Aquí Medellín, Colombia

26SEP2016 – 29SEP2016

¡Qué lindo volver a esta ciudad! ¡Qué lindo reencontrarnos con mi amiga Diana Ramírez Carvajal!


Invitados por la Red Interinstitucional de Derecho Procesal y Justicia (formada por el Colegio de Jueces y Fiscales de Antioquia y varias universidades de la región, coordinada por Diana), participamos del III Seminario Internacional sobre «Argumentación y Oralidad», que tendría lugar los días 27 y 28 de septiembre.

Llegamos apenas pasado el mediodía del sábado 24, en un vuelo excelente de Copa, vía Panamá. En el aeropuerto de Río Negro (Medellín) nos esperaba Diana y el «invierno paisa» («la húmeda»), aunque finalmente no sufriéramos ni de tanta lluvia ni de ese apenas fresquito de la ciudad de la eterna primavera.

Diana nos llevó hasta el hotel Poblado Plaza, aquel mismo que conocí cuando vine por primera vez a Medellín, allá por 2006 si la memoria no me falla. El hotel es excelente, tanto por sus servicios como por su ubicación. La avenida Poblado es muy linda para caminar y al lado hay dos centros comerciales inmensos (Oviedo y Santafé), rodeados de lindos lugares para comer y pasear.

Almorzamos riquísimo con Diana en Creppes & Waffles, un clásico colombiano que también vi en Panamá, y nos acomodamos un rato en el hotel. Diana volvía a su finca de Río Negro, en las afueras de Medellín, lugar donde está finalmente radicada y en cuya universidad -la Universidad Católica de Oriente-está ahora como Decana de Posgrados.

Teníamos la tarde libre y nos decidimos por la recomendación de Diana de ir a ver cine colombiano en el Oviedo. La película Los nadies es durísima, pero un bello y certero cuadro de la vida de muchos de nuestros jóvenes latinoamericanos. Filmada en blanco y negro, no es lascerante ni violenta, más bien lleva a la tristeza y al desasosiego… Muy buena.


Al salir nos cruzamos a uno de los mejores lugares para comer arepas: J y C, que trabajan las arepas como pizzetas, con distintos ingredientes arriba. Con un par de Club Colombia rojas, una delicia.

El domingo 25 nos pasó a buscar Camilo Garzón, un joven colaborador de Diana en la Red y profesor de la Universidad Cooperativa de Colombia (sede Medellín), junto con su esposa Luisa. Ambos están recién casados y son, sencillamente, encantadores. En nuestro hotel también estaba alojado el profesor de la Universidad de Bordeaux (Francia), Arnaud Martin, investigador especialista en derecho transicional (ese «hiato»jurídico que se aplica a los casos de intento de vuelta a la normalidad institucional luego de una guerra o de alguna situación traumática en la vida de un país; en el caso colombiano, esto es parte del régimen jurídico a aplicar para el caso de los acuerdos de paz, el perdón, la memoria, la restauración a las víctimas, los juicios de la verdad, etcétera; otro ejemplo es el de Sudáfrica luego del apartheid… nos preguntábamos por las dificultades que atravesamos con nuestro propio derecho transicional…).

El trayecto en auto hasta Río Negro dura poco más de una hora y la verdad es que lo pasamos muy entretenidos. Arnaud habla un respetabilísimo español y comprende casi todo, con lo que la conversación fue por demás fluida: Argentina, Chile (donde él había estado ocasionalmente), Colombia, el plebiscito «por la paz», la universidad, la enseñanza en general, la política francesa, la europea, la latinoamericana, el burkini, Charlie Hebdo y tanto, tanto más.

Llegamos a la finca de Diana y Carlos en Río Negro… qué maravilla volver a ese paisaje… había estado aquí la primera vez y ya me habían asombrado esas montañas verde oscuro… El plan era comer un asado allí (Diana hizo un asado digno de un argentino, ja ja, delicioso), conversar y compartir con dos de los hijos: Vanessa (que estudia Literatura y escribe) y César (abogado, funcionario del Poder Judicial); más tarde vino una colega de Diana en la UCO, Beatriz, una joven abogada encantadora, que está haciendo su Doctorado en la UCA en Buenos Aires, especialista en Derecho Ambiental.

