Bonus track (sábado a la mañana)

20 JUL 2019

Moscú

Va una yapa de fotos de la caminata final…

Ex KGB

¡Qué esquina imponente!

La famosa juguetería…

Iglesias en cuadra que se abre de la Plaza Roja

Manteniendo el «urbanismo natural»…

Anfiteatro del Parque Zaryadye

Alucinante el «puente flotante», que hace una V invertida sobre el río Moscú

Vistas desde el puente…

Jardines bellísimos…

Horror en la Plaza Roja… ¿tienen que celebrar el día mundial del boxeo!!!!!¡¡¡¡¡ aquí?

Cambio de guardia…

Un símbolo: Kiev (Ucrania) y Sebastopol (Crimea)

¡Vamos la lluvia!

Good bye Moscú, good bye Báltico

19 JUL 2019

Moscú

En plan de seguir conociendo, a media mañana salimos para el Palacio de Alexei Mikhailovich, dentro del Parque Kolomenskoye, de los que se puede conocer algo aquí.

Los zares rusos comenzaron a construir su palacio en este lugar, en las entonces afueras de Moscú, en el s. XIV. Se convirtió en la residencia favorita de Iván el Terrible. Tuvo su era de gloria bajo Alexei Mikhailovich, el padre de Pedro el Grande, quien pasaba sus veranos aquí. El palacio de madera fue recientemente reconstruido, siguiendo los rastros y utilizando algunos restos del viejo, incendiado.

Las vistas externas son preciosas:

y tengo muchas fotos del interior, pero me resulta imposible subirlas en lo que me queda de la noche. Pueden verse buenas fotos aquí

Caminamos hasta la plaza de Pedro I y la Iglesia de la Asunción, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, con un mirador muy bello.

Agotados por la caminata, nos volvimos un rato al hotel a tomar fuerzas. Nos esperaba un itinerario sugerido por la Lonely Planet,

muy cerquita de nuestro barrio, pero hacia el oeste… con énfasis en la arquitectura, impactante. Por ejemplo, este contraste:

la avenida Nueva Ararat, deslumbrante:

el conjunto del Radisson y Moscú City detrás…

la “Casa Blanca”…

El tour terminaba en un spot hipster que no supimos descifrar… era más para “after office” que para una cena como la que necesitábamos, así que volvimos pidiendo un Uber (no dábamos más… estábamos a 3.4km de la Plaza Roja) y entramos al GUM, a un comedero en el tercer piso. Definitivamente, para bufet mejor My My.

Mario se sacó la foto familiar 😉

y salimos… ¡a la lluvia!, a hacer algunas fotos nocturnas, de despedida:



Cierro esto en la mañana del sábado 20, nos quedan unas horas hasta el mediodía, en que deberemos dejar el hotel y partir para el aeropuerto. El vuelo sale a las 6.10pm vía Londres…

Nos quedan muchas preguntas para esta Rusia. Moscú es una ciudad grandiosa, gigantesca, vibrante. A cada rato nos preguntábamos por Lenin o Stalin viendo esta ebullición del capital… Tanto en SP como aquí los guías nos traslucían una ensoñación o añoranza del pasado, quizá de distintos pasados. Ambos coincidieron en detestar los ’90, a Gorbachov («traidor») y a Yeltsin («el peor»). Es claro que Putin les ha devuelto el «orden» (que parece que siguen anhelando) pero también «protagonismo» y remembranzas de esa grandeza… Fascinantes preguntas, sin respuestas obvias, como siempre.

Ya es hora de ir volviendo, a encontrarse con los afectos, los espacios vitales, las ausencias… La próxima vez que me encuentre con mi amiga la computadora, seguramente me entrará la nostalgia por estas crónicas.

Pasamos 18 días y noches inolvidables, recorrimos ciudades con su magia peculiar y vivimos momentos únicos.

¡Hasta la próxima!

Por la gloria de varias épocas…

18 JUL 2019

Moscú

¡Que me cumpla feliz, que me cumpla feliz! Otra celebración exótica… ¡Moscú! ¡qué afortunada, siempre en algún lugar envidiable! 😉

Está visto que será imposible aprovechar estas últimas horas en Moscú (escribo esto el 19 por la noche, el vuelo sale mañana por la tarde) y cerrar las experiencias inolvidables de este viaje con el detalle acostumbrado. No tengo más remedio que hacer una crónica telegráfica y remitirme a sitios web o a cortar y pegar algo que nos haya resultado interesante.

Obviamente seguimos las recomendaciones de Eliana y, en primer lugar, el 18 a la mañana nos fuimos a VDNKh (o VDNJ, por sus siglas en la transliteración que se hace a nuestro alfabeto) y que significa “Exposición de los logros de la economía nacional”. Como se lee en Wikipedia, “es uno de los mayores espacios permanentes de feria de muestras y recreativo del mundo, y uno de los más populares espacios públicos de la ciudad de Moscú”.

Desde luego que tuvo un desarrollo y popularidad impresionantes en la época stalinista, fue decayendo bastante para que, finalmente, el empeño de estos alcaldes de Moscú lo esté integrando lentamente al disfrute por parte de moscovitas y turistas.

Me impactó una crónica que encontré acá y que transcribo por las dudas que alguna vez la levanten:

Cada vez que visito Moscú intento pasar por tres o cuatro lugares señalados que condensan el latir de la ciudad y muestran cómo va cambiando el día a día de los moscovitas. Uno de ellos es la VDNkh, una especie de ‘heterotopia’ que concentra y resume lo que acontece en los lugares cotidianos.

Desde 1992 este territorio (más grande que el principado de Mónaco) se denomina Centro Panruso de Exposiciones (Всероссийский выставочный центр), aunque todo el mundo lo sigue llamando por sus siglas soviéticas VDNKh, que además son las que perviven en la parada de metro aledaña.

Aun recuerdo cómo lo primero que me preguntó mi amiga Nadjejda al conocernos en Moscú fue si ya había visitado la VDNKh. Juguetona ella (hace demasiados años que no la veo), me sugirió que me presentara allí en ese mismo momento y le contara a la vuelta mis impresiones… así que tomé el metro en yugo-zapadnaya (estación suroeste) y, así, sin referencias y con la guardia baja, me topé con la VDNKh como quien descubre la película “Freaks” de Tod Browning sin estar prevenido.

La VDNKh se construyó entre 1934 y 1939 por orden de Stalin, quien pretendía mostrar al mundo los logros del pueblo soviético. El espacio, formado por 70 pabellones y con 2.3 kilómetros cuadrados, pronto se convirtió en un lugar de peregrinación que recibía tanto a altos cargos provinciales del partido como a mozas de pueblo o machotes caucásicos, como podemos ver en esta graciosa película de 1939, “La criadora de cerdos y el pastor” (Свинарка и пастух)

Este centro de exposiciones era motivo de orgullo y símbolo de unión para el pueblo soviético, así, en los 50 fue reconstruida y ampliada para dar cabida a exhibiciones temporales, conferencias científicas y por supuesto, a la joya de la corona: el museo del cosmos y el pabellón espacial, con prototipos de los satélites Sputnik, los cohetes Soyuz y Vostok, reconstrucciones de los Apollo norteamericanos, y un Tupolev 154.

Tras el colapso de la Unión Soviética la VDNKh fue uno de los primeros lugares en Moscú donde se creó un mercado “capitalista”, pudiendo encontrar allí desde kebabs turcos, a pantalones vaqueros, pasando por diferentes tipos de armas, productos electrónicos chinos y comida en conserva. De hecho, la VDNKh era el mejor lugar donde comprar cds piratas antes de que apareciera la “Gorbushka”.

Paradójicamente, la escultura de Lenin se mantuvo, ahí, en el centro, y con su gesto característico de una mano alargada y la otra tirando de su chaqueta. Sin embargo, a mí me da la impresión de que en lugar de llamar a la revolución ahora parece decir que él también lleva dinero suelto en el bolsillo.

Churchill dijo de Stalin que “llegó a Rusia en una barcaza de madera y la dejó en posesión de armas atómicas”. Sin embargo, un paseo por el actual pabellón central de la VDNKh parece confirmar que el líder británico no terminó de leer la historia: la utopia se acabó convirtiendo en bizarros souvenirs, botellas de vodka con nombre y diseño kitsch que parecen ofrecerse como la única salida, cobras y animales exóticos que dan un toque onírico al lugar, y decenas de sacos de semillas que confirman el poder de la naturaleza frente a las ideologías totalitarias.

La VDNKh tiene algo de a-histórico en su historicidad, algo así como el Moscú de Yuri Luzhkov en la descripción de la investigadora rusa Svetlana Boym: “histórico en la forma y antihistórico en el contenido”; una “nostalgia ficticia” presentada a través de formas épicas que, paradójicamente, “ignoran cualquier trazo de la historia reciente”. Cierto paralelismo tiene también la película “Parque Soviético” (Парк советского периода, 2006), con esa idea de crear en Odessa un Disneyland soviético donde hermosas mujeres te sirven “po sovietskamu”.

Lo cierto, es que cuando visité por primera vez la VDNKh me pareció un lugar donde todo era posible pero nada resultaba factible, lo que viene a ser una buena descripción de los 90 en Rusia. Por aquellos años surgió en el slang ruso una curiosa palabra para describir esta condición: “bespredel”, una expresión que venía a decir algo así como “extrema potencialidad de algo ilimitado que pronto se agota”.

La mayor diferencia de Rusia con el resto de repúblicas soviéticas o los países de Europa del Este es precisamente esa falta de idea de futuro, o proyecto que vaya más allá de la mera estabilización social, política y económica. Así, la gente parece vivir en un tiempo “lost in translation” desde hace 20 años, con una actualidad basada en la negación de la Perestroika y la glorificación general de todo lo anterior a ella.

Durante los 90, esa “infinita potencialidad que continuamente se agota” fue gestionada a través de malabarismos políticos e ideológicos, y en los últimos años se ha conseguido con la formalización de lo público y el establecimiento de rituales políticos soberanos.

Aun así, la observación y el paseo por la VDNKh es inagotable; de hecho gran parte de su potencialidad está en las reacciones encontradas que provoca entre sus visitantes, sea por nostalgia, extravagancia o desidia.

Apenas salimos del subte (la estación lleva el mismo nombre, VDNKh), nos encontramos con este magnífico Monumento a los Conquistadores del Espacio… bello

Ingresamos al parque… hablando de monumentos, ¡monumental!

Continuamos por esa avenida central

hasta la estatua de Lenin

La primera fuente famosa es La amistad entre los pueblos, donde las estatuas femeninas representan las distintas repúblicas

pasamos frente a varios pabellones

hasta llegar a la otra fuente, la de la Flor de Piedra

En este hermoso pabellón había una exposición interesantísima (de lo que pudimos comprender, pues solo una pequeña parte estaba traducida al inglés) sobre el idioma ruso y el alfabeto cirílico… tomé varias notas, pero imposible volcar todo eso ahora.

