agua, galletitas, snacks, y hasta cerveza (¡que quedará para otro día!).

Llegamos al Nairobi National Park, uno de los más pequeños parques nacionales de Kenia (apenas 117km2) pero una experiencia única por el contraste que ofrece esa vida salvaje con el telón de fondo de una gran ciudad…

El paisaje a esa hora era de embeleso, sacado de Out of Africa

y nos dispusimos a disfrutarlo todo, con la gran guía y ayuda de Gerard, bien equipado: techo levadizo de la Land Cruiser, binoculares, libros de pájaros, mamíferos, animales salvajes, de todo…

Lo primero es pasar alrededor de un monumento emocionante, recuerdo de un acto considerado de gran valentía ejecutado por el entonces (1989) presidente Moi, quien armó una fogata de apenas 12 toneladas incautadas de marfil de elefantes. El mensaje quería ser clarísimo y fue seguido por otro presidente, Uhuru Kenyatta, en 2016 (quemando un valor de u$s 105 millones en marfil). He aquí el Burning Ivory Monument

El recorrido de avistaje duró unas tres horas, sin poder bajar de la camioneta, a puro disparo de cámara, celular y miradas sostenidas a través de los binoculares. Lamentablemente no tengo un objetivo digno de este tipo de fotografía; de hecho, el zoom de la cámara del celular resultó más potente, más allá de la calidad.

El arbusto-a-veces-árbol que predomina es la acacia

y el listado de animales que pudimos ver es, para una primera oportunidad, impresionante: leones,

antílopes,

avestruces,

rinoceronte blanco, con sus crías,

monos, cebras (muy de lejos), búfalos (también muy de lejos), jirafas masai (¡una panzada!),

impalas, gacelas, cocodrilo,

y una variedad increíble de aves, de las que no sé si tenemos bien los nombres (estuve auxiliándome con wordreference para las traducciones): buitres (que ayudan al ecosistema al recoger toda la carroña de las grandes bestias),

gaviotas, cigüeñas,

stilt (¿“zancudo” o “pilote”?, un ave tierna que se para en una sola pata)

Dejamos el parque alrededor de las 10.30am en dirección a un lugar increíble… la David Sheldrick Wildlife Trust, más conocido como el “Orfanato de elefantes” (“y de rinos”). La fundación se dedica a rescatar bebés de elefantes y rinos que han quedado huérfanos, principalmente por alguna intervención del hombre (matanza de elefantes para quitarles el marfil, por cacería, por desidia, etcétera). Los mantienen allí, los crían, los curan (en muchos casos llegan heridos, había uno con la trompa herida por una serpiente, sospechadamente lanzadas por el hombre para atrapar a los elefantes), todo hasta que están en condiciones de volver a la vida salvaje.

El lugar abre al público entre las 11am y las 12pm, organizándose alrededor de un cúmulo de tierra arcillosa, agua e hierbas para conocer a los bebés, tocarlos y, eventualmente, recibir una “trompada” de elefante, agua o barro… ¡todo puede ser!

La explicación que nos brindaron a medida que entraban los bebés fue muy completa, concienzuda y ¡tierna! Es increíble lo que hace esta gente…

Primero apareció un bebé rino, de apenas 2 meses de edad, cuya mamá lo rechazaba por haber sido separado de ella por el hombre. Ya no lo quería alimentar…

Luego fue el turno de una primera tanda de elefantes… ¡de comérselos! Eran los really babies… de pocos meses hasta tres años. Los hicieron ingresar tentándolos con biberones gigantes de una leche con una fórmula parecida a la leche materna

Tan beeeeeeeeeellos…

El grupo de los de 3 años promedio era también muy lindo…

Para entonces… ¡extasiados!, pero todavía quedaba el Giraffe Center, una fundación para la preservación de animales en riesgo de extinción, en este caso, la jirafa Rothschild… ¡por favor, qué tiernas que son!

… y a dejarse babear…

Para la 1.30pm todos nuestros miedos se habían esfumado pero nos sobrevino un cansancio atroz… Le agradecimos en todos los idiomas a Gerard (incluido el suajili, obviamente, “asante”), quien se está ganando largamente la acostumbrada propina al final del safari.

Volvimos al hotel, nos comimos el desayuno que había quedado en la heladera y “nos echamos a dormir la siesta”, contra todos los mandamientos del buen viajero… ¡no dábamos más!

A eso de las 5pm nos fuimos hasta otro mall también vecino al hotel… ¡decadente!, cantidad de negocios vacíos, una depresión de domingo. Regresamos al del día anterior, dimos unas vueltas y reincidimos en comprar algo tranquilo para cenar.