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La realidad es que no paramos de conversar animadamente hasta pasadas las 6pm… ¡sin darnos cuenta! Final del día rimbombante: chocolate caliente con arepitas de choclo… delicia.

Siempre, con la compañía de las increíbles parejas de perros:

Antes, habíamos hecho una recorrida por la finca, modelo de pequeña economía familiar, prontos a dedicarse a la exportación de palta («aguacate», aquí) Hass… una maravilla…

Diana y Carlos tienen una vida envidiable aquí… a 10′ de la universidad donde trabaja, pudiendo hacerlo ambos también desde su casa, el entorno es tan relajante… clima inigualable (26° promedio todo el año), verde sedante, contacto directo con la naturaleza, excelente wifi… What else?, diría George Clooney.

Regresamos al hotel luego de un viaje horrible para los pobres Camilo y Luisa… la congestión de autos que volvían desde Río Negro a Medellín era brutal… volvimos propiamente que a paso de hombre.

El lunes 26 lo dedicamos a organizar nuestros días de descanso y a hacer algo de compras. Gracias al contacto de la profesora Beatriz, dimos con su prima, de una agencia de turismo. Todo el contacto fue por teléfono y, luego de unas aparentes dificultades iniciales (no había disponibilidad en unos vuelos chárter), terminamos haciendo nuestra voluntad: pasar unos días en Capurganá, en la región de Chocó, noroeste del país, en el límite con Panamá, todavía el Caribe. No hubo manera de convencernos para ir a la más mundana San Andrés… vamos por lo agreste, lo rústico 😉   Ya tenemos nuestro «paquete» para pasar 6 noches en el Nautilos de Capurganá… vía avioneta de ADA a Acandí y lancha hasta el destino.

El martes 27 la actividad empezó tempranísimo. Nos pasaron a buscar junto a una profesora portorriqueña encantadora a las 7.30am para ir a Plaza Mayor, el magnífico centro de convenciones de la ciudad de Medellín.

La apertura del Seminario fue con bombos y platillos: la presidente de la Corte Suprema de Justicia nacional y el gran constitucionalista Carlos Bernal Pulido. Ambas intervenciones (con su dimensión más política y académica, respectivamente) estuvieron estupendas… ¡aprendemos tanto! De las diferencias, pero también de los lugares comunes de los problemas en Latinoamérica, claro.

La actividad se extendió hasta las 12, en que fuimos todos juntos a almorzar a uno de los restaurantes espléndidos del complejo. Para las 2pm ya estábamos de vuelta en el Seminario con un panel sobre Justicia Transicional en el que hablaba Arnaud. De nuevo, muy interesante todo.

De vuelta en el hotel alrededor de las 7pm, cenamos todos los panelistas y organizadores juntos.

La segunda jornada del Seminario era la de nuestra participación; yo por la mañana; Mario a la tarde. Creemos que salió todo muy lindo y que nos fue muy bien. Uno siempre piensa que pudo haber sido mejor, pero recibimos comentarios elogiosos y cálidos.

 

Eso sí, terminamos el día agotados. Llegamos al hotel, nos pusimos cómodos y salimos a caminar. Había que buscar el saco de Mario (que había quedado para alargar mangas) y buscar el enésimo bolso de viaje que compramos… La avioneta de ADA y la lancha por el mar picado del Caribe no son aptas para valijas 😉

 

Jueves 29 era día de visitas e intervenciones nuestras en universidades participantes de la Red. Temprano dejamos el hotel con las valijas y nos subimos al auto de Camilo Yepes, nuestro alumno el año pasado en el Doctorado de Medellín y profesor de la Universidad Autónoma. Esta universidad tiene una linda historia de fundación: hace 50 años (se cumplen este año) un grupo de estudiantes y profesores dejaron la Universidad de Medellín reclamando «poder estudiar» y, para ello, fundaron la Universidad Autónoma. Sobre las bases de la reforma argentina, copiaron el estatuto de la Universidad Nacional de Córdoba y tienen un cogobierno de profesores y estudiantes que condiciona bastante el rumbo y las decisiones. Sus alumnos proceden de estratos medio-bajos, tienen una de las matrículas más altas en la región y fuerte presencia de sus egresados en instituciones públicas (particularmente, judicatura).