Hay espacios que se alquilan para celebrar bodas, así que hay novias por todas partes (y extravagancias kitsch)

Salimos otra vez y le dimos la vuelta al monumento… ¡a punto de lluvia de cortina!

¡Volvieron mis nubes dramáticas!

Así fue, con lo que volvimos a nuestra estación, almorzamos en el centro comercial y decidimos descansar un rato (en mi caso, escribiendo el diario anterior) antes de disfrutar del regalo de cumpleaños de mi mamá, ¡dos entradas para ver ópera en el Bolshoi! Aunque tenía más sentido ver ballet, tuvimos en cuenta que en el escenario del teatro antiguo y principal daban ópera (el ballet estaba en un anexo moderno y más pequeño que construyeron para la etapa de fuerte remodelación); además de que la ópera que daba es bellísima, La dama de pique, de Tchaikovsky (yo la había visto con Ale Menicocci en 1995, en el Colón… no me acuerdo cómo fue que conseguimos platea en primera o segunda fila… maravilloso).

El teatro es soberbio, aunque bastante más pequeño que nuestro Colón. Van algunas fotos…

La puesta estuvo sen-sa-cio-nal. El aria del barítono que me fascina estuvo exquisita (se puede ver aquí por mi favoritoE). La escenografía era de una sobriedad y elegancia inenarrables… hubo efectos alucinantes, como una placa metálica en el fondo, inclinada, que provocaba el efecto de un espejo imperfecto de todo lo que ocurría en el escenario adelante… ¡Sin palabras! Goce completo.

A la salida ya teníamos elegido un restaurante a apenas dos cuadras (del Teatro y del hotel). Brindamos por mi cumple y comimos unos varinekes de salmón deliciosos, junto con otras cositas ricas.

Como no llovía, decidimos ir hasta la Plaza Roja para verla iluminada… solo que la cierran a las 12 y eran las 12.10am… volveremos.

El Bolshoi iluminado
La cuadra de nuestro hotel
La calle que cruza la de nuestro hotel

Kremlin y más

17 JUL 2019

Moscú

Qué duda cabe que habríamos de estar puntuales para encontrarnos con Eliana a un par de cuadras del hotel, para empezar nuestro programa del segundo y último día con ella.

Eran las 9.10am, Eliana ya había sacado turnos para el Kremlin y la Armería del Kremlin con la debida anticipación, así que caminaríamos los pocos metros hasta la Plaza del Picadero (Manège), pasaríamos frente al Hotel Four Seasons

antes Hotel Moscú (estatal), con una historia interesante de dos proyectos que se presentaron ante Stalin para elegir… aparentemente firmó los dos… y entonces, como the King can do no wrong, ¡hicieron la mitad de cada uno!, algo que se advierte en las ventanas

Hacia la Plaza de la Revolución hay un edificio que pasó por múltiples destinos: Casa de la Moneda durante los zares, Parlamento de Moscú, Museo de Lenin hasta 1989/1992 (hoy fue trasladado a las afueras) y, desde 2012, Museo de la Guerra contra Napoleón.

También tenemos el Museo Histórico

y un centro comercial subterráneo al que nos lanzaríamos por la tarde, justo al comenzar a caer la lluvia (¡otra vez! ¡por suerte el tiempo nos aguanta las visitas!).

Entre la muralla del Kremlin y el centro comercial corre un río entubado; ahora, han puesto una suerte de fuente artificial que acompaña ese camino

con estatuas que rememoran cuentos rusos

Recientemente han levantado una escultura en homenaje a Guermaguén, el Patriarca ruso que resistió como mártir el intento polaco de imposición del catolicismo (s. XVII)

Entramos al Kremlin por el ingreso principal y con muchas medidas de seguridad, claro, pues aquí tiene su despacho nada menos que Vladimir Putin.

Ya teníamos una introducción de lo que el Kremlin era y representaba. Ahora era cuestión de ubicarlo históricamente en su momento de apogeo inicial: Iván el Terrible, quizá mejor llamado “el Temible”, “el severo”, el zar (“césar”) que comienza la etapa de monarquía absoluta. Hasta Iván, la nobleza reunida en la Duma (del ruso “pensar”) aconsejaba al príncipe o al monarca para que decidiera en ese sentido. Iván mató a todos los nobles rebeldes y extendió su gobierno absolutista durante 30 años.

Nuestra itinerario comenzaba con la Armería, parte del “Museo del Kremlin” con visita aparte y que no consiste exclusivamente en una exposición de armas (de hecho, solo 2 de las muchas salas del museo están destinadas a ello).

En la época de los zares, la Armería era el espacio de producción, almacenamiento, talleres de armas y joyas con importantes orfebres.

En 1806 Alejandro I decidió convertirla en un museo en el que albergar y mostrar los tesoros de los zares: orfebrería, vestimenta, carruajes, armas, regalos oficiales, etcétera. A mediados del s. XIX comenzó la construcción del edificio actual. Hoy día ya no caben los objetos y están construyendo otro espacio fuera del Kremlin para poder exhibirlos adecuadamente (solo hay un 10% en exposición).

En esta parte están prohibidas las fotos, así que solo pudimos registrar el ingreso:

Algunos apuntes de curiosidades contadas por Eliana y vinculadas con las piezas de museo que veíamos…

  • Gran influencia bizantina en la orfebrería de los primeros tiempos, vinculada con los orígenes de la religión ortodoxa (988, “bautismo de Rusia”);
  • Iván el Terrible dio mucho impulso a la orfebrería. Amaba los zafiros, y en su época predominaba el celeste… Decía que el zafiro puede predecir la traición, cambiando de color;
  • Me gustaron unos cuencos relativamente grandes, de plata, en los que se compartía la cerveza (se iba pasando de mano en mano) y, por ello, se llamaban “hermanarios” (¡como nuestro mate!, embromamos);
  • En el s. XVII hubo grandes transformaciones en la iglesia ortodoxa: se traducen libros, comienzan a persignarse con tres dedos y la decoración de las iglesias y de los propios patriarcas se vuelve más suntuosa;
  • En el s. XVII aparecen recién los cubiertos personales (antes comían con las manos);
  • Las armaduras tejidas de “mallas” pesan solo 15kg y son muy difíciles de hacer; las de metal, 25kg. Los guerreros de más alto rango usaban aquéllas;
  • Im-pre-sio-nan-te la colección de huevos de Fabergé… bellísimos con las miniaturas que escondían dentro;
  • Interesante también la evolución de la vestimenta de los patriarcas (casullas);
  • El trono doble, por la sucesión del primer Romanov que tenía hijos de dos mujeres y hubo allí una disputa de la que resultó ganador Pedro el Grande;
  • Los gorros de Monómaco (esa banda de piel con la corona arriba) fueron traídos en el s. XIII de Bizancio. No hay entronización sin ese gorro, símbolo del poder junto con el cetro y el globo con la cruz;
  • Impresionante, también, la evolución técnica y ornamental de las carrozas, las de invierno (con trineos debajo), muy interesante.

No pudimos entrar a ver la colección de diamantes, porque tienen una administración distinta del Kremlin y venden ahí mismo un cupo limitado de tickets que se agota casi instantáneamente.

Salimos de la Armería bordeando el Gran Palacio del Kremlin

lugar donde se llevaban a cabo las coronaciones. Hoy en día, se utiliza para recepciones, entrega de credenciales a embajadores, inauguración del Presidente, galas, banquetes.

Sobre todo el Kremlin no pueden volar aviones ni drones ni palomas (de noche sueltan halcones).

Llegamos así a la Plaza de las Catedrales donde, efectivamente, hay varias y muy hermosas

¡Ay! A esta altura se me mezclaron todas… la Catedral del Arcángel (donde están las tumbas de todos los zares menos los Romanov, en SP; es una catedral-panteón, ordenada su construcción por Iván para destacar la importancia de Rusia), la Catedral de la Asunción (encargada a un arquitecto italiano, una catedral enorme para la tradición rusa, con 5 cúpulas, conchas, para sala de coronación), Catedral de la Anunciación (típica catedral rusa, encargada a un ruso; pequeña, privada para la familia real). Luego hay otras iglesias pequeñas, como la Iglesia del Manto de la Virgen (iglesia privada del Patriarca), el Palacio del Patriarca y la Iglesia del Gran Campanario. El conjunto es de gran belleza.

En uno de los interiores de las iglesias (donde no nos dejaban sacar foto), había una iconografía de la balanza y la mujer vendada, “¡justicia!”. Parece que en la religión ortodoxa no hay purgatorio, sino solo cielo e infierno. El día del juicio final “pesarán” nuestros hechos buenos y nuestros hechos malos…

Nos sacamos fotos frente a una campana malograda mandada a construir por la emperatriz Anna y que hoy es monumento,

frente a un cañón que nunca fue disparado

Y he aquí el edificio triangular que ocupa Putin, parece que tiene una despacho que da al centro

Finalmente, un edificio nuevo, el Palacio de los Congresos, donde se celebraban los congresos del partido comunista con espacio para 6000 personas (antes se celebraban en el Bolshoi, hasta 2000 personas). Un tercio del edificio es subterráneo para no estropear la altura máxima del Kremlin.

Hoy se llevan a cabo conciertos, festivales, fiestas de niños (en especial, la del Árbol de Navidad entre el 25/12 y el 10/01 de cada año).

Última foto en el Kremlin

¡y nos despedimos de Eliana, ya con saudade y con mutuo placer por los dos días compartidos! ¡felices con su compañía!

Nos hizo unas cuantas recomendaciones para los días que nos quedan por nuestra cuenta y seguimos camino, previo a hacer un tentempié en el centro comercial de la Plaza con esta bella cúpula que replica el hemisferio norte

porque estábamos verdaderamente flojos después de las 4 horas seguidas de estar parados y caminar cansino.

[Sigo escribiendo esto en 19 de julio; voy muy atrasada, estoy con poco resto de sueño y de fuerzas… ¡y ahora de tiempo! Me temo que voy a tener que ponerle títulos a las fotos y ya…]

El tiempo ya estaba muy amenazante… entramos a hacer la visita a la Iglesia de San Basilio, conformada por esas 11 iglesias/capillas. El exterior ya nos había impactado largamente. Es, en dos palabras, im-presionante (Daniel H. dixit).

El interior es muy bello, muy ornamentado al estilo de las iglesias propiamente rusas (con frescos pintados, iconografía exuberante; no los mosaiquitos de SP, más europeizantes), pero al propio tiempo apabulla.