[Olvidé de contar que en este centro comercial hubo un atentado terrorista con decenas de muertos… ¡en 2013!, así que el ingreso es por un arco de rayos X y con bolsos y carteras pasando por la cinta… La disputa con Somalia cada tanto se cobra víctimas de un lado y otro]

Seguramente producto de tantas emociones seguimos un poco revueltos, así que mal no vendrá hacer un poco de dieta… ¡Hay que prepararse para la pensión completa del safari que empieza mañana, ja ja!

Por fin nos hemos conectado con esta parte del viaje, ya más relajados y felices por el día de hoy.

… this is Africa!

5 ENE 2019

Nairobi

La conexión entre los dos vuelos en Doha fue vertiginosa… teníamos poco más de una hora entre vuelo y vuelo. El desembarque y nuevo embarque demandó un poco más… Es que a pesar de ser un aeropuerto gigante y ultra moderno, ¡casi no hay mangas! ¡Otro aeropuerto musculosa! (Ni siquiera era un tema de “sudacas”, porque veníamos de Madrid…).

En cualquier caso, tuvimos largo trecho desde un avión a la terminal, controles, la gate más lejana (con trencito incluido), puerta a las corridas, nuevo traslado en bus… y lo que temíamos: llegamos nosotros a Nairobi, pero la valija no…

Prometieron enviarla al hotel esta noche misma… teóricamente llegará a la 1am… ¡queremos verlo! Estamos sin ropa para cambiarnos y sin los artículos “gruesos” de perfumería.

El avión aterrizó cerca de las 2.30pm (tenemos una diferencia horaria con Argentina de 6 horas; con España eran 4).

El trámite de migraciones fue verdaderamente exprés gracias a la e-Visa. Cambié plata local (1u$s = KES 100, chelines kenianos) en una sede del National Bank en el aeropuerto.

Afuera nos esperaba James, de Alliance Destinations, con un cartel que buscaba a “Mario y Andrea”. James fue mi interlocutor por un mes vía e-mail. Le habíamos pagado un porcentaje vía PayPal, así que venía a presentarse y a cerrar la contratación. En el estacionamiento ya nos esperaban Gerard (nuestro conductor y guía en el safari que comenzará el domingo 7 muy temprano) y nuestro auto, una Land Cruiser espléndida y confortable.

Pronto sabríamos que el tráfico en Kenia, y particularmente en Nairobi, es un infierno… Más todavía, porque parte del tramo lo era por la ruta que une a esta capital con la ciudad comercialmente importante: el puerto de Mombasa, sobre el Índico, la puerta de entrada y salida de todo el África del Este, un puerto natural sin par en toda la costa.

[En la medida de nuestras posibilidades y del entendimiento del inglés de esta gente (a veces, muy distinto), iremos dando detalles históricos y geográficos del país y de las zonas que visitemos.]

Ya sabíamos del incomparable interés por Mombasa de parte de todas las potencias a lo largo de la historia: portugueses, árabes, británicos… ¡y hasta alemanes! (Hoy en día, aunque respecto de toda Kenia, ¡los chinos!, que tienen sus propios barrios y se están comprando todo).

Nairobi tiene alrededor de 4 millones de habitantes, y según James, más allá del tráfico horroroso, es una linda ciudad para vivir.

La herencia inglesa se siente en la vida cotidiana. Hasta ahora, lo más evidente han sido el inglés, la circulación por la izquierda ¡y las rotondas!, “la peor herencia recibida”, dice James, y no tenemos más remedio que comparar con nuestra propia experiencia con las rotondas: otro lugar donde “no funcionan”, para el que hacen falta semáforos (o, como acá, oficiales de tránsito) y al que los altos misterios de la ley de “ceda el paso al ingresar a la rotonda” no le han sido develados… ¡Eso mismo que tan bien funciona en toda Gran Bretaña y el resto de Europa! Tampoco habría que olvidarse del té… o del enchufe con esas patas gigantes…

[Estoy con bastante aprensión en este viaje… hemos leído episodios te-rri-bles de inseguridad, robos (algunos violentos) y escuchado advertencias apocalípticas… Para decirlo de una buena vez, todavía no saqué la cámara de foto… estoy muerta de miedo tomando las fotos con el celular… supongo que ya pasará… pero esto apunta a explicar las malas-rápidas-fotos que estamos sacando]

Desde la camioneta James y Gerard nos fueron identificando algunos lugares por los que pasábamos: el Parlamento

un monumento al primer presidente de la Kenia independiente, Jomo Kenyatta (1964-1978)

un parque un tanto desarreglado

y el campus más grande (hay varios) de la Universidad de Nairobi, con la Facultad de Medicina. Esa universidad es pública, arancelada pero “nada cara”, comparada con las universidades privadas. El acceso a la universidad y el monto de las cuotas depende de un promedio de las calificaciones que se acumulan entre preescolar (3 años), primaria (8 años) y secundaria (4 años).