Nos recibieron cálidamente el Decano y el Vice, nos acompañaron al auditorio atiborrado de alumnos donde dimos clase. Una excelente experiencia, con un grupo de estudiantes entusiastas y curiosos, que culminó con un almuerzo allí mismo y una visita por las instalaciones (lo más impactante para nosotros, la «Notaría Académica», donde se simulan con precisión las actividades de una escribanía real… sin desperdicio la profesora a cargo y toda la actividad que despliegan, increíble).


Camilo Yepes nos llevó al encuentro de Camilo Garzón, con quien cambiaríamos de auto para las valijas en el estacionamiento de un centro comercial en el que están las oficinas de Copa. La idea era intentar un cambio en vuelo por el horario de partida del tramo Medellín-Panamá para la vuelta (tenemos 9 horas de espera en ese aeropuerto para la conexión con Rosario) pero no pudo ser… conviene pasar esas 9 horas en un 5*, la banda tarifaria es imposible.

Camilo Garzón y su mujer Luisa nos llevaron hasta su estudio (divino, en un barrio precioso) y de ahí partimos a la Universidad Cooperativa de Colombia (sede Medellín; en la sede Bogotá estuve dos veces, el año pasado y el anteaño).

El edificio de la UCC está recién estrenado… moderno, inteligente, funcional y con una terraza con vistas increíbles de Medellín. Da mucha envidia…. aunque es cierto que, a diferencia de la Medellín o de la Católica de Oriente, no tiene un entorno de vegetación exuberante. Es una torre en medio del centro de la ciudad, pero ciertamente con todas las comodidades imaginables. Impresionante.


También aquí nos recibió el Decano, recorrimos instalaciones y finalmente fuimos a un aula a la que se habían convocado a otros profesores y estudiantes. Dimos clase para ellos (¡yo de intervención de tercerooooos!, malabarismos con un tema tan técnico, salió más o menos bien; Mario de la organización judicial en Argentina y de la toma de decisión judicial…). Creo que estuvimos hora y media entreteniendo a esa gente, son tan pero tan amables y dispuestos que solo esperamos poder retribuir en algo todas estas atenciones.

Terminada la clase, Camilo nos llevó a Río Negro, a casa de Diana. Su otra hija (Isabel) tuvo un bebé en marzo, están radicados en Canadá junto a su marido paisa y habían llegado de visita por unas cuantas semanas. Afortunadamente, la casa es grande… y no nos sentimos tan mal por aceptar la cálida invitación de los amigos 😉

 

 

 

 

 

 

 

Escenas de la vida en Acandí

7OCT2016

Tempranito, empezamos la partida… muelle de Capurganá, lancha movediza, muelle de Acandí, carro guiado por nuestro ya amigo Germán.

En Acandí hicimos tiempo hasta el «aeropuerto», tomando unos jugos de maracuyá… delicias antes de la vuelta.

Lo que sigue, registro fotográfico de un pueblo costeño (caribeño) de 13.000 habitantes, carros tirados por burros, bicicletas, motos y 7 (¡siete!) autos… no tienen ruta de conexión con el resto del territorio… Es el avión o una lancha de hora y media hasta Turbo y, de ahí, 9 horas de bus a Medellín… Un privilegio poder ser testigos de todo esto.

Mejor, fotos.