Uno se pierde en esos pasillos interiores y recovecos que van formando las distintas iglesias, así que fue un solaz encontraros a un grupo coral de hombres, Doros, en ese espacio de una acústica excelente y con ese entorno.

La verdad es que no sabemos si el cansancio o la humedad y la lluvia amenazantes, pero nos sentíamos sin fuerzas… Salimos de la iglesia apaleados y nos fuimos hacia el Parque Zaryadye, el que hicieron en el espacio luego de la demolición del Hotel Rusia. De pasada, chusmeamos los almacenes GUM… ¡exquisita vidriera! ¡y esas flores!

El tiempo estaba realmente amenazante

pero al menos pudimos constatar lo que decía la guía: “urbanismo natural”

Más allá de la broma (en las que siempre pensamos en Ricardo Ch y en su dedicación por el jardín), es verdaderamente hermoso y bien vale más profundización para quien esté interesado en arquitectura, aquí.

Aquí una muestra del afán “retro” del alcalde: todos los chiringuitos tienen este diseño, bien de los ’50:

¡pero rápidamente tuvimos que refugiarnos en el centro multimedia (en el que ya no había entradas para un show que “sobrevuela” Moscú) y terminamos en la cafetería, esperando que amainara la lluvia furiosa.

Apenas aflojó un poco salimos con algunas lucecitas…

Le dijimos adiós al Memorial del Soldado Desconocido, con escolta y cambio de guardia cada hora entre las 8am y las 8pm: “Tu nombre es desconocido pero tu hazaña inmortal”, nos había traducido Eliana.

También nos destacó el detalle: hay allí tumbas de “ciudades héroes” (Moscú, Stalingrado, Leningrado, Brest, Kiev), en las que se guardan cápsulas con tierra de esas ciudades que sufrieron la II Guerra.

Con ese tiempo asqueroso, no quedaba sino cenar y volver al hotel, agotados pero plenos de satisfacción por semejante día.

Viñetas

  • Ya dijimos que los ortodoxos hacen la señal de la cruz de derecha a izquierda y los católicos de izquierda a derecha. Eliana dice que algunos interpretan que los ortodoxos cierran el alma y los católicos la abren.
  • Cuando le preguntamos por el Mundial de Fútbol, Eliana exclamó “¡Quiero otro!”, no solo por el trabajo que le generó (y más allá de que terminó agotada) sino por la atmósfera de fiesta y de alegría que se vivió en la ciudad, inolvidable
  • Las dos primeras semanas estaba absolutamente lleno de latinoamericanos. Una fiesta. Las últimas dos semanas, un público totalmente diferente, aquel habitué de las semifinales y finales, no importa quién, otra categoría, más serena 😉

Moscú (¿otra Rusia? ¿la verdadera?)

16 JUL 2019

Moscú

Lo suponíamos: a las 8.30am no nos iban a ingresar al hotel La Maison Residence, pequeño, pocas habitaciones en un tercer piso y, lo más importante, súper bien ubicado a 400m del Bolshoi, de ahí, cruzando una gran avenida a la Plaza Roja, a una cuadra de la avenida Tverskaya, muy animada… espectacular.

Como nuestra guía Eliana nos pasaba a buscar recién a las 12pm por el hotel, dejamos las valijas en la recepción y salimos directo a la Plaza de la Revolución y del Picadero, primero y a la gran Plaza Roja, después.

El día todavía estaba bastante luminoso, con algunos destellos de sol, incluso. Como después volveríamos con Eliana a toda esa zona y ya se iba a poner cada vez más gris para finalmente largarse a llover, voy a empezar directamente con nuestro encuentro con ella e ir intercalando las mejores fotos aunque no se correspondan con el momento de la visita guiada.

Difícil describir las sensaciones en la Plaza Roja… tan evocadora de tantos momentos, situaciones y leyendas de quienquiera que, como nosotros, fue testigo de la Guerra Fría, de la glasnost y de la caída brutal y sin una gota de sangre de un régimen de esas características.

A eso de las 11.30am volvimos al hotel y ya teníamos disponible nuestra habitación, sobre la calle Bolshaya Dmitrovka

toda una paquetería

A las 12, puntual, Eliana estaba en el lobby. Recomendada por mi amigo Horacio Massaccessi (que viajó el año pasado con la familia por el Mundial), habíamos arreglado todo el programa desde Argentina por e-mail con ella (eludenya@gmail.com). Desde el vamos fue muy profesional, se preocupó porque nuestro hotel aparecía con una dirección que no figuraba (luego resultó que tenía doble ingreso), y estuvimos en contacto desde San Petersburgo por WhatsApp.

Desde el primer momento nos cayó muy bien: habla un español exquisito y tiene una gran cultura, propia de sus estudios universitarios y de su larga trayectoria en turismo. ¡Aprendió el idioma aquí en Rusia! Lo estudió como segundo en la secundaria y luego, en la Universidad, sucedió que tuvo muchos compañeros latinoamericanos. Nació y se crió en Moscú (tercera generación de moscovitas por parte materna) y pasó buena parte de su adolescencia bajo el régimen de la URSS, por lo que habría de transmitirnos muchas de sus vivencias y sus emociones.

Desde el comienzo, para nosotros estaba muy claro que habíamos dejado ese bellísimo trasplante europeo en Rusia llamado San Petersburgo (todo un experimento de una dinastía enamorada del viejo continente), y empezábamos a degustar “la verdadera Rusia” (para muchos) o al menos «la otra Rusia», en Moscú.

Eliana venía acompañada de un chofer, Pablo, que nos transportaría en un Honda japonés (¡con volante a la derecha!), comodísimo y ultra moderno.

Moscú fue fundada en 1147 por un tal Yuri “mano larga”, en una época de “ciudades” con “príncipes”. A finales del s. XV se convirtió en la capital de un incipiente Estado ruso centralizado hasta que, en 1712, Pedro el Grande trasladó esa capital a la recientemente fundada San Petersburgo, luego de la conquista del Báltico contra Suecia en la Gran Guerra del Norte. Pasados dos siglos, en 1918, Moscú volvió a ser capital luego de la proclama de Lenin desde la habitación # 107 del Hotel Nacional.

A raíz del sentido de las calles, dimos una gran vuelta en esa zona hasta llegar a la Plaza Roja, así llamada no por el color de los ladrillos de los edificios que la rodean, ni por el comunismo. Su nombre deriva de la palabra rusa Krásnaya, que significa “roja”, pero en el antiguo sentido de “hermosa”, “bonita”: “plaza bonita”, luego de que allí se erigiera la bellísima Iglesia de San Basilio a partir de la victoria de Iván el Terrible sobre los mongoles en la ciudad de Kazan (mediados del s. XVI). Y sí que es bella y fotogénica:

En realidad, se llama Iglesia de la Intercesión de la Santísima Virgen en el Montículo, pero todos la conocen como San Basilio. Y en realidad se trata de un conjunto de 11 iglesias, cada una con su altar, íconos y torres, que visitaríamos luego por nuestra cuenta.

En la Plaza Roja está también el Kremlin, que significa “antigua fortaleza” o “ciudadela”, con su plaza del comercio alrededor. Fue luego sede del poder de los zares, tuvo un interregno con los Romanov (que trasladaron el poder del imperio a SP) y luego recuperó protagonismo con la URSS. Actualmente es sede de la presidencia (Putin tiene allí su despacho, al que va todos los días en helicóptero), de la guardia presidencial, del Museo del Kremlin (la directora actual es la hija del astronauta Yuri Gagarin) y de la Iglesia Ortodoxa. En suma, 800 años de política, religión y arte.

El Kremin tiene 20 torres; la más hermosa e importante es la que tiene el reloj:

En el centro de la muralla del Kremlin que da a la Plaza, se alza el Mausoleo de Lenin, fallecido en 1924. No obstante haber pedido ser enterrado junto a su madre en SP, su cuerpo fue embalsamado y exhibido en este Mausoleo al que, lamentablemente, no pudimos acceder (hay días especiales y cada tanto, como en esta oportunidad, se cierra por distintos motivos).

Y aquí el nombre de nuestro amado perrito en ruso…

Seguimos en sentido de las agujas del reloj y nos encontramos con la sede del Museo Histórico, construido en 1875 bajo Alejandro III, con el símbolo del “águila bicéfala” en sus torres.

En 1930 se confeccionó una “lista de destrucciones” de edificios. En algunos casos, como el del Museo, se cambiaron las “águilas” por las estrellas rojas o por la hoz y el martillo; en otros, se tiraron abajo iglesias, torres, monasterios, etcétera. Parece que San Basilio estaba en la lista pero que el propio Stalin lo frenó.

En 1993-1995 volvieron a construir una iglesia y un arco de ingreso, y reaparecieron los símbolos del águila bifronte.

Finalmente, cierran el perímetro de la plaza los GUM, antiguos Grandes Almacenes Estatales, hoy Grandes Almacenes Principales, una galería increíble de tiendas de lujo y gastronomía que luego visitaríamos, en tres plantas y apenas… ¡2.5km!

El contorno de los GUM celebra la primavera y el verano con una explosión de flores…

y hay quienes se ganan la vida ofreciendo un viaje en el tiempo 😉

Salimos de la plaza hacia el sur, por detrás de San Basilio, para divisar una calle llena de iglesias, el Parque Zaryadye (flamante, sobre el antiguo predio ocupado por el Hotel Europa, estatal, de 3000 habitaciones, inviable). Este parque se extiende a lo largo del río Moscú (o Moscova, como traducen algunos), y lo visitaríamos después.

Desde este lugar divisamos también uno de los siete Rascacielos de Stalin (o Siete Hermanas), construidos con ocasión de los 800 años de la ciudad (1947) y destinados a vivienda (2), hoteles (2), ministerios (2) y universidad (1). Stalin quería mostrar al mundo el “constructivismo” ruso. Leímos que se trata de una extraña combinación de barroco ruso y gótico.

Retomamos el auto y comenzamos a reconocer sitios importantes de la ciudad. Así, la Catedral Cristo Salvador (iglesia principal de Moscú, más allá de que varias se llamen “catedral”)

Actualmente no se puede visitar por los turistas por las colas y colas de feligreses que intentan ingresar (creo recordar que por unas reliquias que han traído recientemente).

Fuimos atravesando diversas zonas de la ciudad, con “destinos” específicos predominantes: la zona de “medicina” (universidad y hospitales universitarios, estatuas de médicos célebres), de “las artes” (con museos, academias, esculturas), etcétera.

Llegamos hasta un parque muy bello con un convento de 500 años, construido por el padre de Iván el Terrible como fortaleza y prisión para las mujeres de los zares de las que querían desprenderse. Hoy está bajo reforma y no se sabe bien cuándo se reabrirá al público.