Finalmente llegamos al barrio más comercial y animado, donde nos recomendaron parar. Nuestro hotel, The Landmark Suites, tiene una ubicación óptima (9.0 en booking.com), pegado a dos centros comerciales.

Allí nos sacamos fotos con nuestros anfitriones

cerramos nuestro trato, incluido un tour por el National Park de Nairobi mañana muy temprano. James estuvo por demás de amable con datos sobre SIM card (que ya compré), cambio de divisa, traslados en la ciudad, traslados en las ciudades de playa en las que estaremos por nuestra cuenta (con teléfonos de taxistas recomendados).

Grande sería nuestra sorpresa cuando entramos a la “habitación” (mejor sería llamarlo “departamento de dos ambientes más que amplio”)… las fotos hablan por sí solas:

El resto de la tarde se nos fue en acomodar nuestras propias cosas, tomarnos un té, guardar “todo”en la caja de seguridad, salir para el centro comercial en busca de la SIM card para el celular (tuve que presentar pasaporte, así que fuimos y volvimos un par de veces) y algo para comer. Tal y como sospechábamos, el influjo predominante en gastronomía viene de la India… se huele en todos lados. Vamos a dejar que nos sorprenda… en el safari tenemos pensión completa, así que se verá.

Por ahora, mejor comer algo occidental y liviano en nuestro depto… venimos cansados y un poco revueltos por la ansiedad, la valija, la vida… ja ja, ya se nos pasará 😉

Mientras tanto, como mañana nos pasan a buscar a las 5.45am para ingresar entre los primeros al parque, ya nos dejaron un desayuno que tomaremos temprano.

¡Empieza la aventura! Por alguna razón, ni Marruecos ni Egipto fueron «África»… ésta, la que empezamos a ver hoy, ésta es África.

Invierno + sol en Madrid

4 ENE 2018

Madrid – Doha – Nairobi

Esta crónica sí que va a ser corta… solo para vincular el día con la partida hacia nuestro destino de viaje.

Amanecimos tarde para España (8.30am) y temprano para Argentina (4.30am), pero se sabe que el primer día es así. Decidimos hacer una recorrida liviana, desayunar, dejar formalmente la habitación al mediodía, recorrer otro poco y volver por el equipaje para ir al aeropuerto.

El día era precioso: un invierno más que fresco pero soleado… un placer para caminar y recorrer. Nos decidimos por algunos lugares que alguno de los dos no había conocido. Por ejemplo, ninguno había trepado al edificio del Correo, hoy un Centro Cultural maravilloso con un mirador que da una panorámica amplísima de Madrid, incluida —¡claro!— la Cibeles a sus pies

Otro lugar al que ninguno había entrado era la Catedral de la Almudena, moderna, pegada al Palacio Real, donde se casaron Felipe VI y Letizia…

El gentío asombroso seguía, muchos compatriotas italianos, españoles de otros lugares del país, niños y adolescentes de vacaciones, colas para entrar en cualquier lado, sitios cerrados hasta el 5 de enero o hasta el 8.

Caminamos hasta Plaza España, remodelándose,

y nos decantamos por seguir por la Gran Vía para llegar al Parque del Retiro. Increíblemente, yo no lo conocía por dentro (¡ya estuve cuatro veces en El Prado, el Reina Sofía y el Thyssen, pero nunca había ingresado al parque!).

En el Parque del Retiro hay un par de palacios que funcionan como subsedes del Museo Reina Sofía. Había un pabellón con obras de un tal Dierk Schmidt. La muestra se llamaba “Culpa y deudas” y, desde la teoría de lo que se anunciaba, era muy convocante… incluso, con un cuestionamiento a algo que nos toca de cerca en este viaje: el “reparto” (catastrófico) de África que hicieron las potencias en la Conferencia de Berlín de 1884. Sin embargo las obras no nos conmovieron en lo más mínimo… o, seguramente, no tenemos las herramientas como para…

En cambio, muy distinto sería lo que nos provocaría el propio Palacio de Cristal en el Parque

y la muestra Invisibles de Jaume Plensa… tres bellas cabezas suspendidas, etéreas, cambiantes según la luz y nuestra propia ubicación… genialmente integradas a la arquitectura del Palacio… inolvidables:

Desde allí trepamos hasta el hotel, pasando por un barrio muy chic, con boutiques singulares y encuentros inesperados:

El resto, un trámite más que sencillo: recoger equipaje, tomar metro hasta Atocha y, allí, bus al aeropuerto (excelente servicio, pasa cada 15’ en horas pico, 24h/7d, 5 euros…; también para en Cibeles).