Escribo esto desde Río Negro, ya en casa de Diana. Carlos nos fue a buscar al aeropuerto. Queda poco…

Sapzurro (Colombia) y La Miel (Panamá)

4OCT2016

El día era el designado para la excursión a la frontera con Panamá, la frontera entre Sudamérica y América Central. Nuevamente, trayectos en barco de apenas 5′, un mar azul bellísimo y una vegetación que, día a día, se nos aparecía como más exuberante, selvática, de un verde profundísimo.

Sapzurro es un corregimiento fronterizo de apenas 200 y tantos habitantes. Nos impactó la prolijidad, la limpieza… y el kitsch…

La trepada de 257 escalones fue durísima, pero lo logramos:

Del lado panameño, La Miel tenía menos encanto como pueblo

pero la playa… ay, qué hermosa:

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Nos quedamos buen rato en el agua, en la playa. Caminé ida y vuelta por esa playa corta, pensando cuándo sería la próxima vez que pisaría la arena húmeda… Me metí en el duty free de La Miel (un galpón grande, básicamente con bebidas alcohólicas), de puro curiosa y sin comprar nada. A eso de la 1pm partimos de vuelta para Sapzurro al almuerzo. Esta vez, corvina de principal (llevo todo este tiempo comiendo solo pescado… feliz).

El almuerzo estuvo muy simpático. Desde que llegamos el sábado fuimos rotando los grupos de excursión. Sucede que los turistas colombianos vienen solo por cuatro días (nosotros vinimos por seis), con lo que nos vamos alternando con el resto. Prácticamente no hay extranjeros en esta zona que no sean jóvenes mochileros. El resto, todo turismo nacional. Hay parejas jóvenes, parejas de pensionados, mujeres solas y un muchacho también solo. Todos son muy gentiles y les intriga sobremanera saber qué hacemos acá, cómo es que llegamos a esta zona remota y de dónde venimos.

El postre era ofrecido por Chila, la famosa creadora de helados de palito, todos a base de leche de coco, en su heladerita tirada por un carro… ¡a u$s 0.50!

Al terminar el almuerzo nos fuimos a la playa de Sapzurro. La arena no era tan blanca y limpia como la de La Miel, pero el agua estaba «deliciosa», como gustan decir aquí.

Unos niños paseaban cachorros de pitbulls, uno con correa, otro sin. En mi imaginario, son perros imprevisibles y de temer. Cansada, me eché a leer en la arena y… de repente, mis fobias más atávicas: tenía un pitbull negro encima mío, queriendo jugar y llenándome de arena. Desencajada, empecé a los gritos: «¡sáquenme este perro de acá! ¡sáquenlo! ¡no es broma!»… Terminé en el agua, taquicárdica, odiándome y justificándome… en fin, me mufé 🙁   Acontece…

 

5OCT2016

Escribo esto el miércoles 5. Hoy estuvimos todo el día en el hotel. A media mañana terminé «Las partículas elementales», llorando en una mezcla de tristeza existencial, admiración por la trama y lamento por no desear leer Corín Tellado… Entre medio, ya había entrado y salido del mar varias veces… ¿Dijimos que la temperatura del agua es i-de-al? Nada de sufrimientos, ni antes ni durante ni después… increíble.

Al rato me enganché ferozmente con el blog, despotriqué contra la lentitud de la carga de las fotos, corté, volví, empecé un nuevo libro (Javier Cercas, «Las leyes de la frontera»), almorzamos, volví a escribir, a leer, al mar…

Pensaba también en todo lo que le debemos al derecho y al derecho procesal… Esta posibilidad de viajar conociendo en mayor profundidad nuevas tierras y su gente, un privilegio.

Son las 9.30pm aquí, hora de ir cerrando.

 

 

 

 

 

Playa Soledad y Bahía Aguacate

2OCT2016

Domingo de plebiscito en Colombia. Todos aquí parecen alejados de esta preocupación. La mayoría de nuestros acompañantes en la excursión incluida en el «paquete» piensa que «todo está cuadrado para que gane el sí», así que ¿para qué molestarse en ir a votar?

Don Aldo preparó todo para la salida: salvavidas, instrucciones, compra de agua y «calzado para mojar». Buena parte de la actividad del día era subir y bajar del barco directamente al agua, sin muelle.