Pasamos frente a la “Casa Blanca”, sede de gobierno de la Federación Rusa

Para entonces, Eliana ya nos “malcriaba”. De algún modo estaba sorprendida por los datos que conocíamos (particularmente Mario, que había hecho bastante “los deberes” con Moscú) y por nuestras ganas de saber. Fue así que, fuera de programa, hicimos una visita soñada a uno de los Rascacielos, el destinado originariamente al Hotel Ucrania y que hoy regentea el Radisson. Lo han reciclado a nuevo, pero manteniendo todo su estilo originario y su esplendor. Entramos y constatamos que mucho de la iconografía soviética estaba intacta:

El interior es de una elegancia suprema

y sobre el final del ingreso hay una recreación mágica de una maqueta ganadora de un concurso en los años ’70. Eliana aprovechó para darnos un adelanto de la visita al Kremlin y para mostrarnos los edificios que nos había contado que estaban y ya no están… espectacular…

Salimos para tener una perspectiva del hotel, sencillamente magnífico

Seguimos por la Avenida Kutuzov, que tiene una arquitectura más importante, aun estalinista

y con el mismo destino de vivienda que los más típicamente “soviéticos” monoblocs.

Allá por 2000, el entonces alcalde de Moscú entendió que la ciudad necesitaba un centro financiero. Para ello, se destinaron unos terrenos y se hizo un proyecto de 23 rascacielos de los que ya hay 13 construidos, cada vez más altos (van por 405m).

Otro de los Rascacielos de Stalin es sede de la Universidad Estatal de Moscú, fundada en 1755, con alrededor de 30000 estudiantes en la actualidad. Sigue siendo pública.

El predio es espacioso y da a un mirador privilegiado de Moscú

desde el que claramente se divisa el estadio (de 1957, sede de los Juegos Olímpicos de 1980, recientemente remodelado para el Mundial) y otro a la derecha, que replica el formato de una cinta, destinado a gimnasia artística (disciplina destacadísima en Rusia)

El siguiente punto fue el Parque de la Victoria, destinado principalmente a recordar la primera guerra patria (contra Napoleón), la segunda guerra patria (contra los alemanes, II Guerra, con 27 millones de caídos) y, en menor medida, la I Guerra (de la que Rusia no participó tanto, por estar ocupada en su propia guerra civil).

Se inauguró en 1995, en la celebración de los 50 años de la II Guerra Mundial. Se trata de un complejo memorial que conmemora los 1418 días de guerra. Tiene un obelisco de 141,8m (uno por cada día)

con cinco grados de fuentes

Iglesias de tres religiones (ortodoxa, islámica, judía), y el arco por el que ingresó y se retiró Napoleón, luego de encontrar incendiada la ciudad y de no resistir el frío

Después de este recorrido intenso (ya eran las 4pm aprox), Pablo nos dejó en la estación Kievskaya (“de Kiev”) del metro, donde convergen dos líneas.

El metro moscovita ha sido una política pública constante, jamás se dejó de construir desde 1931, en que se concretó el primer proyecto (antes hubo intentos que no llegaron a realizarse) y se inauguró el primero en 1935. Ni en la II Guerra se paró la construcción ni mucho menos perdió importancia, pues ofició como refugio y se dice que casi 200 niños nacieron en el metro. Hoy, y a pesar del profundo revisionismo sobre su figura y la época, el sistema del metro de Moscú sigue llamándose «Vladimir Ilich Lenin» y buena parte de la iconografía lo recuerda. Puede verse una reseña interesante aquí.

Eliana nos contaba que ya pierde la cuenta del número de estaciones, pues permanentemente están inaugurando nuevas. Su último número es más de 220 estaciones. Ya es imposible para cualquier moscovita conocer los nombres de las estaciones, ¡por suerte está internet y el celular inteligente!

Las primeras estaciones fueron las de la línea roja. En los ’50 se creó la primera línea circular, con las estaciones más lindas y que iríamos a visitar acompañados de Eliana.

Kiev es la capital de Ucrania, por lo que todo en esta estación evoca a ese país y representa mayoritariamente al trabajo (“¡hay que trabajar!”)

Seguimos hasta la estación siguiente, con bellísimos azulejos

Y la muy blanca Belorusskaya (de Bielorrusia, o “Rusia Blanca”), un pueblo en parte polaco y en parte ruso, cuya capital es Minsk y que ha intentado guardar un equilibrio entre Europa y Rusia

Otra estación estaba ornamentada con vitrales regalo de decoradores de Riga (recordar art nouveau…)

Y llegamos a la más linda, la estación Komsomolskaya (de la Juventud Comunista, construida por ellos). Parece una sala de baile de un palacio del imperio… “Antes los palacios eran para los zares y la nobleza; el pueblo merece tener sus propios palacios bajo tierra”, con paneles de mosaicos, temas históricos principales.

Llegamos a la última de nuestro recorrido, la estación de la Plaza de la Revolución, con 76 esculturas que dan cuenta de la evolución desde los tiempos revolucionarios a los tiempos pacíficos. Se dice que habrían sido hechas con campanas refundidas, pero no se sabe…

Salimos del “pozo” y llovía… estábamos en la peatonal Arbat, la más animada del centro, y aquí terminaba el plan del día. ¡Por suerte la lluvia nos había aguantado hasta el final!

Combinamos con Eliana los detalles del día siguiente y empezamos a caminar por la peatonal. De repente, se largó un chaparrón de proporciones y la peatonal se transformó en un enorme charco… Nos refugiamos un rato en un negocio horrible de souvenirs hasta que asumimos que nos quedaba un larguísimo rato… ¡Al agua patos, y a correr al cercano My My (léase: mu mu), un comedero estilo bufet de comida rusa, muy bien puesto, buenos platos.

Estábamos empapados… llegamos al hotel hechos sopa, pero felices por el día disfrutado.

Continuará. Voy atrasada.

Viñetas…

  • Oficialmente, Moscú tiene 12 millones de habitantes; se cree que ascienden hasta 20 millones.
  • Cuenta con un tercio de zonas verdes, hay cantidad impresionante de parques de libre acceso.
  • En Moscú se puede apreciar la arquitectura de los s. XV, XVI, XVII, XX y XXI. Los s. XVIII y XIX pertenecen a San Petersburgo.
  • En cada zona residencial hay un colegio, generalmente construido en la época soviética. Desde los ’90 hubo pocas construcciones “sociales” (escuelas, hospitales, jardines). Ahora se ven obligados por el crecimiento de la población y exigen a cada nueva urbanización esas construcciones.
  • La vivienda cuesta mucho y no muchos se arriesgan con hipotecas.
  • La transición tras la caída de la URSS fue traumática, también con relación a la vivienda. Quienes vivían en la propiedad colectiva, las recibieron a título de propiedad privada, pero luego empezó la necesidad de comprar, mudarse, etc.

  • Hoy la Iglesia Ortodoxa superó el poder que tenía antes del régimen soviético, durante el cual hubo una práctica clandestina de la religión. Eliana nos contaba que en su círculo son pocos quienes practican la religión, pero que es un fenómeno constatable: fechas religiosas, veneración a imágenes, reliquias que se van encontrando, etcétera.
  • Los funcionarios asisten a las celebraciones religiosas más importantes.
  • Existen frecuentes conflictos entre la Iglesia y el estado por el destino de museo dado a muchas de las iglesias durante el régimen soviético. La Iglesia pretende en muchos casos recuperar esos templos para la práctica religiosa y ahí sobreviene el conflicto. En algunos casos se salda con una administración compartida.

  • El peor período de la historia reciente fue el de Boris Yeltsin. Mucha gente quedó en la calle, “fuera de la vida”, sobre todo personas mayores, jubilados.
  • Eliana estaba en la universidad para entonces y el estipendio no le alcanzaba ni para el transporte. Los padres debían ayudar a sus hijos y no siempre podían. La inflación era galopante.
  • No saben ni quieren saber qué es de la vida de Gorbachov, “un traidor”.

  • Las relaciones con Ucrania están muy mal, sobre todo porque hubo mucho intercambio entre los pueblos y eso hoy está resquebrajado, tanto para los rusos en Ucrania como para los ucranianos en Rusia.
  • Ucrania oriental es más rusa; Ucrania occidental más polaca. Se replica la eterna rivalidad con Polonia. Muchos rusos en Ucrania quieren que Ucrania sea rusa, .

  • Hay 4 grados de primaria, 5 grados de secundaria y luego opción al politécnico, con bachillerato o nivel medio, o bien dos años para prepararse para examen en la universidad. El ingreso a la universidad es por las calificaciones en exámenes rigurosos de la escuela secundaria (matemática, lengua rusa y especialidad); si no se aprueba, se intenta al año siguiente. El que no aprueba, no entra. Esto va cambiando, y ahora son 4 exámenes, se pueden dar más e intentar sacar más calificaciones para poder elegir universidad (cualquiera del país, todo en función del mérito académico). Por ejemplo, en algunas facultades hay 40 plazas, 15 son gratuitas y 25 pagas; con más de 80 puntos, entran gratis, entre 70 y 80 puntos, entran pero pagando.

  • Hasta no hace tanto, las parejas se casaban jóvenes (entre 20 y 22 años). Ahora, los jóvenes privilegian la realización laboral y se casan entre los 30 y los 34.

Adiós San Petersburgo…

15 JUL 2016

San Petersburgo

Y está bien datar en 15 de julio esta entrada. A las 00.20 de ese día debíamos estar en un muelle, cerca de la estatua del Almirantazgo, para tomar un tour en barco que permite una de las atracciones más admiradas de la San Petersburgo de las “noches blancas” del verano: ver cómo se levantan los puentes de modo de habilitar el paso para ciertos barcos hacia y desde el Báltico.

En la espera a zarpar nos encontramos con una pareja de Zaragoza que habíamos conocido en el tour del Ermitage. Nos contaron una historia terrible con el alquiler de un departamento cerca del Palacio de Invierno (ellos llegaron a las 9pm a Moscú y recién apareció alguien a abrirles el depto a las 2am… de infarto).

El paseo en barco estuvo sen-sa-cio-nal, incluso pensando en el frío de la noche (más allá de las mantas que nos dieron) y en que se prolongó más de lo que imaginábamos (creíamos que llegábamos “a las puertas” del puente, lo veíamos levantar y volvíamos… pues no… dimos vuelta por todo el río Neva, por las islas, vimos tres puentes levantarse y otras atracciones). Mucho valor por lo pagado… volvimos al depto a las 3am, no teníamos recuerdo de volver de día a casa ¡y aquí a esa hora ya había amanecido!