Ya en el aeropuerto chequeamos rápidamente el equipaje por Qatar (una sola valija; la otra quedó en consigna en T1 de Barajas) y pudimos cambiar asientos a puerta de emergencia en el tramo Doha-Nairobi.

El avión para el tramo Madrid-Doha estaba lleno (literal) y ¡de niños! Pudimos descansar, no obstante, y comprobamos que Qatar también tiene un servicio excelente, al igual que Emirates, con la que tuvimos la fortuna de volar varias veces.

Nuestro primer tramo demandaba unas 6 horas y poco; el segundo, 5 horas y tanto. A dormir…

¡Ya en Madrid!

3 ENE 2019

Diríamos que ya en Madrid porque se alinearon varios planetas… Llegamos al Aeropuerto de Fisherton el miércoles 2, a las 4.45pm, diluviando y en medio de una tormenta eléctrica.

Nos despacharon las valijas con un «sujeto a condiciones meteorológicas», que no solo eran las de Rosario sino las de los lugares de partida de los vuelos que, luego, partirían desde Rosario… o sea… Las cuentas no nos daban. Un remise a Ezeiza a esa hora era una locura total… la imagen de la «reprogramación de vuelos», catastrófica, por el empalme con el vuelo de Madrid a Nairobi que hubiera quedado súper ajustado…

Mario lo llamó inmediatamente a Edu (para no iniciados: nuestro adorado Eduardo L’Episcopo, pareja de Lola, controlador aéreo en Fisherton) ¡que justo estaba en el aeropuerto! Bajó a tomar un café con nosotros y a darnos ánimo. La verdad es que para entonces no se sabía bien qué ocurriría. El vuelo de Mendoza estaba aterrizado. Nuestra conjetura es que usaron ése para el vuelo a Ezeiza (habitualmente es un vuelo que conecta a Aeroparque) sacando cuentas del desastre que supondría reprogramar todas las conexiones internacionales que se caían… Conclusión: nosotros salimos a horario…

y los pobres con destino a Aeroparque…¡quién sabe!

Llegamos lo más bien a Ezeiza, ingresamos, picamos unos bastones de mozzarella en McDonald’s (¡pésimo comienzo, Andrea!, pero una idea genial para el embarque…) y subimos al avión hiper puntuales.

El vuelo sin problemas, más allá de mi sugestión «cambio climático»… estoy convencida de que experimento turbulencias que nunca antes… ¡ya no hay vuelos tranquilos!

La oferta de películas no era abundante… había sí algunas buenas, como «Zama», una pendiente y recomendada por todo lo alto (Mario leyó el libro de Di Benedetto). Empecé a verla pero me venció el sueño (esto fue entre las 0.30 y las 2am nuestras), el mal audio y los subtítulos en inglés… no escuchaba bien en español pero no llegaba a comparar lo que escuchaba con el ejercicio de traducir el subtitulado en inglés… puaj… A poco menos de los dos tercios decidí abandonarla y darle una mejor chance… Lo poco que vi me pareció increíble… bellamente filmado, narrado, actuado…

Excelente la atención de Aerolíneas Argentinas, nada de lo que quejarse.

Ya en Barajas, todo OK, ingreso, valijas

Dejamos una valija de ropa de «profesores» para «el invierno» en una consigna en la Terminal 1. Eso sí, discusión mediante… por e-mail me habían dicho un precio y ahora resultaba un tercio más… La discusión terminó comme d’habitude: marche preso el cliente. En fin…

Nos tomamos un bus hasta la Cibeles… desde nuestro primer viaje juntos a Madrid nos sentamos en un banco de bus para admirarla… tan bella… lo hemos repetido siempre. ¡Y, oh sorpresa, el bus nos paró justo allí!

y seguimos por el metro hasta el hotel que había contratado por Booking: Hola Rooms, cerca de la plaza Tirso de Molina. El barrio, pegado a Lavapiés, está en la movida madrileña… medio inmigrantes, medio bohemia, medio diseño… Nos gustó, y a mano de todo.