Partimos 9.30am; en el muelle subimos a un barco de propiedad del propio Nautilos Capurganá en medio de un clima distendido y bien dispuesto a pasarla bien.

Primero hicimos una parada en Bahía Aguacate, pero sólo para dejar allí la comanda del almuerzo. Elegimos pargo y otro pescado cuyo nombre no puedo repetir (pargo, róbalo y sierra son, en cambio, ya viejos conocidos).

Continuamos hasta el punto en que debíamos desembarcar

y empezar a cruzar manglares en medio de paisajes de película (de hecho, en parajes como éstos se realizan las filmaciones de un programa con formato global; aquí se llama «Desafío» y consiste en sobrevivir a estos lares y sus inclemencias. Las vistas, el mar, las piedras y la vegetación nos abrían todo el tiempo la boca:

Luego de una caminata de aventura, llegábamos a Playa Soledad

y allí disfrutamos de un reconfortante baño de mar y sol…

En este momento, en Playa Soledad no hay nada… solo los restos de un viejo parador. Se disfruta plenamente del mar y de una inmensa paz.

Ya de vuelta pusimos proa directo al almuerzo en Bahía Aguacate. Los traslados duran muy poco: entre 5′ a 15′, sobre un mar azul turquesa y muy tranquilo. Sólo en algunas piedras de la costa las olas rompen bruscamente.

El almuerzo estuvo muy sabroso: sopa de pescado (un must de la cocina colombiana, como ya decíamos, siempre bien espesas, potentes), pescado con arroz en coco, patacones, algo de ensalada, jugo de frutas. La base de las comidas principales es siempre muy parecida.

No más terminamos de almorzar y salimos a caminar. La zona está bastante «poblada»: hostales, pequeños hoteles, puestos de comida, lotes a la venta… todo, con una estética muy divertida y cuidada.

 

En la costa hay formaciones de corales y piedras

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que forman huecos en los que golpean las olas con violencia. Así que fue toda una diversión pararse encima de algunos de esos agujeros y recibir bocanadas de aire… ¡o de agua!

(¡atrás del agua está Mario!)

Y la diversión ya fue completa en medio de una «piscina natural», que se va «llenando» y «vaciando» con las olas… Por suerte, colocaron sogas de donde agarrarse y protegerse de la violencia del agua:

 

A eso de las 4.30pm estábamos de vuelta en Capurganá. Empezaron a llegar las noticias de la victoria ajustada, pero absolutamente inesperada, del «no». La división que existe en este país recuerda tristemente a nuestra grieta, sobre todo por las -nos parece- injustas imputaciones recíprocas.

Razones para el sí: terminar de una buena vez con este conflicto de 50 años, reconciliar el país, mirar hacia adelante, perdonarse, resarcir a las víctimas, investigar aquellos crímenes que puedan encuadrar en «lesa humanidad», integrar a los guerrilleros a la vida política del país.

Razones para el no: rechazar las condiciones del acuerdo (de ninguna manera «querer» la guerra o el conflicto, aunque esto hubiera estado muy jugado en la campaña proselitista del «sí»), en particular: la reducción de penas por delitos graves, una serie de términos económicos que no alcanzamos a comprender bien (la guerrilla ocupó tierras y «desplazó» a sus ocupantes originarios; hay aquí todo un rollo con la restitución de tierras y las transmisiones de buena fe en el medio), indemnizaciones que tendrían que ser pagadas con dinero de impuestos, el aseguramiento a la guerrilla de un número importante de bancas en el congreso (una suerte de acción positiva a favor de la participación política de las FARC), etcétera.

En seguida empezaron las explicaciones a la victoria del «no» y al error garrafal de las encuestadoras: la presencia de un voto vergonzante (quienes votaban por el «no» eran tachados de votar por la guerra o por la muerte; quienes votaban por el «sí» votaban por la vida y por la paz), las terribles condiciones climáticas en algunos lugares (coletazos del huracán Matthew, que impidieron a muchos llegar a votar), la idea generalizada de que ganaba el «sí» y, entonces, para qué ir a votar, etcétera.