Van, entonces, algunas vistas desde el barco

el levantamiento del primer puente, el que da a la plaza principal

el que cruzamos inicialmente para ir a la Fortaleza

Y otro más aguas arriba del río

Por fin Mario pudo ver el barco Aurora, con toda una historia que le recordaba el viaje de Tete a Rusia con los tíos

Todo, con el marco de una luna de cuadro, más allá de que no se aprecie en la foto

De vuelta caminando, un recuerdo de la estatua de Pedro el Grande, quien soñó y empezó a concretar esta ciudad de ensueño

Sin perjuicio de habernos dormido casi a las 4am, al día siguiente estábamos arriba poco después de las 8am, aunque sin apuro. Dejaríamos el depto con Olga (la señora de la limpieza) a eso de las 12pm y, hasta entonces, podíamos desayunar tranquilos a escasos metros de donde estábamos

visitar la Casa Singer (y comprarme una libreta de notas, porque agoté la que traje), ¡qué bella librería y qué vistas desde su café!

Nos despedimos de nuestro “conventillo” con ubicación de 5*

y partimos hacia la estación de trenes Moskosvskij Voksal, primero, a dejar las valijas en consigna (excelente sistema y a muy buen precio) y al Palacio Peterhof, en las afueras (30km), después. Para eso debíamos ir hasta la estación de metro Avtovo, ¡un museo en sí misma, como tantas otras aquí!

y luego un bus (hay varios que llegan hasta el palacio; de nuevo, inesperada la amabilidad de la gente y del personal de los buses, aunque no hablen demasiado inglés).

Se suponía que tendríamos un día tranquilo, pues el lunes sólo se visitan los jardines, pero no…

El Palacio Peterhof fue comenzado por Pedro el Grande a instancias de su mujer, fue embellecido a lo largo de los años y sirvió de palacio real hasta la Revolución de 1917, principalmente como estancia de verano.

De clara inspiración en Versalles, su estética choca particularmente en lo que resulta el enclave principal: la fuente de las cascadas, con decenas de estatuas de un dorado enceguecedor.

Empezamos a caminar hacia el Palacio y hacia el ingreso de los Jardines Inferiores, el “plato fuerte” de la visita

Ya ingresados en la visita de pago, se suceden jardines y fuentes en medio de un bosque enorme

que da al Báltico y desde donde se divisa SP

[Aquí mismo mandamos un mensaje a Lola de feliz cumple 😉 ]

Es muy divertido ver disfrutar a los niños con el agua (suponemos que no lo será tanto para esos padres…)

Un pequeño Ermitage, para el austero Pedro

Y por fin la gran cascada y sus estatuas

¡Nos sacamos el micropolar un rato!

con vistas del imponente palacio

En definitiva, se trata de una visita ineludible, más allá de que guste mucho o poco esta estética versallesca.

Desandamos el camino: bus, metro desde Avtovo, estación de la terminal de trenes, y nos metimos en un centro comercial para comer algo y hacer tiempo. Allí nos encontramos con Gonzalo Hourquescos, su mujer Lucía Ivaldi Artacho y sus tres hijos, recorriendo SP ¡y viajando a Moscú en nuestro mismo tren! Charlamos largo rato y nos despedimos hasta las 11.55pm, horario en el que partía el servicio espectacular que contratamos de coche cama… ¡nos quedamos a vivir aquí!

Dormimos como angelitos… a las 3am nos despertamos creyendo que eran las 7.55am (horario de llegada), pero de nuevo… las noches blancas… El desayuno estuvo espectacular, salmón rosado, panqueques, frutas, quesos y otras delicias.

Nos despedimos de los Hourquescos y buscamos un Uber para ir hasta el hotel. Pero esa ya es otra historia. ¡Estamos en Moscú!

[Antes de tirarlos, vaya el recuerdo de mis apuntes del Ermitage y de cómo voy armando el blog con los títulos y números de las fotos (los Chapitos ya conocen mi rudimentaria técnica)

… todo mi empeño y toda la alegría que vislumbro en mi mamá y la que seguramente sentiré en el momento de releerlos]

Delicias de la vida imperial

14 JUL 2019

San Petersburgo

Nuestra mañana arrancó con un desayuno y mi notebook en un bar vecino. Había salido el sol y tampoco era para perdernos demasiado de la mañana, hasta que se hiciera la hora de hacer el tour al Ermitageque habíamos contratado con Ruslan.

Pero antes de eso habríamos de volver a la Iglesia Kazan, donde siempre están oficiando celebración religiosa… queríamos entrar otra vez y sentir esa magia de los cantos rusos del sacerdote (o como se los llame), del coro y de toda la feligresía. Inolvidable… (me vuelve todo el tiempo el recuerdo de las canciones folklóricas rusas de mi barítono preferido, Dmitri Hvorostovski).

Por alguna razón, y estando apenas enfrente de la Iglesia Kazan, todavía no había fotografiado el gran edificio de la empresa Singer (la de las máquinas de coser), de gran éxito en Rusia, ostensiblemente. ¡Qué maravilla arquitectónica!

Luego de llegarnos hasta el almacén gastronómico de los hermanos Eliseev y de deleitarnos la vista con las delicias y rarezas que allí tenían

seguimos por una ruta trazada por Mario de algunos lugares que nos faltaban. Fue así que conocimos el Palacio de San Miguel, construido por Pablo —el hijo de Catalina la Grande— para escaparle al miedo a ser asesinado… ¡a los 40 días de mudarse aquí lo mataron! Sus sucesores ya no usaron el lugar como palacio y se reconvirtió para uso del ejército y de su cuerpo de ingenieros, derivando en una universidad. Por eso se lo conoce como el Castillo de los Ingenieros y hoy está incorporado al complejo del Museo Ruso.

Adelante, una estatua muy bella de Pedro el Grande

Nos dirigimos al Jardín del Palacio de Verano, rodeado de canales, ¡y lleno de turistas!

Para nuestra enorme sorpresa, fue apenas ingresar a los jardines y encontrarnos con esta puesta veraniega:

SP tiene mucha vida cultural, con distintas expresiones. En las iglesias, los parques, sus teatros, pero también sus calles y la música más popular.

Caminamos largo por el parque, animadísimo en domingo a la mañana

y llegamos al Palacio de Verano, obra harto austera de Pedro el Grande, sobre el otro canal:

Ya llegaría el contraste de esta austeridad con el esplendor de Isabel, que mandó a iniciar la construcción del complejo Ermitage. En realidad, ella comenzó con el Palacio de Invierno que es uno de los cinco edificios que conforman el complejo. Más tarde, Catalina la Grande completó buena parte (con el Pequeño Ermitage y el gran Ermitage) y, finalmente, lo terminó Nicolás I, con salas pensadas ya para albergar obras de arte como en un museo.

La construcción final cuenta hoy con más de 3.176.000 objetos de arte, imposibles de conocer… Fue un acierto contratar esta visita guiada, que compartimos con dos parejas de españoles y otra de chilenos y su hijita.

Entramos esquivando hordas de chinos y de turistas (los guías de tour no chinoparlantes odian a los chinos…, Ruslan hacía chistes todo el tiempo con ellos)

Imposible y quizá inútil relatar y describir todo lo que vimos y lo que nos contó Ruslan… Por suerte hay mucha información en la web, así que me voy a limitar a ponerle algunos títulos y glosas a una mínima expresión de las fotos que sacamos.

Entramos y ya nos hipnotizaron la luz y el brillo de la Escalera de los Embajadores, con ese ingenioso juego de ventanas falsas y espejos que le da tanta amplitud y profundidad

  • la Sala de los Mariscales de Campo, con fotos de los héroes de guerra y marcos vacíos, como incentivo para alguna vez tener el retrato allí.
  • la Sala de Homenaje a Pedro el Grande
  • la colosal Sala de Baile
  • el detalle impresionante de los pisos, combinando entre 4 y 25 tipos de madera, una pena que no los protejan de las pisadas
  • la “capilla familiar”, híper barroca, con las iniciales de Isabel (Elisabeth) I, púlpito e imágenes de Cristo (no admitidos en la iglesia ortodoxa, pero aceptados porque Pedro I quería, y mandaba, al estilo de sus gustos europeos)
  • la Sala de Guerra de la Patria, con imágenes de los héroes de la batalla contra Napoleón y marcos vacíos porque no se contaba con ellas para retratarlos
  • la Sala del Trono, con simetría entre suelo y techo, salvo banderas y águilas (que no debían pisarse); el águila bicéfala, símbolo del Imperio Ruso, representa el Este y el Oeste, el Poder de la Iglesia y del Estado compartiendo el mismo corazón

Dejamos el Palacio de Invierno y pasamos al Ermitage, propiamente dicho, que viene de “ermitaño”, “casa del ermitaño”.

Catalina II pensaba en algo “austero” y pequeño, fue construyendo “pabellones” por su afán por adquirir obras de arte… que nunca alcanzaban… Fue así que construyó el Pequeño Ermitage y el Gran Ermitage, con cientos de pasillos y habitaciones en los que colgaba sus obras para exhibir a los ilustres huéspedes.

Aquí se destacan una serie de muebles hechos con diminutos azulejitos, en distintos estilos, todos de influencia italiana

el archifamoso “Pavo Real”, que es un reloj, regalo del conde de Orlov (amante de Catalina)

[Momento lleno de chinitos… imposible sacar mejor foto]

A medida que pasábamos por las salas, las vistas al río Neva y a los canales quitaban el aliento… Amsterdam, Venecia… ¡lo habían logrado!

Catalina también construyó un teatro

Nicolás I fue el que organizó las obras de arte, dividiendo salas por épocas y procedencia (italianas, españolas, flamencas, holandesas, germánicas, francesas, inglesas, etc.).

Hay Da Vinci

las maravillosas Logias de Rafael, copiadas del gran artista italiano y hechas por algunos de sus discípulos con representaciones del Antiguo y Nuevo Testamento

Una obra de Canaletto nos hechizó con el juego de perspectiva al ir y volver por delante

Y luego vendría el gran tesoro de obras españolas… Goya, Zurbarán, Murillo, El Greco, y tantos más

Tienen también la mayor colección de Rembrandt fuera de Amsterdam

y cantidad de otros pintores holandeses, en una colección ya iniciada por Pedro I. Nos sorprendió un pintor holandés Paulus Potter (ver Punishment of a Hunter, por ejemplo) y Jan Steen, terriblemente detallista y realista.

Ruslan lo hizo verdaderamente bien: dinámico, entretenido, «posibilista»… no creo que hubiéramos disfrutado tanto de otra manera. Es un museo apabullante, al estilo del Louvre.

Luego de cuatro horas intensas, salimos…

Cenamos a la europea, poco después de las 6.30pm, en una casa especializada en blinis. Es una cadena muy famosa y concurrida, Tepemok. ¡Vale la pena!