Nos acomodamos en una habitación muy cool y salimos hacia la Puerta del Sol… indescriptible el gentío… ¿turistas? ¿múltiples feriados puente? ¿de dónde sale TANTA gente?

La sensación era tanto más impactante por la conjunción de peatonales que hay en esta zona… multitudes (literal) reunidas en calles, plazas, negocios…, eso mismo, negocios llenos de gente, colas para tomar café, para comprar un bocadillo, para los cines y los teatros… una ebullición muy llamativa.

Por lo demás, la ciudad estaba bella…

¡y hasta con actos republicanos en repudio de toda la no-movida por el traslado de los restos de Franco!

Llegamos hasta la Gran Vía, engalanada de fiestas… ¡y gente, más gente, por todos lados!

volvimos nuestros pasos hasta la Plaza Mayor…

recordamos a Cuchilleros…

y volvimos nuestros pasos hasta un lugar de comida española típica recomendado en el barrio: la Taberna del Sur… mejor, la foto:

No hay palabras para describir el placer que nos da la gastronomía española… en dos palabras, «im-presionante».

Y aquí estoy, escribiendo con jet-lag hasta que me venga el sueño. Mañana haremos algún paseo y ya por la noche, ¡vuelo a Nairobi!

A punto de 2019… Jambo!

Jambo!

A punto de iniciar otra crónica de viajes, una muy especial. Aprovechando una ida obligada a la madre patria española para fines de enero, nos adelantamos y desviamos a Kenia, al «África negra», nuestra primera incursión por estos lares, otro viaje largamente soñado. Arrancamos el miércoles 2 (ROS/EZE/MAD, vía Aerolíneas Argentinas, aguante la conciliación obligatoria, ¡por favor!… a la vuelta hagan lo que quieran), seguimos el viernes 4 a Nairobi.

Voy entusiasmadísima y, desde hace dos días, con unas cosquillas de miedo.

Consultándolo con Mario, conversándolo con Lola (que estuvo en Kenia) y algo más con María y Flor (que estuvieron en otros países de África negra), con nuestros amigos viajeros Ricardo y Alejandra, con Agustín…  ¡y con la inestimable ayuda de mi biblia Lonely Planet!, armé el viaje sola: saqué los aéreos Madrid/Nairobi/Mombasa/Madrid, me sumergí en Safari Bookings hasta dar con James, de Alliance Destinations, que acomodó el itinerario para ajustarlo a nuestros intereses, reservé más hoteles (Madrid, Nairobi, Lamu, Watamu…) y más vuelos (Mombasa/Lamu, Lamu/Malindi) y, básicamente, me sumergí en un mar de palabras nuevas y difíciles de retener, en geografías que nadie me enseñó y en ansiedades por lo exótico, lo salvaje, lo inimaginable…

Anteayer se me ocurrió meterme en la página oficial de Kenia por la visa (algo que, supuestamente, podíamos hacer en el aeropuerto mismo). Chateando con una oficial, me dice que sin la e-Visa no nos iban a dejar abordar el avión a Nairobi… cuac!  Y para esto teníamos tres días laborables, a menos que pagáramos por un trámite urgente y no sé cuánta cosa más… El final del cuento es que tramitamos la e-Visa de inmediato y que, con trámite normal, la obtuvimos en menos de 12 horas. Muy gentiles, pero me parece que sólo quieren evitarse las colas en el aeropuerto y recaudar (el chiste costó u$s 216 para los dos). Nos quedamos con una sensación rara…

Esa misma tarde, a Mario se le ocurrió surfear en la tele tras programas de viaje o de «españoles por el mundo» referidos a Kenia. De repente apareció una mujer contando cómo la habían embaucado con un safari… re-que-te-cuac! ¿Existirá el solícito James y su Alliance Destinations? ¿Habremos contratado un safari? Ay…

En fin… a confiar, a cuidarnos, a preparar «banquinas» (como decía el querido y recordado Titi) y a estar dispuestos a que todo forme parte de la crónica.

«Me gusta la palabra crónica. Me gusta, para empezar, que en la palabra crónica aceche cronos,el tiempo. Siempre que alguien escribe, escribe sobre el tiempo, pero la crónica (muy en particular) es un intento siempre fracasado de atrapar el tiempo en que uno vive. Su fracaso es una garantía: permite intentarlo una y otra vez, y fracasar e intentarlo de nuevo, y otra vez»

(Martín Caparrós, Por la crónica)