En los ámbitos académicos notamos que los partidarios del sí (la gran mayoría de los profesores y la casi totalidad de los estudiantes) eran muy extrovertidos y entusiastas («por primera vez tenemos la posibilidad de votar por la vida», «nunca pensé que llegaría a ver esto en mi vida», etcétera); por el contrario, quienes estaban en contra, apenas se animaban a decir que «tenían dudas», que «qué hay detrás de estos acuerdos», que «sus costos», que «por sí solos no garantizan la paz», etcétera.

Antioquia, en general, fue una región determinante para el rechazo de los acuerdos. La costa, más favorable.

En medio, nos quedó la sensación de debates y razones muy tensos, con buenos argumentos de ambos bandos. También nos impactó el editorial de Fontevecchia que leímos ese día y la comparación con la Argentina. Con la «finalidad objetiva de los acontecimientos», quién sabe si esta derrota no es la excusa para un acuerdo superador.

[En momentos en que escribo esto, 5 de octubre, el TV está prendido. La encargada del hotel vino rápidamente con la noticia: «¡Uribe está reunido con Santos!» y puso el noticiero. Luego de haber sido amigos y compañeros políticos, se enemistaron visceralmente… Hacía 6 años que no se veían la cara]

Como dijimos a algunos amigos colombianos en estos días, ¡ánimo!, es hora de escribir otra historia.

 

3OCT2016

Lunes era el día en que nos quedaríamos en el hotel, leyendo, disfrutando de los baños de mar y, por mi parte, arrancando con el blog.

Por la mañana, muy temprano (7am), empezamos ver pasar a adolescentes con uniforme de colegio por la playa…

Sorpresa inmensa al verlos más tarde tomando clase ¡en la «discoteca» de la playa! Luego nos enteraríamos que la escuela del pueblo está «en construcción» y que, mientras tanto, usan distintas locaciones para el dictado de los cursos. ¿Era o no para un cuento de García Márquez? Como dicen aquí, ¡de ataque!

 

Luego del almuerzo nos decidimos por una caminata, de la que no teníamos mayor detalle: debíamos tomar «hacia el Oeste», «ahí está el Coquerito», «lo manejan un colombiano y una argentina». Nuestra motivación era simplemente caminar y disfrutar del paisaje que bordea el mar… así que poco importaba el destino.

No nos defraudó: lamentamos prontamente no habernos puesto las zapatillas (Mario con sus Crocs; yo en Hawaianas), pero continuamos… Pasajes intrincados, arena, piedra, tierra y un incipiente compost y una vegetación enmarañada y salvaje. Allá fuimos.

Tuvimos momentos de dudas… se avecinaba lluvia, pero finalmente llegamos:

La vuelta fue durísima… lluvia pertinaz al principio, camino resbaladizo y el peor calzado. Por suerte llegamos muy bien y es una caminata directamente im-per-di-ble.

 

Capurganá…

1OCT2016

Diana y Carlos nos llevaron temprano al aeropuerto secundario de Medellín. Allí hay un monumento a Carlos Gardel y, obviamente, nos sacamos fotos:

Viajábamos propiamente en una avioneta, junto con otros pocos pasajeros y una familia completa. Habrán sido unas 18 plazas más o menos.

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El vuelo duró una hora aproximadamente y fue muy tranquilo. El día anterior habían pasado los coletazos del huracán Matthew, pero por suerte volamos lo más bien. Estaba muy nublado y, ya aterrizados en Acandí , el calor y la humedad del Caribe nos cachetearon. El aeropuerto es algo más grande que un galpón-garage… todo en esta región parece salido de un cuento de García Márquez…

Allí nos esperaba Germán, que haría el traslado desde el aeropuerto hasta el muelle para tomar la lancha a Capurganá… ¡en carro tirado por burro!