Escribo esto mientas hacemos tiempo para… ¡la sorpresa de esta madrugada!

Más de la gran ciudad imperial…

13 JUL 2019

San Petersburgo

Luego de varias alternativas sobre cómo aprovechar mejor los días en esta magnífica ciudad (sobre todo por los nubarrones y la lluvia que acechan y llenan la pantalla del clima en el celu) decidimos dejar Peterhof para el lunes y quedarnos este sábado en la ciudad, con dos destinos obligatorios (los típicos must-see de todas las guías).

El primero, la Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada, llamada oficialmente de la Resurrección de Cristo, pero conocida por todos de esa manera por la razón de ser de su construcción y el homenaje que conlleva. La belleza de este (hoy) monumento nacional es apabullante:

Parece ser que Alejandro II (1855-1881), a diferencia de varios de sus antecesores, fue un emperador reformista que quiso mejorar las condiciones de vida de su pueblo, abrirse a nuevas posibilidades. Sancionó leyes benévolas, construyó hospitales para los campesinos, abrió los estudios universitarios. No obstante, no pudo con la inestabilidad de la época y las crecientes protestas sociales, por lo que sufrió siete atentados de los que salió indemne. La última bomba que le arrojaron no dio contra él, pero se bajó de su carruaje a ayudar a las personas que estaban alrededor y ahí sí…. Perdió las piernas y luego murió desangrado.

Su hijo Alejandro III reaccionó con furia. Atribuyó el asesinato a la “mano blanda” de su padre y a la apertura a Europa. Era fundamental volver a Rusia, al liderazgo fuerte, a las costumbres del pueblo: al diablo Europa, al diablo los estudios, al diablo la libertad. Una señal de esta “vuelta” es la construcción de esta iglesia “bien rusa”, casi un remedo de la de Moscú, justo en el lugar donde fue el asesinato (lo cual está señalado con este espacio)

El interior es riquísimo en azulejos, distintos tipos de mármoles (parece que finalmente costó una fortuna y que Alejandro III no la vio terminada), con imágenes que constantemente evocan la vida de Jesús y, paralelamente, la de Alejandro II (“la sangre derramada…”)

La cúpula es bellísima, con el Cristo Pantocrator

para no hablar de la riqueza del altar.

SP está que explota de turistas y viajeros, ¡se siente en cada visita :(!

La salida de la iglesia da a unos jardines bellísimos, Mikhailovsky

El día estaba nublado, escasamente aparecía un rayo de sol y podríamos calificar el aire de más que fresco… ¡9°! ¡verano! Ay…

Caminamos hacia uno de los puentes sobre el Neva

para conocer nuestro nuevo destino: la Fortaleza de San Pedro y de San Pablo,

el lugar mismo donde comenzó todo: allí fue que Pedro el Grande puso la piedra fundacional. Entramos

sacamos un ticket combinado para las múltiples “atracciones” ahí en la isla y enseguida encontramos la Catedral:

Afuera y enfrente, una estatua de Pedro muy criticada, pero por alguna razón atractiva y muy fotografiada (¡era alto!):

La Catedral es famosa por albergar las tumbas de casi toda la dinastía Romanov; obviamente, la de Pedro I

la de Catalina II

y no tan obviamente las de Nicolás II y su familia (mujer, hijas, cocinero, médico, doncella). Sucede que todos ellos fueron ejecutados, rociados con ácido y enterrados en una fosa común de una casa en Ipatiev (Siberia) en 1918. Un joven jefe del partido comunista llamado Boris Yeltsin mandó demoler la casa… que no quedaran vestigios, que no se los convirtiera en mártires…  Vueltas de la vida… ya en el poder, en 1991, mandó buscar los cuerpos, ordenó pruebas científicas y, determinado que esos eran los restos, fueron enviados a San Petersburgo en 1998, recibidos con honores de Estado y salva de honor… Hoy yacen aquí en una capilla especial

y la Iglesia Ortodoxa los canonizó.

[Conocemos buena parte de estas historias gracias a Miguel Ángel Ciuro, que nos envió este link y con quien fuimos compartiendo parte de esta visita casi online…]

El recorrido en este enclave fundacional seguía con un museo interactivo muy interesante, que iba mostrando aspectos y momentos determinantes de la vida cotidiana en la SP imperial (excelente, salvo por algunos recorridos no traducidos).

Como muestra de la arquitectura, el urbanismo y la vivienda aparecieron… ¡las casas de inquilinato!

Después de este fascinante recorrido hicimos un tentempié en la plaza frente a la Catedral, para recuperar fuerzas y empezar el último tramo: la prisión o Bastión Trubetskoy, donde se encarcelaba a prisioneros y convictos de la época imperial,

y las huellas de presos famosos, como Máximo Gorki, Aleksandr Uliánov (hermano de Lenin), o León Trotsky

Nos despedimos de la isla

caminando hacia el otro puente

pasamos por la playa, en la que había una exposición relacionada con navegación y velas y mucha gente disfrutando de la tarde de sábado

Durante la caminata las vistas eran preciosas, más allá del nublado intermitente…

¡Muy animado!

Llegamos con el último resto de piernas a “nuestro barrio” alrededor de las 4.30pm, descansamos un rato en el departamento, comencé a escribir algo y cerca de las 6.30pm salimos a cenar “ruso”: unas tostadas con una mezcla de arenque, huevo duro y demases (delicia), varenikes de papa y hongos y blinis de hongos… ¡Estamos casi vegetarianos! La tostada era tan exquisita que repetimos. Felices por la opción en Yat Restaurante.

Antes habíamos preguntado por la estructura montada en la Plaza del Palacio: se trataba de un concierto electrónico organizado por una FM. Habíamos elegido el restaurante, entre otras cosas, por su cercanía, a apenas dos cuadras. A la salida, una multitud muy tranquila disfrutaba de esta música tan peculiar…

¡Al fin, San Petersburgo!

11 y 12 JUL 2019

San Petersburgo

[Empiezo a escribir esto el sábado 13 de julio… ayer murió Sabrina, nuestra perrita por más de 13 años, la compañera fiel de Lenin… Ya estaba muy viejita y seguramente sufriendo mucho, por lo que mejor así… solo que duele pensar que no la veremos más…]

Dos días atrás, el jueves 11, salimos de Vilnius en vuelo de AirBaltic (que hizo escala en Riga, donde tienen el hub) hacia San Petersburgo (en adelante, SP, como la identifican en mucho aquí), la gran ciudad imperial rusa.

El avión aterrizó puntualmente a las 7.50pm. Teníamos mucha ansiedad por conocer este país y estas ciudades. El aeropuerto de SP es muy lindo y muy moderno, sospechamos que por el Mundial de Fútbol 2018. Fue muy fácil entrar al país (sin visa los argentinos, a diferencia nada menos que la UE) y encontrar el camino hasta el bus 39 que nos llevaría hasta la estación de metro Moskovskaya (por suerte, las estaciones estaban señaladas en inglés, además del ruso y su endemoniado cirílico). Lo primero que debemos decir es que, a diferencia del estereotipo tan extendido, los rusos son amabilísimos. De hecho, cuando preguntamos a la cobradora en el bus por la parada, un señor nos hizo seña de que él iba hacia allá, así que lo seguimos hasta el ingreso de la estación de metro y nos indicó donde comprar los tickets.

Ya en el subte, teníamos carteles indicadores en inglés y altoparlantes que anunciaban las paradas.

Nos bajamos en Nevsky Prospekt, el centro neurálgico del barrio histórico, con esa imagen imponente de la Iglesia Kazan. Como nos quedábamos 4 noches, quise alquilar departamento, privilegiando la ubicación que, efectivamente, era insuperable, no podíamos estar en mejor lugar. En una línea larga de edificios imponentes no podíamos encontrar bien señalizada la altura de la calle Griboyedova… Es como que se nos cortaba y no aparecía, en medio de cantidad de boliches y comederos, la entrada del edificio. De nuevo, la amabilidad rusa: un mozo de un bar salió y se metió en un gran patio interno al que llegamos pasada una reja… era un laberinto o, más bien, un gran conventillo en el medio de la manzana… ¡Me habían advertido de los departamentos rusos! ¡Y no hice caso! El ingreso era ho-rri-ble… de no ser por la hora creo que lo hubiéramos pensado dos veces (ya eran pasadas las 9pm). El contacto nos estaba esperando. El departamento es un pañuelo de pequeño y apenas correcto, pero tiene todo lo indispensable, es limpio… y ya estaba. Consejo: no alquilar departamentos en Rusia o… ver muy bien. Las propias opiniones en booking.com pueden ser engañosas o no responder a las expectativas. Al día siguiente nos enteraríamos cómo es esta historia…

Nos acomodamos, fuimos al súper que está cruzando la calle posterior del complejo de departamentos, abierto 24/7, compramos lo indispensable (por ejemplo, agua), dejamos las cosas y salimos por la calle Griboyedova a buscar un lugar abierto para comer. Eran casi las 11pm… Encontramos una pizzería y un mozo entretenidísimo con el hecho de atender a “argentinos”. La verdad, nos alegró el rato.

Gran sorpresa cuando cerraron tras nosotros (11.30pm) y caminamos apenas 30m hasta nuestra esquina. La Iglesia Kazan iluminada es bellísima, y el barrio no puede ser más animado

Para el día siguiente (viernes 12), ya teníamos reservado el free tour en español desde Argentina. Esa misma noche en que llegamos Roslan se comunicó por WhatsApp mandándonos la ubicación del Monumento a Catalina II desde donde partiríamos (a apenas 800m de donde estamos parando)

Armamos un grupo de 10, todos españoles y nosotros. Ruslan vivió su adolescencia en Alicante, a raíz de la decisión de su padrastro de negarse a seguir pagando coimas para poder trabajar en el comercio que tenía. La mamá era profesora de literatura y su padre director de escuela. De hecho, ellos siguen en España.

Es un joven culto, inquieto, animado y habla perfecto español. Por suerte nos repartió unos auriculares, lo que facilitó escucharlo y seguirlo. Eran las 9am y caminaríamos hasta bien pasada las 12.30pm.

Comenzó riéndose de los estereotipos acerca de los rusos, de Putin, en verdad lo hizo muy divertido y, al propio tiempo, muy lleno de datos históricos y de relecturas de la historia rusa… diríamos que no tanto (o casi sin mención) de la época soviética. El denominador común de los relatos parece ser un profundo sentimiento nacional. Difícil compararlo, nos impacta muchísimo.