Tenemos fotos antológicas del pueblito de Acandí, pero la conexión a internet aquí es exasperante… llevo horas con este blog… calles de tierra, comercios en garages pintados de colores brillantes, carteles maravillosos, vegetación exuberante, mucha población negra… pintoresco total.

Germán era un encanto; nos contó de su sobrino Eric, que juega en Olimpo de Bahía Blanca. Ya lo recordaremos…

La lancha era un bote grande sin techo que se lanzó a un mar picadísimo… nos empapamos nosotros y el bolso, pero felices. La travesía duró media hora y tampoco fue tan dura. El destino pagó: un pueblito de ensueño, rústico de toda rusticidad. Desde el muelle caminamos hasta el hotel con un changarín para nuestro bolso.

El hotel Nautilos carece quizá de encanto, pero tiene las comodidades mínimas y lo más importante: está sobre la mejor playa de la zona, a la que tiene acceso directo. No tiene la menor sofisticación y, con poco, podrían acomodarse un poco mejor: no hay agua caliente en la ducha (sí, de no creer… cada vez tomamos más conciencia de lo que significan los servicios, la energía y el disparate que estamos viviendo en Argentina), internet en las zonas comunes y «de pago» y «flojo»… pero es que estamos en medio de la nada misma.

Vamos a lo importante, con las fotos de recién llegados:

A la tarde empezó a lloviznar un poco, pero nada grave. Nos dimos baños de mar por la mañana y para la noche habíamos logrado uno de los objetivos propuestos: Mario leyó «Regreso a Ítaca», de Padura, y yo «Tokio Blues», de Murakami. Felices.

[Ahora él ya está con «La vida de los elfos», de Barbery, y yo con «Partículas elementales», un viejo pendiente de Houellebecq]

El «paquete» incluye desayuno (frutas, cereales, arepas, panes, huevos, jugos), almuerzo (sopa, ensaladas, arroz o papa, pescado y carne o pollo, postre), cena (ídem almuerzo), jugos naturales y licores nacionales. Todo incluido. La comida es abundante y muy sabrosa.

Tenemos incluidas dos excursiones; el domingo 2 empezábamos con la primera:

 

2OCT2016 – Playa Soledad y Bahía Aguacate

Luego de desayunar nos reunimos en el hotel mismo con «don Aldo», nuestro guía. Nos repartió salvavidas y salimos en dirección al muelle de Capurganá.

[En este momento paro de escribir… ya me pone nerviosa el tiempo que me insume la carga de las fotos y no resulta nada placentero. Lo cierto es que ayer domingo pasamos un día maravilloso en esa excursión.

[Fuimos testigos en vivo y en directo del estupor que causó la victoria del «no» en el plebiscito propuesto por el gobierno para los acuerdos de paz con las FARC. Todas las encuestas daban ganador amplio al «sí» y, aun quienes ya sabían que votaban por el «no», pensaban que «todo estaba cuadrado para que gane el sí».

[Tenemos muchos testimonios «a favor» y «en contra», tanto de académicos y personas vinculadas con el Derecho (en el Seminario), como de la gente «de a pie», de aquí de Chocó, una de las zonas más golpeadas por la guerrilla y en la que el «sí» ganó por el 80%. Todo hay que comprender.

[Hoy lunes 3 nos quedamos en Capurganá, leyendo, escribiendo, tomando sol y mar. Después del almuerzo hicimos una excursión a el Coquerito… inolvidable e imperdible por muchas razones.

[Mañana salimos para La Miel, ya en territorio panameño. No sé cuándo volvemos a escribir… pero todo excelente, felices 😉   Ojalá pueda ponerme al día antes de volver…]

 

 

 

 

 

 

Río Negro

30SEP2016

La hospitalidad de Diana y Carlos es de otro mundo… Quizá eso forme parte de la «cultura paisa», los habitantes de la región de Antioquia, gente amable y bien dispuesta, siempre lista para el saludo cariñoso y pendiente de lo que cualquiera pueda necesitar. No se trata ni de servilismo ni de pleitesía con el extranjero; más aún, son así entre ellos, ¡se tratan bien! Hablan muy dulce, tanto en el tono como en las palabras que eligen: «¿me regala una firma, por favor?», «¡que tenga feliz día!», «con mucho gusto», y así.