La dinastía Romanov se inició en el s. XVII pero tuvo su hora de gloria a partir de Pedro I, el Grande (1700-1725), quien admiraba Europa y quiso tener una capital con ese estilo. Estaba particularmente enamorado de Holanda, fue así que advirtió la importancia de una flota, de la salida al mar, recuperó el Báltico y pensó en esa vieja locación sueca para la ciudad que fundaría: San Petersburgo. Era un hombre muy alto (2,04m), muy inteligente y muy austero. Ruslan destacaba todo el tiempo el hecho de que se mezclara con el pueblo y que trabajara incluso a su lado, sin perjuicio de lo cual podía ser muy duro y despiadado (parecía decirnos: “con causa”). Él fue quien puso las bases de esta ciudad, con un estilo sobrio que se reflejaba en la arquitectura.

Su hija Isabel, en cambio, fue la “gastadora” (1740-1761), iniciando un período en las construcciones públicas muy barroco (por ejemplo, el Palacio Peterhof). No obstante su fama de dilapidadora, cabe reconocerle gran inteligencia: siendo mujer se mantuvo más de 20 años en el poder.

Luego de algunos incidentes llegó Catalina II, la Grande (1762-1796), una alemana casada con Pedro III (éste se enemistó con el ejército y “adoraba” todo lo alemán, o sea, todo lo asociado con el enemigo). Catalina fue brillante… Pedro murió finalmente en circunstancias muy raras o sospechosas y ella desarrolló una estrategia de alianza con el ejército y con la nobleza que la sostendría fuertemente en el poder. Catalina, sostenida por la nobleza, es lo que justamente viene a querer decir el monumento por el que arrancamos:

Fue una época de austeridad general, pero con riqueza en los detalles, que podríamos llamar “clasicismo”.

En la primera mitad del s. XIX ya vendría una fuerte influencia francesa, de la mano de Alejandro I, que venció a Napoleón pero no a su sortilegio.

Empezamos a recorrer la ciudad con muestras de una arquitectura grandiosa, cualquiera fuera el estilo. Por ejemplo, esta famosa casa de venta de delicatesen, una verdadera maravilla:

o el Teatro Alexandrinski, de la época isabelina

Fue aquí que Ruslan nos hizo reparar en este “pastel rosa”:

para llamarnos la atención de la maravilla de edificio que era, de lo absolutamente común que era ese tipo de edificación por cuadras y cuadras y cuadras, unos al de lado de los otros… ¿y qué eran? Pues eran edificios particulares, construidos por personas adineradas con afán de invertir y hacer rendir su dinero alquilando distintas partes del edificio. En la planta baja podía haber comercios, en las dos plantas siguientes destino de vivienda para sí mismo o para alquiler a personas de la nobleza (véanse las grandes ventanas, los balcones) y, en las plantas superiores, subdivididos en pequeños alojamientos, pequeñas habitaciones (véanse las muy pequeñas ventanas), en las que vivían desde personas menos adineradas, bohemios, y aun lo más bajo de la población. Un poco la realidad descripta por Dostoievski. Eso hizo que se mezclaran distintos estratos sociales, que eso fuera muy común y que, con el tiempo, el período soviético (nacionalización) y la vuelta de la propiedad privada, ahora sean… ¡departamentos!, en los que los lugares comunes son horrendos o venidos abajo y los departamentos pueden ser muy lindos o al menos aceptables (“En SP, lo de afuera es UNESCO, gobierno; lo de adentro comunitario es horrible; lo de adentro privado, depende”). Con Mario nos empezamos a reír… “¡estamos en uno de esos!”, dijimos. ¡Y no éramos los únicos!

Si alguien construye ahora, por ejemplo, como este edificio de 2004:

debe respetar las reglas (luce verdaderamente armonioso con el resto).

A cada rato íbamos parando y Ruslan nos vinculaba lugares con hechos históricos. Por ejemplo, Catalina hizo traer muchos gatos al palacio, porque guardaba muchas obras de arte y quería evitar que las ratas las comieran. Hoy el gato es un símbolo de SP, un animal venerado.

La avenida Nevsky Prospekt es el símbolo de la libertad religiosa que propiciaron los Romanov, particularmente Catalina. Eran muy abiertos, incluso ayudaban con la construcción de las iglesias. En esa calle conviven una iglesia armenia

una católica, asombrosamente despojada (hay pocos católicos en Rusia; las misas se dan en polaco, español e inglés, además del ruso)

otra luterana (a la que no le saqué foto); de lejos, la archi famosa Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada (sobre la que volveremos mañana)

y la Catedral de Nuestra Señora de Kazan, el edificio imponente que tenemos a apenas 30m de donde paramos, ortodoxa, muy parecida a San Pedro en Roma, dedicada a la victoria de Rusia sobre Napoleón.

Entramos a la iglesia durante un oficio religioso en el que no nos permitían sacar foto. Nos pasó igual que en Riga: quedamos impactados por el boato, los cánticos con esas bellas voces de bajo y el coro que acompaña, todas las personas paradas, los hombres “sacerdotes” yendo y viniendo por todo el templo… se ven muy religiosos, las mujeres con las cabezas tapadas, muchas personas asistiendo al culto. No hay bancos. Las misas pueden durar 2, 4, 8 ó 10 horas.

Más del 85% de los rusos son ortodoxos. La religión nunca se apagó del todo con el régimen soviético. La religión era el opio del pueblo, pero las personas que venían del anterior régimen mantuvieron el sentimiento religioso. De hecho, no estaba prohibido, pero era “riesgoso”, los fichaban. Los abuelos cuentan anécdotas de haber ido a misa al pueblo vecino para no ser reconocido y delatado.

Al igual que lo que nos contaron en los Países Bálticos, durante el régimen las iglesias tuvieron destinos insólitos: desde almacén de verduras, depósitos de todo tipo, facultades, piscinas, baños en los altares… hicieron de todo con la humillación. En una entrevista, Yuri Gagarin dio certezas de la inexistencia de Dios. Habiendo estado en el espacio, afirmó que “Dios no existe, ahí afuera solo hay oscuridad y estrellas frías, no hay nada, se los aseguro”.

Le preguntamos a Ruslan si Putin era religioso y nos contestó que “muy religioso”. De hecho, aparentemente hay todo un tema con la influencia actual (muy poderosa) de la jerarquía eclesiástica rusa en la vida civil. Es un tema que ha revivido (a Ruslan lo bautizaron a los 11 años, luego de la caída del régimen).

Seguimos avanzando por esa avenida y, ahí no más, el Palacio Strogonoff, ¡sí!, el del ¡lomo Strogonoff! Toda una historia de la dinastía más rica del s. XVIII, dueña del monopolio del hierro, y de su jerarca, un hombre que daba de comer a las personas que le pedían este archifamoso guiso.

SP tiene 5.300.000 habitantes oficialmente; en realidad, parece que 7.000.000, contando inmigrantes, indocumentados, el área de influencia.

El metro de SP es más profundo (85m) que el de Moscú, pero no tan bello en su conjunto. No es el más profundo del mundo (está en Kiev, 110m).

Seguimos caminando a través de esas avenidas espléndidas

con más casas de inquilinato (¡!)

el Hotel Astoria

el Ayuntamiento

y la alucinante Catedral de San Isaac…majestuosa:

Construida por Alejandro I (el mismo que ganó la batalla a Napoleón y que construyó Kazan), tiene con detalles increíbles

vestigios de los ataques de la II Guerra

En la I Guerra el sentimiento antialemán hizo que la ciudad pasara a llamarse Petrogrado, aunque por poco tiempo… en 1924 adoptaría el nombre de Leningrado (Lenin nació aquí en San Petersburgo). Cuando cae la URSS, un referéndum decidió la vuelta a la denominación de San Petersburgo por el 54% de los votos.

Ruslan dedicó largo rato a detalles horrorosos de la II Guerra… La abuela de su mujer sobrevivió al hambre, al frío y a otros espantos con apenas 11 años. Hay algo en Rusia que los hace atarse a esa época trágica y al orgullo de la resistencia. SP nunca cayó (sufrieron 782 días de sitio alemán, pero no se rindieron).

Continuamos caminando hasta el verdadero símbolo del Almirantazgo

y llegamos al río Neva, muy caudaloso, aunque de apenas 64km de largo. En SP está a solo 4km de desembocar en el Báltico. En la margen opuesta, en una isla, todo el complejo de academias, institutos, museos, creados por Pedro el Grande, con la prioridad en la cultura

La Plaza del Palacio es soberbia… (¡5.4ha! ¡más del doble que la Plaza Roja en Moscú!)

con su columna en homenaje a Alejandro I

y el no menos soberbio Palacio de Invierno del complejo Ermitage

(Haremos la visita a Ermitage el domingo, con Ruslan).

Terminamos el recorrido con una lección sobre cómo tomar el chupito de vodka: se brinda, se dice Paiéjali!, se expira el aire, se toma fondo blanco, se vuelve a expirar, y luego se respira por la nariz… ¡duro!, pero lo hicimos 😉

Arreglamos con Ruslan para anotarnos a la visita al Ermitage el domingo y salimos por nuestra cuenta a hacer la visita a la Catedral San Isaac… ¡junto con algunos ortodoxos!

Si el exterior es imponente, el interior no le va a la saga:

El trabajo en azulejos es, sencillamente, increíble. Parecen óleos…

Justo coincidimos con un casamiento

Nos aguantamos los más de 200 escalones, pero valía la pena…

¡Y qué vistas incomparables de la ciudad!

Ya estábamos muertos de hambre, así que cumplimos con la tradición de comernos unas típicas… ¿cómo se llamaban? ¿como las bolas de fraile, pero…? En fin, las donuts que se hacen de esta manera parece que desde 1958… ¡la cola era brutal! ¡son un éxito increíble!

Volvimos al departamento a las 4.30pm; debíamos prepararnos para el teatro… ¡con la ropa que no teníamos! ¡al menos en mi caso! ¡quedé ridícula de verano, de blanco, muerta de frío! En fin…

Teníamos entradas para La Bayadera, un clásico del ballet ruso, en el teatro más importante de SP, el Mariinsky. Debemos confesar que no somos fanáticos del ballet, ¡pero lo excelso se nota y se aprecia!

El teatro es precioso:

y hasta ahí pudimos sacar fotos. También en el entretiempo de los actos, para los aplausos:

celu

Lo cierto es que quedamos fas-ci-na-dos, especialmente con el tercer acto. Algunos datos para que ojalá recordemos de muy viejitos… la bajada del telón tipo screen, la imagen de la ensoñación, la salida de las bailarinas una por una, todas juntas ya en escena y la subida del telón… ¡qué cuadro inolvidable! (se puede ver la foto aquí).

¡Cuánto placer estético! Estábamos felices… tanto, que nos volvimos caminando, nos olvidamos de la hora, terminamos comprando algo de comida y llevándola al depto… cuando recibimos la noticia de Sabrina… De repente nos inundó la tristeza, pero así son las cosas…

Voy un día atrasada en el relato. Hoy sábado fue otro día espectacular. Espero ponerme al día.

A título anecdótico de Ruslan…

  • Todo el tiempo haciendo chistes sobre Moscú, lo fea que es, lo menos que es, lo mucho que la desprecian. Al contrario, SP es culta, grandiosa, señorial.
  • Durante la URSS había efectivamente igualdad, solo que existían varios niveles de igualdad.
  • Putin roba, y mucho, pero hace. A Ruslan le encanta (“… después de Yeltsin!”). Será un ladrón y un dictador, pero es el líder ruso que necesitan, necesitan del látigo (sic). Es habilísimo; con Chechenia hizo lo mismo que hizo Catalina, los chechenos lo aman.

Último día en Vilnius…

11 JUL 2019

Vilnius – San Petersburgo

¡Qué grandes experiencias son los free tours! No fallan… al menos aquí, los principios del libre mercado aplican. Estos muchachos dan lo mejor de sí para ganarse una buena propina y para el turista es una oportunidad única de pasar entre 2 y 3 horas entretenidas, instructivas, interesantes…

Teníamos apenas la mañana en Vilnius y sí que la aprovechamos de la mano de Ieva, una lituana rubia y altísima. El grupo era bien heterogéneo: españoles, griegos, estadounidenses, ingleses, italianos, ¡y nosotros!

Ielva nos dio un resumen ultra apretado de la línea del tiempo lituano, desde su “aparición” en la historia de occidente en el s. XIII hasta nuestros días, con varios puntos en común con el resto de los Países Bálticos y una singularidad definitoria: la vinculación con Polonia, que los convertiría en mayoritariamente católicos y les generaría una relación un tanto difícil con ese país.

Actualmente, Lituania es el país más grande en población (alrededor de 3 millones de habitantes) y territorio de entre los Bálticos. Su geografía es muy llana, con campos y bosques. Vilnius tiene 750.000 habitantes (bastante menos que Riga, que pasa largamente el millón).

Durante los s. XIV y XV se extendían en un gran territorio, desde el Báltico hasta el Mar Negro. En el s. XVI, un casamiento entre príncipes provocó la unión con Polonia, formando un Commonwealth que, de a poco, fue trasladando el poder a las fuerzas polacas y convirtiendo a Vilnius, incluso, en la capital “de Polonia”.

Para el s. XIX la zona se repartió en rusos, austríacos y prusianos, y Lituania cayó bajo el dominio ruso, con una muy difícil relación y pertenencia.

En 1918 declararon su independencia (fueron los primeros en la región), pero la libertad duraría muy poco: sucesivamente cayeron bajo manos soviéticas / nazis / soviéticas durante los episodios de la II Guerra.

Hoy gozan apenas de 29 años de vida independiente; en 2004 ingresaron a la UE.

En el momento de su fundación, en el s. XIV, Vilnius ya apostó al multiculturalismo: era una ciudad abierta, en la que coexistían el barrio ruso, judío, polaco y alemán. La ciudad todavía tiene vestigios de todos ellos, más allá de los avatares históricos.

En la Avenida “Alemana” se pueden constatar estas huellas: casas pintadas de colores pastel pero que revisten los originarios ladrillos rojos de la época de la fundación; espacios abiertos para el paso de los tanques soviéticos crearon la propia avenida y, de la otra “mano”, la “horrible” (según Ieva) arquitectura soviética, con “forma de vagones de tren”… “que les hacen recordar los viajes a Siberia…”

Ciertamente, no tienen ningún buen recuerdo de la II Guerra: el 40% de los edificios fue destruido por los bombardeos y las ejecuciones masivas de judíos (95%) momento y hoy día hay apenas unos 3000 judíos lituanos. Existe la decisión de restaurar algunos espacios y pensarlos como centros culturales o de la memoria, como esta antigua sinagoga convertida en jardín de infantes por los soviéticos:

Algo que se puede apreciar en el casco antiguo es el “patio interior”; prácticamente todos los edificios lo tienen y pueden tener algunas referencias históricas.

Ieva aprovechó éste para hablar de religión: fueron originariamente un pueblo muy pagano, con una conversión al cristianismo y, sobre todo, al catolicismo muy resistida en los comienzos (comparten con los demás Países Bálticos el haber sido los últimos de Europa en ser evangelizados). Parece que finalmente el casamiento con la princesa polaca y los monjes lo lograron, primero, gracias a “dádivas” a cambio del bautismo; luego, lo más efectivo: educación (monasterios y escuelas católicas). En 200 años la población había dejado el paganismo. Hoy, el 70% es católica (aunque no estrictamente “practicante”, salvo los mayores); el 3% ortodoxos rusos.

Pero… ¿cuál es la segunda “religión” para los lituanos? ¡El basketball! Parece que son muy buenos en ese deporte; de hecho han ganado algunos títulos importantísimos y, sobre todo, en los juegos de Barcelona de 1992 le ganaron el tercer puesto a Rusia… eso fue una gesta nacional. Hay una película que da cuenta, The other dream team.

Hay unas 60 iglesias en Vilnius, 30 de las cuales están en la ciudad antigua. En el s. XIV, con la construcción de la ciudad, cada uno de los credos pujó por construir su iglesia, para no hablar del símbolo de estatus que significaba esa construcción para muchas familias católicas. La mayoría de los arquitectos fueron italianos.

Durante la dominación de la Rusia imperial se transformaron en iglesias ortodoxas y durante la URSS… ¡en una variedad insólita de destinos! Depósitos de vodka, museos de ateísmo (con críticas a la Inquisición y otras perversiones de la religión), salones de exhibición de todo tipo (cine, arte, propaganda), ¡y hasta un estadio de basket dentro de una iglesia!).

A esta iglesia agustina la alquilan para antenas de telefonía celular para recaudar dinero. Hoy está regenteada por un cura “buenmocísimo”, “cool”, joven y alegre, que está atrayendo inusitadamente a la juventud a la iglesia a través del arte, de la música, de visitas guiadas, etc. Una rareza, una “iglesia alternativa”, según Ieva.

Cruzamos por una calle interna y llegamos al puente de ingreso a la República de Uzupis, que significa “detrás del río” y que efectivamente estaba fuera de las murallas de la ciudad originaria.

Este lugar tuvo épocas de “zona roja”, y durante el régimen soviético se usó para alojar a las tropas.

En los ’80 se levantó la Academia de Ciencias en la cercanía y fue así que profesores, estudiantes, la “bohemia” empezó a apropiarse del lugar. Hoy es la Vilnius hippie.

Para 1997 la comunidad era tan grande y fuerte y se estaban divirtiendo tanto que decidieron declarar su “independencia” un 1° de abril (día de los santos inocentes por estas latitudes). Así es que, desde entonces, tienen presidente, gabinete de ministros, leyes. El ministro de RR.EE. atiende… ¡en un pub! Y da credenciales de “embajador” de cualquier cosa a personas de “otros países”. Ieva tiene en su tarjeta el cartel de Ambassador to the Uzupis Republik; es “embajadora de las rubias altas” 😉

Mario recargó “energía” en el símbolo de UR, una mano que capta energía y de la que se cae el vil dinero.

Sacamos foto al dios del turismo: Jesus Backpacker

UR se convirtió en uno de los lugares más caros de la ciudad. Muchos de los dueños-hippies están vendiendo aquí por fortunas y mudándose al nuevo lugar cool: los alrededores de la estación de trenes, sede de la movida actual.

La Constitución de UR fue redactada en dos horas… y es hilarante: “Todos tienen derecho a morir, pero no la obligación”

Un Angel Gabriel (portador de un gran porro) fue levantado en un lugar estratégico y tiene fama de obrar milagros.

Este bebedero público sirve cerveza gratis los 1° de abril de cada año

Hablando de lo cual… el alcoholismo es un gran problema en Lituania. Está prohibido beber en la calle (¡aunque la multa es de € 10 apenas!), los supermercados dejan de vender alcohol a las 8pm y en domingos a las 3pm, etc. Tienen gran orgullo de su cerveza artesanal.

Ya en los límites de UR está la Plaza del Tíbet

cuya independencia defienden. El Dalai Lama estuvo 4 veces en Lituania.

Después de pasar por las bellas iglesias de St Anne’s y de St. Bernardine’s

(ver más fotos de ayer)

subimos por una callecita preciosa, que no habíamos advertido el día anterior: la calle de la Literatura,

dedicada a los escritores y poetas lituanos…

¡… entre quienes aparece nuestro amado y admirado JLB! Ieva dijo que tenía ascendientes lituanos y luego habló de la raíz sánscrita del idioma… ¿será?

Esta imagen representa a los críticos literarios… 😉

Vilnius es un lugar especialmente elegido por las grandes productoras como set de filmación. De hecho, Chernobyll fue filmada prácticamente toda aquí. Otra, War &… (no me acuerdo qué), también. Están esperando el estreno de una serie sobre Catalina la Grande, también filmada aquí. Están felices con eso.

En realidad, en los tres países nos dio toda la sensación de que están felices de “pertenecer”… a la UE, a Occidente, a la OMC, a la NATO… no escuchamos una sola voz crítica. A lo sumo, hay que mejorar, hay que integrar el interior del país…

Están contentos con su economía y esperan crecer. El salario mínimo es de € 350 después de impuestos (lo que permite apenas sobrevivir); el promedio en Vilnius es de € 1000. Tienen un gran problema en la emigración de jóvenes, que empezó con la crisis de 2008/2009: pasaron de 3,5 millones de habitantes a 2,8 millones. Esto se estaría revertiendo por el clima de inversiones, buen ambiente para IT y star ups (¡envidian a los estonios y compiten con ellos!).

Aman a la presidenta que termina su mandato hoy, cinturón negro de karate, dos mandatos de 5 años. Mañana asume el nuevo, una especie de Macron lituano y por eso las disposiciones del acto y de seguridad en las calles.

La bandera fue creada en 1918 y es amarilla por un nuevo amanecer, verde por los bosques y campos que caracterizan al país y roja por la sangre derramada para lograr la libertad. También recuerdan la bandera anterior, aquella del país que iba del Mar Báltico al Mar Negro

El tour terminó en la Plaza de la Catedral. Francisco I (o nuestro Jorge Bergoglio) estuvo aquí el año pasado, sitio de grandes eventos y concentraciones populares.

Volvimos rápidamente al hotel (nos dejaban un breve late check-out), pedimos el Uber (€ 5,36) y aquí estoy, en el aeropuerto de Vilnius, escribiendo esta inolvidable experiencia mientras hacemos tiempo para el vuelo a San Petersburgo…

Se viene la Gran Rusia. Solo un adelanto… estamos parando frente a este monumento increíble, la Catedral de Kazan…