Finalmente, el plan de este viernes fue descansar y aprovechar la finca durante la mañana y, después del mediodía, ir a la Universidad Católica de Oriente (UCO), donde trabaja Diana.

Apenas ella salió temprano esa mañana (7.30am), atrás fuimos con Carlos… ¡a caminar paseando los perros! El día estaba soleado y templado y yo elegí a mi preferida: la rottweiler Lisa… es sencillamente divina, cariñosa y tranquila. También iban Sander (el rottweiler macho) y Salomón (el siberiano). En la finca quedaban otro siberiano y dos pastores alemanes…

Apenas salimos, y como es natural, los perros estaban excitadísimos y nos arrastraron lindo… Lo bueno es que rápidamente acomodan el resuello y empiezan a andartranquilos. No se incomodan por los autos o las motos, ni por la gente ni por otros perros. Hacen siempre el mismo trayecto, por lo que están muy bien acostumbrados.

Caminamos 5.5km, con subidas y bajadas, y un paisaje de fincas bellísimo:

La caminata nos dejó famélicos, así que desayunamos riquísimas arepas y jugos de fruta. El nieto de Diana es, sencillamente, un sol. No para de reír y sonreír, siempre de buen humor, divertido… Divino.

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Al mediodía almorzamos «sancocho» hecho a la leña. Es una sopa/guiso, hecha con pollo (en el caso, de la finca), con yuca, papa, plátano… muy nutritivo y sabroso, muy típico de estas tierras. Nos matamos de la risa largamente con los caseros… A Odilia le colgaron el sambenito de «Buscada», por la cantidad de muertes (de pollos y gallinas) que lleva encima. Lupa preparó el almuerzo y también se sumó a las cargadas.

Diana llegó para cuando terminábamos, comió algo y enseguida partimos para la Universidad. Habían preparado una reunión con el Decano y otros siete profesores (incluidas Diana y Beatriz) para que nos presentáramos e intercambiáramos ideas sobre líneas de investigación y temas de interés. Resultó ser una reunión «cheverísima», con múltiples beneficios recíprocos y, además, entretenida. ¡Nos echaron del salón a las tres horas y media de charla-que-te-charla! Espectacular.

El campus de la UCO es hermoso, edificios nuevos en medio de una vegetación exuberante. Además, la mantendrá «joven y bella» por la trepada hasta la Facultad de Derecho; Río Negro es muy montañosa… las calles suben y bajan con pendientes de miedo.

La ciudad ya tiene ciento y tantos miles de habitantes y un horizonte de crecimiento próximo vertiginoso. La construcción, los centros comerciales, los planes inminentes de urbanización, la cercanía del aeropuerto internacional…

A la salida, nos fuimos al centro comercial San Nicolás, donde nos encontramos con Carlos, las chicas y el nietito. Cenamos en el patio de comida y nos volvimos a la finca a tomar una copa de vino y a ver videos de una iniciativa lindísima de esta familia: todos los años organizan «la novena del niño Jesús» (desde el 16 de diciembre y hasta el propio 24 a las 10pm). Invitan alrededor de 300 niños de la región, preparan obras de teatro, bailes y coros con algunos de ellos, cosen vestimenta y la regalan a esos niños y, con la colaboración de algunos  amigos, compran un regalo para cada uno de ellos que asista a la novena… Carlos lee las oraciones y todos participan activamente en la organización. Entregan los regalos el 24 a la noche. La casa queda patas para arriba pero ellos felices y llenos del amor y el reconocimiento de su comunidad. Admirable.

A la mañana siguiente madrugábamos. El vuelo a Acandí salía a las 8.18am… ¡del aeropuerto local, en Medellín! Mala suerte, estando en Río Negro. Pobres nuestros anfitriones…